SOBRE EL BIENESTAR INTEGRAL

El bienestar es un estado que no tiene requisitos previos, no tiene condiciones. Es un estado en el que cualquiera de nosotros en este mismo instante podría entrar, porque no se necesita nada. Llevamos puesto todo lo que haría falta para estar bien. Nos sobran incluso cosas de las que llevamos encima, y lo que ocurre es que este bienestar integral es la consecuencia de una decisión, de una decisión profunda. Para mí esa decisión marca un cambio.

 

La decisión de bienestar integral

Es una decisión que se toma por amor hacia uno mismo. Consiste en decidir que voy a seguir estando mal, y sin embargo ese malestar lo voy a utilizar para aprender y evitar repetirlo.  Tengo los mecanismos del malestar profundamente grabados, los he aprendido y entrenado a lo largo de mi vida. Sin embargo decido que no estoy mal por genética ni por estupidez, sino por ignorancia, porque no sé hacerlo mejor. Y entonces a partir de esa decisión de bienestar, resuelvo que de ahora en adelante me voy a seguir equivocando para aprender a dejar de equivocarme. Voy a seguir poniéndome mal para dejar de estar mal, no para seguir manteniéndome mal.

 

A esa decisión de bienestar integral la llamo suicidio o ponerse chulo, puesto que arriesgo la forma de vida habitual. Consiste en que si de verdad hay un dios sádico que quiere mi mal y mi sufrimiento porque se alimenta de sufrimiento, pues que me lo aplique del todo. Entonces, no estoy dispuesto a seguir goteando sufrimiento, me niego a seguir de rodillas. Es una confrontación a esos supuestos dioses sádicos. El reto es “si existes, mátame”, y si no desaparece.

 

Se puede hacer por cualquier camino, todos los caminos son válidos, lo importante es desear y decidir. Cuando digo desear no es con la boca pequeña: “quiero dejar de fumar, quiero perder peso…”. No es quiero, es deseo profundamente y decido, y cuando decido puedo tardar más o tardar menos pero lo consigo, porque esta decisión me lleva hacia el objetivo.

 

El error como fuente de aprendizaje

No puedo negar el malestar, es un compañero de toda mi vida. El malestar es un avisador de lo inadecuado. Entonces me decido, por un acto de amor hacia mí, a usar esa experimentación para aprender. Igual que hice con el dolor físico, cuando de pequeñito me quemada y me cortaba, no sufría para conseguir nada, sólo tenía dolor para avisarme de que me estaba equivocando. Y gracias a esto ahora casi no me daño físicamente.

 

A nivel emocional pasa lo mismo, decido que voy a utilizar mi experimentación para aprender. Y a partir de ahí me acerco al bienestar como estado. No es un estado definitivo, estoy entrando y saliendo del bienestar, y por tanto cada vez me voy instalando más en él. Se me va dando mejor eso de estar bien.

 

El bienestar integral es un proceso

No es algo mágico, ni muchísimo menos, es un camino en otra dirección distinta. Ya no es “hago esfuerzo para dejar de estar mal”, es hago esfuerzos por estar mejor. La decisión puede ser una decisión puntual o puede ser una decisión mantenida. Cada vez que hacemos una actividad nueva corremos un riesgo, nos sentimos atraído por el objetivo de bienestar que esperamos que esté ahí.

 

El bienestar hacia los otros

Cuando un ser querido, un ser próximo, está sufriendo y no sé qué hacer para ayudarle, lo que he aprendido es a sufrir con él. “Te acompaño en el sentimiento”, que es la mayor aberración que puede hacer un ser humano. Lo que nosotros podemos intentar es que cuando un ser querido sufre, en vez de ponerme en su lugar, me mantengo en el bienestar, y desde el bienestar tiro de su propio malestar para que salga de ahí, porque desde mi bienestar tengo máxima eficacia. Desde mi sufrimiento y dolor no tengo eficacia alguna, lo único que puedo compartir es basura, es dolor.

 

Si te encuentras bien, ayudas a que los otros encuentren su propio bienestar, el sentido de su propia vida. Ya no es una vida de hacer, de trabajar, es una vida más de disfrutar. Y probablemente muchas personas no saben disfrutar porque no se lo han permitido de toda su vida, o muy poquito. Si a ti te ven disfrutando les vas a servir de ejemplo.

 

A mí me gusta decir que nuestros hijos no vienen para que los eduquemos, sino para que podamos aprender de ellos. Para mostrarnos nuevas formas de gozo, por qué camino podemos ir nosotros detrás de ellos para aumentar nuestro disfrute. Si les enseñas por donde ir y ellos encuentran ese camino te van a servir de guía, para cuando llegues donde están ellos. Y esto es un proceso que a mí me parece muy bonito.

 

MIEDO A ALCANZAR EL BIENESTAR INTEGRAL

Digo miedo al bienestar integral porque el bienestar es algo desconocido, e instalarse en él es un riesgo. Hasta ahora reconozco siete tipos de miedo al bienestar. Estos miedos cambian, se modifican en el tiempo y con el desarrollo del ser humano.

 

Esta clasificación constituye una herramienta de aproximación a la realidad que sólo pretende ayudarnos a que nos descubramos. Nos puede servir como guía para explorar cuales de estos tipos de miedo tenemos más arraigados, reconociendo sus manifestaciones más frecuentes en uno mismo y en los demás.

 

  • Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.
  • Miedo a que se manifiesten mi maldad y mi falta de valía.
  • “Si estoy bien algo malo va a pasar”.
  • El malestar evita problemas y dificultades mayores.
  • Miedo a la responsabilidad.
  • El sufrimiento es fuente de energía y motivación.
  • El sufrimiento como «moneda de cambio».

 

Todos estos tipos de miedo al bienestar son absurdos; unos por supersticiosos, los otros porque la evidencia y nuestra experiencia demuestran su falsedad, aunque los llevemos con nosotros desde hace mucho tiempo y nos cueste deshacernos de ellos.

 

Tanto aquellos tipos de miedo al bienestar que nos parecen adecuados (los tenemos incorporados como parte de nuestra dotación de ideas preconcebidas, heredadas o adquiridas y ya forman parte de nuestras creencias de base) como los que nos producen un profundo rechazo (nos conmueven internamente y la sola idea de que sean ciertos nos desestabiliza y ofende) suelen ser los que ejercemos de manera menos consciente.

 

Nos seguimos considerando débiles, vulnerables, inútiles, culpables, frágiles, dependientes… y lo hacemos para protegernos y para que los demás nos amparen, para no hacernos responsables de nuestra vida. Nos creemos niños-victimas, sin decidirnos a crecer, nos justificamos de forma continua, intentamos hacer “méritos” para que nos “den” la felicidad. Esperamos el milagro.

 

Llevamos toda la vida sufriendo para obtener algunos beneficios secundarios y llevamos toda la vida utilizando el sufrimiento como una manera de compraventa. La medida de este sufrimiento para lograr algún beneficio lo llamo el “doloriente”: “mira cuánto sufro, mira que malito estoy”. Lo vamos haciendo y repitiendo periódicamente.

 

EL BIENESTAR INTEGRAL ESTÁ A TU ALCANZE

Todavía no conozco una persona que haya decidido de verdad el bienestar y no lo haya conseguido. El bienestar integral no es el nirvana; es estar bien, es estar habitualmente bien. Lo que predomina ya no es el sistema nervioso simpático –el de la supervivencia-, ya no es todo por seguir vivo. Es todo por estar bien.

 

Si lo entendemos es porque todos tenemos ese conocimiento, todos sabemos que el bienestar está ahí y que está a nuestro alcance, aunque estemos aterrados de esta posibilidad. Cuando alguien se atreve a acercarse a técnicas de relajación, a técnicas de meditación, a una psicoterapia o a cualquier forma de mejoría, ya está empezando este proceso de búsqueda.

 

Se puede utilizar cualquier tipo de herramienta para la mejoría. Por supuesto la gente puede llegar al bienestar integral sin saber nada de psicoterapeutas, porque el conocimiento lo llevamos dentro. Lo fundamental es aprender a escucharme, escuchar todo esto que llevo dentro y que está continuamente dándome información. No necesito saber ni leer ni escribir, y puedo alcanzar unos niveles de bienestar muy elevados.

 

Si me permito experimentar para aprender, acabo acertando. Cada ser humano ha hecho un diseño distinto de su cerebro. Entonces, cada cerebro tiene una estrategia distinta para llegar al objetivo. No hay regla fija ni general. Hace falta una serie de elementos, la decisión basada en la energía más poderosa que es el amor a uno mismo o en el respeto si no tengo amor, y el atrevimiento. “La vida es demasiado corta como para andar desperdiciándola en sufrimiento inútil”.

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