ANSIEDAD, TRISTEZA Y ENFADO SON NUESTROS ALIADOS

Las emociones avisan de lo adecuado o inadecuado de los pensamientos, y en vez de ser molestas o inútiles, pueden llegar a ser una herramienta valiosa de aviso, nuestras más fieles colaboradoras y amigas.

 

La mejor forma de comprobarlo es la auto-observación de las emociones, aprendiendo a notarlas de una forma diferente a la habitual, no como sujeto pasivo de ellas, sino como observador de un proceso muy rápido que pasa desapercibido y que tiene como origen el pensamiento.

 

EL DOLOR FÍSICO

En el cuerpo tenemos un sistema de aviso muy importante, el dolor físico, que nos señala cuando nos equivocamos en algo, aunque sea de forma involuntaria y no consciente.

 

Por ejemplo, si me quemo o me pincho, me duele, no porque haya querido quemarme o hacerme daño, sino para avisarme que me estoy equivocando. El dolor es un aviso interno frente a la agresión que nos permite defendernos de su origen. Es imprescindible para la vida, no podríamos vivir sin él.

 

EL DOLOR EMOCIONAL

De la misma manera que el dolor físico nos avisa en el cuerpo, el “dolor emocional”, las emociones desagradables, funcionan como un avisador mental cuando cometemos un error con nuestro pensamiento, al pensar algo inadecuado o de forma incorrecta.

 

Del mismo modo que no deseo el dolor físico, tampoco deseo ni busco el dolor emocional, angustia, tristeza o enfado, pero si tengo pensamientos inadecuados, aunque sea sin darme cuenta, automáticamente, me “duele” una emoción para avisarme.

 

MI EMOCIÓN DEPENDE DE MI INTERPRETACIÓN

Cuando percibo un acontecimiento, lo interpreto de manera más o menos automática, comparándolo con toda mi experiencia pasada que me dice si es bueno o malo, peligroso o inofensivo, útil o inútil, etc. Si estoy dormido o anestesiado no me produce ninguna emoción, tengo que “enterarme”, es decir, valorar, interpretar o pensar y a partir de ahí origino las emociones en mi cuerpo.

 

Si mí pensamiento sobre el acontecimiento es agradable (alegre o de seguridad) la emoción también lo será (alegría, tranquilidad). Pero si mí pensamiento es desagradable (pérdida, peligro, injusticia) la emoción lo será igualmente (tristeza, angustia, enfado).

 

Esa emoción se manifiesta en el cuerpo, dando lugar a expresiones internas (cambios viscerales) y externas (gestos y posturas) que los demás pueden percibir y que uno también nota, pues continuamente nos estamos observando.

 

LA ANSIEDAD

Para tener una explicación completa de lo que es ansiedad te invito a leer mi artículo “Ansiedad y miedo: Qué son y sus consecuencias – Cómo nos afectamos con ellas. En él tendrás una explicación muy completa.

 

LA TRISTEZA

Con la tristeza te cuentas una pérdida. Esa tristeza, según nuestro criterio, te advierte, desde tu parte más sabia, de que lo estás pensando de forma inadecuada. Por ejemplo, si estás anticipando un futuro que no ha ocurrido, estás sufriendo por anticipado: pagar el sufrimiento a plazos. Sufro hoy, mañana y pasado, y así, si ocurre el suceso temido tengo el sufrimiento pagado. Sabemos que es muy estúpido, pero lo hacemos así, todos con bastante frecuencia.

 

Entonces, tu parte más sabia, te advierte por un lado de que estás anticipando un futuro catastrofista, cuando podrías utilizar tu pensamiento con un sentido beneficioso. Por ejemplo, si tu madre está enferma y quieres su bienestar, ¡no pienses que se vaya a morir! Piensa que se vaya a currar.

 

El arte de vivir es el arte de saber contárselo

Por ahí van algunas  de las cosas que te dice tu parte sabia, por ejemplo que cuando pienses en tu madre, piensa lo que deseas en lugar de lo que temes. Recuerda lo que realmente quieres. Que no es fácil, ya lo sabemos.

 

Por otro lado, probablemente lo que te dice tu parte sabia es que eso que llamas pérdida, es sólo una parte de la realidad. Estás mirando la parte negra que sería: ya no voy a tener ese objeto, por ejemplo, mi coche. Y esa es una parte de la realidad, y te sientes mal cuando la piensas. Pero la realidad tiene otra parte, y es que si lo echas de menos es porque lo has tenido. También podría pensar en ese tiempo lo he tenido, lo que he disfrutado con ello, y recordar ese disfrute. Y en ese caso me sentiría bien.

 

Entonces la tristeza se puede aprender a manejar. No es fácil porque tenemos una educación en contrario, que nos lleva  a hacer pensamientos catastrofistas sobre las cosas, y a mirar siempre lo que falta, lo que cuesta, lo que no… Es cuestión de un entrenamiento en este sentido.

 

En la tristeza nos situamos a descansar

Mi teoría es que cuando estamos ya hartos de huir o de pelear, y entonces nos refugiamos en la tristeza, es para descansar un poco y recuperar fuerzas. Es un sitio amable, uno se pone un poquito triste para estar morriñoso y permitirse la pausa.

 

Y de ahí se sale, de la tristeza se sale siempre. A menos que uno decida fabricarse la casa en la tristeza, y hay algunas personas que lo hacen. Pero la tristeza se resuelve sola, con el tiempo. Si trabajamos con este proceso, aprovechamos el conocimiento que surge a través de la tristeza, y así no va a hacer falta repetirla con tanta frecuencia en el futuro.

 

Conviene trabajar con la tristeza, no para eliminarla sino para conocerla, para saber lo que me está transmitiendo. Para acogerla como la aliada que es. En el abandono de actividades de la tristeza tus sistemas se recargan.

 

EL ENFADO

El enfado es la emoción más difícil de manejar. Es la emoción mejor tolerada socialmente, mejor justificada, la más rápida, la que más energía aporta, la que más justifica todo lo que hagamos, la “santa indignación”. Es una emoción enormemente dañina para uno mismo.

 

Tengo el enfado tan “mamado”, tan aprendido desde la más tierna infancia, que lo veo muy complicado poder  desprenderme del él. Y como creo que no voy a poder aunque lo sigo intentando, lo puedo aminorar, pero entonces voy a seguir teniendo tristeza y angustia.

 

El enfado está por debajo de la ansiedad y de la tristeza

Cuando la gente viene a pedirme ayuda, viene a mi consulta por angustia y por tristeza. Cuando se van desmontando la angustia y la tristeza, va aflorando el enfado que estaba debajo. El enfado es la última emoción en resolverse. No quiere decir que una vez aminorada la angustia y la tristeza ya no tenga más angustia y tristeza.

 

Para mí la raíz de nuestro sufrimiento está en el origen del enfado, en qué sigo creyendo que existe la maldad, la injusticia y la culpa. Cuando me entristezco y, a través de nuestras técnicas, elimino el concepto de pérdida, debajo sigue estando el concepto de injusticia, de que no hay derecho a que yo pierda lo que tengo.

 

Esas tres emociones, ansiedad, tristeza y enfado, están relacionadas. De forma que cuando me angustio, esa angustia no es pura. Es una angustia-enfado. Es decir, tengo ansiedad y un poco de enfado debajo. Puedo resolver la ansiedad, y sigue quedando esa pequeña parte de enfado.

 

Entonces lo que nos dice la experiencia es que cuando una persona en una psicoterapia aminora la tristeza o la angustia por las que acudió a buscar ayuda, es muy frecuente el “oye, y ahora me estoy enfadando, me dicen que estoy insoportable, es que me enfado con todo”. Porque realmente, la angustia y la tristeza estaban tapando al enfado que estaba debajo y que está mezclado con todo. Por ello, trabajar con el enfado es algo que podemos hacer cuando antes hemos aprendido a conocer y a escuchar a la angustia y la tristeza.

 

El enfado quema nuestra energía

Lo que hace el enfado es quemar mucha energía, y así me quedo sin fuerza. Por eso después del enfado, con mucha frecuencia, se entra en tristeza, porque agoto mi energía, en el enfado se acaba la energía que ya tenía. Y se debe a que el enfado moviliza muchísima energía, teniendo en cuenta que es la respuesta de lucha frente a la amenaza, la primera elección para salvar la vida.

 

El enfado se lleva desde la más antigua historia

Esos más de seis mil años que tenemos de historia están plagados de lo mismo. Con nuestro enfado jamás hemos resuelto nada. Todo lo que hemos hecho han sido cambios para seguir igual y sufrir. Enfadarse, lo llevamos haciendo toda la existencia de la humanidad, y no ha servido para cambiar nada.

 

Es mentira que con enfado vayamos a conseguir cambios. Con el enfado podemos guillotinar a alguien, pero la situación sigue exactamente igual. Por ejemplo la Revolución Francesa no cambio absolutamente nada, porque no había nada que cambiar en el exterior. El problema no está fuera sino dentro, el problema es tu pensamiento.

 

El enfado en nuestro sistema social actual

Algunas de las personas que vienen a verme consideran que los políticos son malas personas, pero no lo son. Son exactamente igual que nosotros, tienen los mismos intereses que nosotros. No hay malos, hay ignorantes que no saben lo que están haciendo, creen beneficiarse cuando se perjudican.

 

Haciendo referencia al esquema de los tipos de egoísmo  (ver artículo El desarrollo en el egoísmo del ser humano (desde el egoísmo al amor)) podríamos encuadrarlo en el egoísmo ladrón. Es como matar a la gallina de los huevos de oro, es un egoísmo aberrante, una forma de egoísmo tonto porque estas personas están totalmente convencidas de que lo que hacen es lo adecuado para la población. Están absolutamente seguros en su ignorancia, de que lo que están haciendo es lo correcto.

 

Todos están persuadidos de que lo hacen magníficamente bien. Todos creen que tienen “la razón”, no hay ninguna duda porque cuando se benefician es por el bien general. Es una justa compensación por el maravilloso esfuerzo que están haciendo por esta población.

 

No hay maldad, no hay maltrato, no hay injusticia. Están haciendo lo que creen que es mejor para ellos, y no entienden nada de lo que pasa, no entienden que el pueblo se queje. Desde que nacimos como grupos estamos viendo prácticamente lo mismo, todos los sistemas de gobierno tienen la misma idea. Los políticos saben perfectamente lo que están haciendo, con un interés muy claro. Beneficios personales, pero lo hacen para nuestro bien.

 

¿Entonces qué pasa? Cuando mejoran como individuos, dejan la política. Son personas con los mismos problemas que nosotros, exactamente igual de equivocados e igual de enfadados. Con tu enfado estás jugando su juego. Cuanto más te enfadas y cuanto más se enfada la población en general, más van a poder hacer lo que les viene en gana. La solución no se da en la calle a gritos, se da en el interior, porque “la revolución es la evolución”.

 

Cuando un ser humano crece, deja de ser manipulable, y eso es lo que más teme el político: que no pueda manipular. Cuando estás por encima de su manipulación y ves donde duele de verdad entonces empiezas a tener poder. Tu enfado solo te perjudica a ti y abona el negocio que tienen, y te lo dice tu Ser Sabio. Nuestro sufrimiento no va a resolver nada de fuera porque no llega al exterior.

 

EL DOLOR ES EL PRECIO QUE PAGAS POR EL CONOCIMIENTO

Como seres humanos que somos, estamos destinados de alguna manera a seguir equivocándonos indefinidamente. Mientras estemos vivos nos vamos a seguir equivocando con nuestro pensamiento. Vamos a seguir teniendo pensamientos de peligro o de amenaza y de pérdida. Y todo esto está sustentado por los pensamientos de maltrato, de trato injusto hacia uno mismo.

 

El dolor es el aviso del error. Si no escuchas a tu dolor te condenas a repetir indefinidamente los mismos errores. El dolor es el precio que pagas por el conocimiento. Entonces, ¡llévate el conocimiento que has pagado. No te lo dejes olvidado!

 

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