La mayoría de las personas que acuden a mi consulta lo hacen porque tienen problemas emocionales, fundamentalmente trastornos de ansiedad. Pero ¿Qué es eso de la ansiedad?

 

Tiene muchos nombres diferentes: estrés, ansiedad, angustia… puede aparecer como manifestaciones corporales desagradables, manifestaciones fóbicas, obsesiones, problemas en las relaciones de pareja o de amistad, laborales…

 

DEFINICIÓN DE ANSIEDAD

Primero quiero definir qué es exactamente ansiedad, porque no tenemos una definición concreta. Cuando pregunto a mis pacientes qué es eso de la ansiedad que tanto les molesta, la mayoría no sabe contestar. No saben qué es exactamente la ansiedad.

 

Hay cientos de definiciones de la ansiedad, pero la que a mí más me gusta es la que daban los médicos antiguos: “Ansiedad es el miedo sin objeto”. El miedo, como respuesta biológica de supervivencia de los mamíferos, lo tenemos como todos los demás seres vivos, frente a una amenaza,  un ataque o a un depredador.

 

Estos médicos sabían que ansiedad y miedo son la misma respuesta del organismo, pero se diferencian en que en el miedo hay una amenaza, un peligro real y proporcionado que lo desencadena, mientras que aunque en la ansiedad la respuesta corporal es la misma, en ésta última no existe esa amenaza externa, sino que se desencadena ante un peligro imaginario.

Ansiedad y miedo

 

Para poder entonces entender qué es ansiedad, tendríamos que plantearnos qué es el miedo.

 

EL MIEDO COMO RESPUESTA PRIMITIVA DE SUPERVIVENCIA

Vamos a volver en el pasado a hace unos cuantos millones de años. Desde el punto de vista de la biología, el miedo es la respuesta de supervivencia de los mamíferos. Quiero especificar de los mamíferos, porque realmente los reptiles tienen una respuesta un poco más primitiva.

 

Cuando un reptil se encuentra ante un enemigo o ante un depredador, entonces lo que hace es que evalúa las capacidades de ese adversario, la compara con las suyas y toma una decisión, que es bastante fácil porque solamente hay dos o tres respuestas para salvar la vida.

 

Las fundamentales son luchar o huir. Pero es imprescindible para la supervivencia elegir cuál es la elección adecuada. Esa evaluación, esta comparación, requiere una inversión de tiempo. Cuando el reptil toma la decisión, entonces ejecuta la acción: o lucha o huye.

 

Los mamíferos aparecemos sobre el planeta tierra hace aproximadamente doscientos millones de años. Y entonces aportamos al planeta una nueva forma, un nuevo concepto de supervivencia: el miedo mamífero.

 

Es exactamente igual que el reptil (evaluamos al adversario, lo comparamos con nuestras propias capacidades, tomamos la decisión y la ejecutamos), la diferencia está en que en el mamífero, mientras estamos evaluando y comparando, el cuerpo de una forma automática ya se está preparando, de manera que en el momento en que el mamífero toma la decisión de luchar o huir la puede ejecutar inmediatamente.

 

Esa fracción de segundo que diferencia la reacción del reptil de la del mamífero implica que el adversario te haya comido o que hayas conseguido salir corriendo y escapar.

 

Definición de miedo

Entonces volvemos a nuestra definición del miedo.

¿Qué es? Es una respuesta básica de supervivencia.

¿En qué consiste? Cuando un mamífero tiene miedo, pone en marcha  todo su organismo. Lo mismo ocurre con la ansiedad.

¿Y en qué se diferencia el miedo de la ansiedad? Recuerda lo que decían los médicos antiguos: la ansiedad es el miedo sin objeto.

 

El miedo en los seres humanos

Hace unos 2 millones de años, aparecieron los seres humanos, los cuales somos unos seres muy peculiares porque biológicamente hablando no tenemos “de nada”, es decir: no tenemos garras, ni dientes, ni fuerza, ni velocidad…

 

Entonces ¿Cómo se explica que nosotros, sin tener nada para poder superar todas estas dificultades de convivencia con los animales, estemos superpoblando la tierra? Pues porque el ser humano aporta al planeta una nueva capacidad: la de pensar, la imaginación, la fantasía. Con una peculiaridad y es que los humanos no sabemos distinguir entre el peligro real y el peligro imaginario.

 

Para un humano, tan real es el peligro percibido a través de los sentidos, como el que imaginamos con nuestro pensamiento. Es decir, la característica fundamental de los seres humanos en este sentido es que nuestro cuerpo no distingue entre lo real y lo imaginario.

 

Por eso a mí me gusta llamar a la ansiedad “miedo con objeto interno, o con objeto imaginario”. Es decir, el peligro existe, la amenaza sí que existe. Lo que ocurre es que no está fuera, sino dentro.

 

¿QUÉ ES LO QUE TIENEN EN COMÚN MIEDO Y ANSIEDAD? 

Toda la respuesta corporal. Frente a una amenaza real o frente a una amenaza imaginaria, el estímulo es el mismo, el cuerpo responde intentando salvar la vida. Para eso lo que hace el cuerpo es que se divide en 2 grandes bloques.

 

Un bloque es el de las partes del cuerpo encargadas de salvar la vida. ¿Cómo se salva la vida?  Luchando o huyendo.

 

Y esas 2 funciones en el organismo del ser humano, se cubren gracias a los grandes músculos del tronco y las extremidades. Es decir, luchamos con los mismos músculos con los que huimos. Por tanto, lo primero que ocurre es que se activa todo lo que tiene que ver con alimentar, mantener o aumentar la función muscular, mientras que lo que no es muscular, disminuye su función.

 

LAS REPERCUSIONES FÍSICAS DEL MIEDO EN EL SER HUMANO

miedo y ansiedad: repercusiones físicas, lo que aumenta

 

Vamos a utilizar un ejemplo. Mientras estoy paseando por el campo, tranquilo, haciendo la digestión, disfrutando del paseo, me encuentro a un enemigo, por ejemplo un toro:

 

  1. Los grandes músculos del tronco y las extremidades se tensan, y se adopta la postura única de luchar o huir.
  2. Por eso se redistribuye la sangre por mi organismo para centrarse en alimentar a mis grandes músculos.
  3. Lo primero que ocurre entonces es que me quedo pálido, ya que mi sangre se escapa de mi piel.
  4. Los pequeños músculos quedan sin control. Por ejemplo nos pueden temblar las manos. Estos pequeños músculos no son importantes para salvar la vida, y quedan fuera de control.
  5. Aumenta así la tensión muscular y para ello todo lo que tiene que dar de comer a estos músculos aumenta también su función. Con lo que aumenta la frecuencia cardiaca, es decir, el corazón late más deprisa.
  6. Aumenta también la frecuencia respiratoria, para que la sangre llegue con más oxígeno a los músculos. No sólo llega más cantidad de sangre, sino que además llega más oxigenada.
  7. Por tanto aumenta también la tensión arterial. Así la sangre llega con más fuerza a los músculos.
  8. Hay otra característica y es que las pupilas se dilatan. Esto sucede para tener una visión más amplia, de manera que si tenemos que salir corriendo, podamos percibir los espacios más alejados. Por este motivo cuando sentimos ansiedad no vemos bien de cerca.
  9. Se produce sudoración, con la  función fundamental de eliminar el excesivo calor que se va a producir en la huida o en la lucha. Se produce más sudor, pero sobretodo en las palmas de las manos y las axilas. Porque esa sudoración tiene otra función importante para la supervivencia: al tener los brazos resbaladizos, si llegamos cuerpo a cuerpo es menos fácil que nos bloqueen ya que si nos consiguen agarrar se resbalarían gracias a esa hiperproducción de sudor.
  10. Otra de las funciones que se ponen en marcha es que el pelo se eriza.
  11. También se puede producir diarrea, y se puede tener ganas continuas de orinar. ¿Y qué tiene que ver con la supervivencia? La eliminación de las heces y de la orina es la forma más rápida que tenemos de aligerar el peso corporal, para correr más deprisa o estar más ágiles. (De ahí viene el dicho popular “cagarse de miedo”).
  12. Aumenta también el azúcar en sangre, se producen gases, aumenta el factor de coagulación y aumenta el colesterol, porque si en la lucha se producen lesiones en la piel o en los nervios, es muy importante que duren lo menos posible porque eso sería una pérdida de energía muy importante.

 

Todo esto se produce porque se ha estimulado la función de una parte del sistema nervioso vegetativo, que es el Sistema Nervioso Simpático. Se ha producido una descarga de adrenalina y cortisol. De esta forma, todo lo que no tiene que ver con “alimentar” a los grandes músculos o salvar la vida se enlentece o se para.

 

LOS EFECTOS FISIOLÓGICOS DEL MIEDO

En nuestra biología, el miedo y la ansiedad son la misma cosa. ¿Y eso a qué se debe? a que cuando percibo una amenaza o la imagino, en mi corteza cerebral se produce un impulso, que baja a lo que llamamos los núcleos de la base, la parte mamífera del cerebro.

 

Los efectos fisiológicos del miedo

 

Y ahí, ese impulso de supervivencia se divide en 2 bloques, en 2 partes importantes:

  • Una, a través de la vía sanguínea: estimula a las glándulas de secreción interna (tiroides, paratiroides, suprarrenales, páncreas, ovarios, testículos…) y son estimuladas o frenadas desde la hipófisis. La hipófisis es una glandulita que tenemos detrás del entrecejo, que es la que estimula ese cerebro mamífero, el hipotálamo.
  • Vía nerviosa: a través del sistema nervioso vegetativo (que tiene una rama parasimpática y una rama simpática), se estimulan otra vez las glándulas de secreción interna y todos los órganos del cuerpo.

 

Hay dos sistemas nerviosos en el organismo

  • Hay una parte del sistema nervioso que es la que utilizamos para movernos, hablar, desplazarnos: lo que utilizamos voluntariamente: el sistema nervioso voluntario.
  • El sistema nervioso vegetativo es la parte del sistema nervioso encargada de la vida vegetativa. Es la parte que se encarga de hacer en nosotros lo que no hacemos de forma voluntaria: la digestión, la respiración, el crecimiento del pelo, la cicatrización de las heridas… todo eso es lo que constituye la vida vegetativa. Tiene dos ramas:
    • El sistema nervioso simpático que es el encargado de la supervivencia.
    • El sistema nervioso parasimpático es el encargado de estabilizar todo aquello que el simpático desequilibró.

 

Entonces, cuando nos sentimos amenazados, se produce desde el cerebro una estimulación del sistema nervioso simpático, el cual estimula de nuevo todas las glándulas de secreción interna y todas las vísceras. Todo lo que tiene que ver con dar de comer a los grandes músculos se pone a funcionar de forma acelerada, para salvar la vida (la frecuencia cardiaca, frecuencia respiratoria…)

 

Cuando ha pasado  la amenaza, esa estimulación del simpático no se puede quedar ahí. Le toca el turno al Sistema Nervioso Parasimpático que se activa para equilibrar la balanza: es el sistema de la relajación, de la distensión, del volver a la normalidad.

 

En el ejemplo que poníamos, si me encuentro un toro, se me dispara el Sistema Nervioso Simpático, produciéndose así una descarga de adrenalina y de cortisol. Y cuando ha pasado el peligro, es decir cuando ya he conseguido salvar la vida corriendo más deprisa que el toro y saltándome la tapia sin poner las manos, cuando estoy del otro lado de la tapia me digo “¡ufff, qué susto me ha dado!” Y ahí empieza el parasimpático a equilibrar todas esas funciones.

 

Así, el cuerpo se ha dividido en 2 bloques: lo muscular y todo lo que es sustento de lo muscular (aumenta su función ante un peligro estimulado por el Sistema Nervioso Simpático), y lo que no es muscular (cuya función se deprime, se enlentece o se para).

 

¿Qué pasa con lo que no es muscular?

miedo y ansiedad: repercusiones físicas, lo que baja

  1. La primera respuesta es que la digestión, el aparato digestivo, se lentifica o se para. Evidentemente, con un toro delante, no estoy para comerme un bocadillo.
  2. La boca se queda seca.
  3. Se produce una alteración del sueño: con un depredador o un enemigo delante no me voy a quedar dormido.
  4. La sexualidad disminuye. Disminuye la apetencia y el disfrute sexual, y por lo mismo: con un toro delante no estoy para hacer niños.
  5. El sistema inmunitario se deprime, porque en ese momento no me importa ocuparme de los virus, las bacterias o los microorganismos infecciosos.
  6. Disminuye la resistencia eléctrica de la piel. La dificultad que nosotros ofrecemos a la penetración a través de la piel de los gérmenes también disminuye. Por eso cuando estamos en situación de estrés o de ansiedad, nos pueden salir calenturas, o son más frecuentes las afecciones en la piel.
  7. Disminuye todo lo que no es fundamental para salvar la vida, y entre ellas, unas funciones que son muy importantes para nosotros los humanos, que son las funciones intelectuales, de manera que cuando estamos en ansiedad, quedan disminuidas o abolidas:
    • La memoria.
    • La atención.
    • La comprensión.
    • La creatividad.
    • La interiorización.

 

LOS SABIOS / FLOJOS Y LOS FUERTES / TONTOS

Cuando cuento todo esto en mis cursos, me gusta decir que al estar en estimulación del sistema nervioso simpático, nos convertimos en los fuertes/tontos, porque salvar la vida es una cuestión de fuerza y de velocidad, no de inteligencia.

 

Cuando por el contrario ya ha pasado la amenaza, cuando estamos ejerciendo técnicas por ejemplo de relajación, o de meditación, estamos en estimulación del sistema nervioso parasimpático, y entonces nos convertimos en los sabios/flojos: no estamos para hacer grandes esfuerzos musculares, pero sí para hacer procesos a nivel intelectual de mucha intensidad y envergadura.

 

Podemos comprender mucho mejor cuando estamos en relajación. Éste es el motivo por el que, entre nuestras herramientas de trabajo contamos con una Técnica de Relajación como uno de los pilares fundamentales en nuestra búsqueda hacia el bienestar.

 

S.N.Simpático y S.N.Parasimpático

 

ANSIEDAD: EL PELIGRO IMAGINARIO

El miedo pone en marcha todo el organismo, todas las funciones viscerales, con la finalidad de salvar la vida. Cuando la amenaza el real, nos dedicamos a luchar o a huir.

 

¿Pero cuando es imaginaria? Pues el problema es que nos quedamos con todo ese movimiento visceral, el corazón latiendo fuerte, la respiración acelerada… pálidos, temblorosos y sudorosos. Y no sabemos por qué. ¿Qué nos está pasando?

 

Esto es lo que conocemos como “crisis de ansiedad”, o “ataque de pánico”. Esto sería lo brusco. Pero luego, hay otra forma de ansiedad. La mayoría de las personas que vienen a verme (yo diría un 95%), acuden por esta otra forma de ansiedad, que llamamos trastornos de ansiedad generalizada.

 

¿En qué consiste? Es lo mismo que la ansiedad aguda, pero de menor intensidad. Es decir no tenemos el toro delante, pero nos imaginamos un peligro. Y no es un peligro inmediato (no me va a atacar el toro), es un peligro a un corto plazo: “¿Y si me despiden? ¿Y si no encuentro trabajo?»…

 

Entonces, no se produce una respuesta tan intensa, es una respuesta modulada, a lo mejor un 10% hasta un 20% de la otra respuesta, pero está mantenida en el tiempo. Ese mantenimiento en el tiempo tiene otras consecuencias.

 

LA TRISTEZA: UN MECANISMO DEFENSIVO

La primera es que se agota nuestra energía, y entramos en otro proceso defensivo, que se llama tristeza. Cuando mantenemos una ansiedad durante días, semanas, meses, incluso años, como ocurre con cierta frecuencia, nuestras reservas de energía se agotan, y nos entristecemos.

 

La tristeza es un mecanismo que intenta evitar que quememos toda nuestra energía. Entonces, estoy ansioso, me agoto, me entristezco, y en esta tristeza, lentifico mis actividades, incluso dejo de realizar algunas de estas actividades. No tengo ganas de hacer nada, me voy a mi casa, me meto en mi habitación, cierro las persianas y me refugio en la cama, que es lo único que me apetece. Que me den de baja en el mundo.

 

¡Y recupero energía! Lo que ocurre es que la gasto en nueva ansiedad, y así entramos en un proceso ondulante, que los psiquiatras denominamos trastorno mixto ansioso-depresivo. Para mí, es simplemente la consecuencia de una ansiedad mantenida en el tiempo.

 

De todos estos procesos, crisis de ansiedad o ataque de pánico, trastornos de ansiedad generalizada, trastornos depresivos, trastornos mixtos, fobias, es de los que nos vamos a ocupar en nuestros cursos de «Guía hacia el Bienestar«.

 

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