LAS CREENCIAS DAÑINAS

¿Temes que te hagan daño, quedarte solo, perder todo lo que tienes? Estos y otros son pensamientos paralizantes que te impiden ser feliz. ¡Destiérralos de tu mente!

 

Ana está convencida de ser la mejor vendedora de su empresa. Ricardo, sin embargo, no consigue que nadie entre en su tienda. ¿Es que Ana tiene una varita mágica para hechizar a los clientes y Ricardo es una persona carente de atractivos? Seguro que no.

 

Más bien, el éxito de una y el fracaso del otro están condicionados por la imagen que tienen de sí mismos. En otras palabras: Ana potencia lo mejor de su carácter, mientras Ricardo se queda atascado en sus miedos.

 

Nuestra vida se rige por creencias. Éstas pueden definirse como “los filtros a través de los cuales vemos el mundo”. Podemos ver la vida de color de rosa o verlo todo negro, ya que todos adaptamos nuestra realidad a las creencias que tenemos para hacerla encajar con ellas.

 

IMPIDE QUE TE DIRIJAN COMO A UN MUÑECO

Sabes lo que quieres y qué hacer para conseguirlo pero, a la hora de la verdad, parece que una fuerza irracional te lo impidiera. ¿Qué ocurre? Los estereotipos que te han inculcado desde la infancia te están poniendo la zancadilla. Te contamos cómo liberarte.

 

¿Alguna vez te sientes paralizado, atrapado sin poder cumplir tus objetivos, tus sueños? ¿Tienes claro el paso que debes dar en tu vida pero algo irracional dentro de ti te lo impide? Es muy probable que las creencias erróneas sobre quién eres te mantengan atrapado.

 

En este artículo queremos mostrarte qué son, de dónde proceden, cuáles son sus consecuencias y cómo puedes modificarlas, para que sientas el bienestar que desde hace tiempo estás buscando.

 

¿Qué son?

Las creencias son un conjunto de representaciones internas de la realidad que actúan como filtros colocados delante de nuestros sentidos. A través de ellas percibimos lo que sentimos, estructuramos nuestro modelo del mundo y configuramos nuestra vida.

 

Algunas son fuente de recursos, estimulan a la acción y nos ayudan a conseguir nuestros objetivos. Otras son paralizantes y nos frenan, dificultando o impiden que avancemos. La prueba está en que, si nos creemos capaces de lograr un objetivo, lo conseguiremos; si no, será muy difícil. Puedes leer más sobre las creencias en nuestro artículo «Creencias que Dañan. Creencias que Sanan» – Pienso según creo»

 

Cómo las adquirimos

La mayoría de nuestras creencias proceden de la infancia: en esa etapa se arraigaron firmemente en nuestra mente porque carecíamos de criterio personal. Necesitábamos una brújula interior para no perdernos en el inmenso mundo de las realidades infantiles.

 

Las asimilamos enteras y las aceptamos como propias sin cuestionarlas, y así permanecen desde entonces, implantadas por la autoridad de los adultos en forma de convicciones personales.

 

¿Has revisado las tuyas?

Muchas veces no somos conscientes de tener una creencia distorsionada porque… ¡la llevamos puesta! Por eso es tan importante el autoconocimiento: revisar nuestro pasado, la educación recibida, los modelos imitados…

 

Según crecemos, debemos ir adaptando nuestras ideas fijas a nuestra nueva realidad: sometiéndolas a un juicio crítico y adulto, para no ir chocando con el mundo y creyendo que es éste el que choca contra nosotros. Las ideas fijas te llevan a repetir conductas que te perjudican y te esclavizan.

 

A continuación vamos a ver las cuatro creencias erróneas que más paralizan nuestro desarrollo personal. ¡Ojo con ellas!

 

LAS CREENCIAS DAÑINAS BÁSICAS

1°- “Si me dejan solo, me muero” Rechazo, abandono y miedo a la soledad.

 

La causa

Todos, al nacer, fuimos seres indefensos y dependientes sin capacidad de sobrevivir por nosotros mismos. La necesidad de atención, aceptación, compañía y cuidados, fueron vitales para nuestra supervivencia en el mundo. Por tanto, esta creencia tiene una base real; el problema surge cuando, llegada la madurez, la seguimos manteniendo.

 

La consecuencia

Esta creencia perjudica nuestras relaciones al hacernos adultos, nos hace caer en dependencias y en apegos nocivos para nuestra salud emocional. Si nos obsesionamos con tener compañía y atención a toda costa, puede que tengamos que pagar un precio demasiado alto: el de nuestro bienestar personal y nuestra autoestima.

 

Cómo desactivarla

Las demás personas son importantes para ti, pero debes convencerte de que de ellas depende sólo una parte de tu disfrute personal; del resto, sólo tú eres responsable. Aprende a disfrutar de ti mismo: puede que ahora no seas capaz de pasar una tarde solo en casa, que pienses que vas a aburrirte, que te pondrás triste…afronta poco a poco la ansiedad que te produce la soledad y entretente con cosas que te gusten: lee, cocina, escribe…dedícate a conocerte y a agradarte a ti mismo.

 

Recuerda que si te sientes mal, los demás pueden ayudarte, pero la solución a tus problemas sólo la tienes tú.

 

2°- “El mundo es peligroso” – Vulnerabilidad y debilidad

 

La causa

En la base de esta creencia se encuentra la siguiente idea: “el mundo exterior está lleno de peligros. Debo mantenerme junto a mis padres porque soy frágil, débil y vulnerable”.

 

La consecuencia

Ya de adultos, esta creencia nos impulsa a buscar seguridad y protección a toda costa. Nos hace mantenernos anclados a lo conocido, temer el cambio, no arriesgar.

 

Consecuencia: nos perdemos muchas experiencias de la vida, nos aislamos y dificultamos nuestro crecimiento personal, pues nuestro inconsciente ha grabado que lo desconocido puede dañarnos. Esta creencia es el origen de fobias, ataques de pánico y diversos tipos de ansiedad y angustia.

 

Cómo desactivarla

Cierto, no somos invulnerables, tenemos unos límites físicos pero ¿en realidad son tan estrechos? Plantéate cuántas veces a lo largo de tu vida has sentido un peligro inminente y en cuántas de esas situaciones el peligro era real.

 

Piensa que esas llamadas de alarma quizá sólo las produce tu mente. Y, ante situaciones de peligro real, debes darte cuenta de que en realidad tienes mucha más capacidad emocional de la que creías. De ahí el dicho: “Que no se me dé todo lo que soy capaz de aguantar”.

 

3°- “No valgo lo suficiente” Falta de cualidades y capacidades

 

La causa

De niños nos costaba aprender, y en ese aprendizaje a veces acertábamos y a veces cometíamos errores. Y nuestra mente infantil, que observaba la eficacia de ese adulto educador que todo lo hacía bien, iba grabando una idea: “no sé hacerlo, no valgo”.

 

Especialmente cuando ese educador no comprendía que la ignorancia, la confusión y la escasez de habilidades son propias de la infancia, y que nunca se deben castigar con abandono o falta de amor.

 

La consecuencia

Los registros de pensamientos dañinos “no soy importante”, “soy un fracaso”, “todo lo hago mal”… son causas frecuente de angustia y ocasionan sensación de ridículo, vergüenza, tristeza, depresión y enfado.

 

También tienen como consecuencia una baja autoestima, pues su origen y su error está en considerar la valía personal según lo que dicen los demás, según lo que se hace o se posee. Están en el origen del complejo de inferioridad, la timidez o el menosprecio, la falta de respeto y la sensación de insignificancia, problemas basados en el temor a que los demás noten nuestra falta de valía.

 

Cómo desactivarla

Aprende lo que es la valía por ser; el valor lo tenemos como seres humanos. Por haber nacido, ya lo tienes. Empieza a darte cuenta de que es permanente. No confundas tus logros con tu valía personal y tus fallos con la falta de la misma.

 

Recuerda

No necesitas ser perfecto para vivir, sino vivir para seguir intentando alcanzar ese objetivo que retrasas por miedo a fallar. Haz un inventario de aquellas cualidades en las que sabes que destacas, y elige el lugar, trabajo o relaciones en las que puedas practicarlas y demostrarte lo mucho que vales.

 

4°- “Soy una mala persona” – sentimientos de culpa y maldad

 

La causa

De niño podíamos romper nuestro mejor juguete sólo para satisfacer nuestra curiosidad, o despertar a papá poniéndonos a cantar a grito limpio la última canción que aprendimos en el cole, o ensuciar toda la casa para hacerle a mamá un dibujo especial. Entonces nuestra madre o padre nos decía: “¡Niño, eres malo, eres tonto, eres sucio, eres un desastre…!” y en nuestra ingenuidad, algunos lo creímos.

 

La consecuencia

Soy culpable porque, siendo libre, hago cosas incorrectas por maldad, y merezco un castigo”. Esta creencia es el origen de la culpa, o bien del pensamiento de venganza, cuando creemos que el trato que nos dan no es merecido. Ocasiona el sentimiento de injusticia, de enfado y de revancha.

 

Cómo desactivarla

La creencia de maldad es la más peligrosa de todas porque, según te crees, así piensas; y, según piensas, así actúas. Retrocede en el tiempo y explora tus frustraciones infantiles: allí encontrarás la causa. Para recuperar tus sentimientos de bondad, lo mejor es que empieces a trabajar ya tu propia autoestima.

 

CÓMO DESMONTAR UNA CREENCIA DAÑINA

  • Remóntate a la causa
  • Observa que aquel niño que fuiste ya ha crecido y es una persona completamente autónoma
  • Trabaja con esta idea mentalmente y siente tu poder
  • Rechaza las dependencias y apegos convenciéndote de tu autonomía
  • Rodéate de esas personas que te hacen crecer
  • Alégrate y disfruta por ser la persona que ya eres

 

PENSAMIENTOS QUE DUELEN

Todo el trabajo de introspección que una persona puede hacer por sí sola o en terapia nos conduce al final a estas cuatro ideas, que se articulan en torno a un miedo aún más profundo: el miedo a la muerte. No sólo a la muerte física, sino también a la pérdida del yo: encontraríamos aquí el miedo al amor, a la locura, al supuesto vacío tras la muerte física, a la idea de la condena eterna.

 

Gran parte de nuestro sufrimiento deriva de tres emociones primarias que están causadas por pensamientos erróneos, y éstos proceden de las Creencias Dañinas Básicas. Estas emociones son la angustia, el enfado y la tristeza. Y ¿Qué pensamientos nos la provocan? Pensamientos de peligro, injusticia y pérdida que ¡son falsos!

 

Angustia

Cómo surge: por peligros imaginarios que perturban la mente y ponen al cuerpo en guardia, como si se preparara para huir o luchar. Respiración agitada, inquietud, estado de alerta.

 

Así se supera: Cuando surge un peligro real, el organismo se olvida del miedo y se concentra en afrontarlo. De nada sirve machacarse con preocupaciones y hacer conjeturas antes de que ocurran las cosas. Hay que ocuparse de ellas cuando llegan.

 

Enfado

Cómo surge: me enfado cuando creo que me tratan inadecuadamente, si pienso que alguien es injusto conmigo y me hace daño a propósito.

 

Así se supera: si no existe la maldad, ¿cómo puede haber injusticia? Lo que sí existen son actos dañinos, pero tampoco tienen por qué afectarte: lo que a unos les duele, a otros les deja indiferentes, de modo que tú decides si te dejas ofender o no. Otra cosa es la justicia social, que cambia según los tiempos y la historia.

 

Tristeza

Cómo surge: si pienso que he perdido un objeto o una persona (me han robado el coche o me ha dejado mi pareja) aparece la tristeza, que nos sume en un estado de inactividad mental.

 

Así se supera: sufres porque crees que has perdido algo que era tuyo, cuando lo cierto es que no te pertenecía. Por lo tanto, no pierdes algo, sino que dejas de disfrutarlo. Nada es eterno ni imprescindible, así que no tiene sentido aferrarse en exceso.

 

¡QUE NO TE PARALICEN!

Es muy difícil que una persona se enfrente a sus miedos más profundos así como así, puesto que las creencias en las que se basan son los pilares de su personalidad.

 

Por ejemplo, Teresa está atemorizada por la idea de perder su trabajo. Le produce tanta angustia que no puede deducir inmediatamente que la razón profunda es que no confía en su valía, o que teme que morirá de hambre y soledad si deja de tener su nómina en el banco al final del mes.

 

Lo que Teresa puede hacer es detenerse a desmenuzar la situación: es muy posible que descubra que lo que la paraliza de miedo son sus propias fantasías sobre un futuro catastrófico, que ha creado gracias a esas creencias que tiene tan interiorizadas.

 

Tal vez su primer jefe no confió en ella, o cuando era pequeña tuvo una profesora que le repitió que no servía para nada. Una vez que lo reconozca, Teresa lo tiene más fácil: se trata de que ponga en duda sus miedos y se enfrente poco a poco a ellos, hasta descubrir que es más fuerte de lo que cree, que puede plantarlas cara.

 

LAS CRISIS SON OPORTUNIDADES PARA CRECER

Una creencia no es, en principio, ni cierta ni falsa. Por mucho que estemos convencidos de su certeza, necesita la experiencia para ser probada y, si es necesario, modificada. Por eso, cuando sobreviene una crisis, es posible que pongamos en duda nuestras creencias más profundas y arraigadas y aprendamos que pueden estar limitándonos.

 

Elvira se quedó viuda a los 55 y creyó que no podría vivir sin su marido. El mundo se le vino encima. Sin embargo, dos años después había aprendido a llevar sus finanzas y estaba rodeada de un cálido grupo de amigos viudos como ella.

 

Creció al aprender que su creencia (“yo no sé vivir sola”) era sólo un pensamiento atemorizador que nunca había contrastado con la realidad. Así, lo ideal sería tener un sistema de creencias flotantes. Creer, pero no del todo, sabiendo que lo que vivimos nos puede hacer cambiar lo que pensamos.

 

CONTRA EL MIEDO A LA MUERTE: ¡DISFRUTA DE LA VIDA!

La muerte es el mayor tabú en nuestra sociedad: no se habla de ello, pero está muy presente. Le tenemos mucho miedo, pero no nos damos cuenta de una cosa: a lo que realmente tememos es a la fantasía de la muerte, no al hecho en sí, porque no sabemos lo que sentiremos en ese momento.

 

¿Cómo combatir el miedo a algo que es inevitable?

Pues, precisamente, buscando el sentido de la vida. Una forma de hacerlo es potenciar tu satisfacción con tu entorno, y en especial con tus afectos: el amor a ti mismo, a tu familia, a tu pareja, a tus amigos…quien consigue conquistar el amor universal, sale del círculo vicioso de las creencias dañinas. Comparte la generosidad, la bondad genuina, que queda en la memoria y se transmite a las generaciones futuras.

 

Estamos preparados para dos vidas: hay una primera que está regida por los criterios sociales, la supervivencia, el miedo, la ansiedad. Y a partir de los veinticinco o treinta años, ya tenemos la capacidad de pasar a una segunda existencia regida por la búsqueda de la satisfacción, la autorrealización, el disfrute.

 

Dar el salto de una a otra supone tener coraje para poner en duda nuestras creencias limitadoras y prescindir de muchos apegos. ¿Cómo hacerlo? Confiando en que estamos bien hechos y en que todo lo que nos ocurre o lo que provocamos es para mejorar, para progresar como personas. Y aprendiendo las lecciones para cambiar aquello que nos hace sufrir y nos estanca.

 

¿CÓMO VENCER TUS TEMORES?

Quizás no sabes exactamente cuáles son tus miedos, esos que están impidiendo que despliegues todo tu potencial. Estos ejercicios te ayudarán a identificarlos… ¡y a vencerlos!

 

Lleva un cuaderno donde registres tus emociones y pensamientos

Divídelo en cuatro columnas y apunta en las tres primeras, respectivamente: el día y la hora en que surge el malestar, la emoción que sientes y el pensamiento que la ha provocado. En la última columna, trata de encontrar una forma más sana de hablarte o piensa en una actividad que pueda hacerte sentir mejor.

 

Corta los pensamientos venenosos

Cuando no puedas controlarlos y te estén obsesionando, di ¡basta!; y distrae tu mente con tareas como encadenar palabras, hacer operaciones matemáticas o enumerar la filmografía de tu actor favorito.

 

Trabaja con tus creencias

Intenta poner en duda, con la experiencia, las que te producen dolor, y disfruta de las saludables (piensa que eres una persona autosuficiente, válida, que busca satisfacción).

 

Medita, relájate, reflexiona en silencio y escucha tu voz interior

Allí, en el fondo de tu persona, están muchas de las respuestas que buscamos, sólo que fuera suele haber demasiado ruido para escucharlas.

 

Cuestiona las creencias que te hacen daño

Confrontándolas directamente con la realidad. Por ejemplo, si piensas cosas como “si nadie me acompaña, me da algo”, atrévete a quedarte completamente solo unos días. Tal vez lo pases un poco mal; pero ¿de verdad crees que enloquecerás?

 

Coge lápiz y papel y haz el siguiente ejercicio. Además de ser divertido, los resultados te darán una pista sobre cuáles son tus miedos más profundos: imagina que te raptan en plena noche y apareces, a la mañana siguiente, solo y desnudo en un lugar desconocido. ¿Qué harías para lograr sobrevivir?

 

Cuestiona las creencias que te hacen daño y disfruta de las saludables: ¡demuestra lo que vales!

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