LA CULPA ¿QUÉ ES?

La culpa

Hay dos formas de la culpa, culpabilidad e inculpación, es decir cuando yo culpo a otro o cuando me culpo a mí. No podemos resolver la culpa en los otros, sólo la podemos resolver en nosotros. Esto porque solamente me puedo conocer a mí, no puedo conocer la intención de los demás.

 

Entonces lo que sugiero es dejar la culpa de los otros quieta y centrarnos en nuestras propias culpas. Eso lo que llamo el mapa del M.I.C: Maldad – Injusticia – Culpa, que son la misma idea.

 

Maldad e injusticia

La maldad supone creer que estamos mal hechos, que somos defectuosos, seres malos por naturaleza o por elección, perversos respecto a nosotros mismos o a los demás. Es el origen de la culpa en uno mismo (el dañino sentimiento de culpabilidad) y de la inculpación hacia los otros. “Somos y son culpables porque siendo libres hacemos cosas incorrectas por maldad, solo por hacer daño”.

 

También se encuentra en la base de la idea de injusticia “me tratan de forma inmerecida e injusta, porque son malos” y causa, sobre todo, la emoción del enfado. La injusticia y la culpa son derivados de la idea de que hay gente mala. Entonces, maldad, injusticia y culpa se manifiestan continuamente en nuestra vida.

 

LA CULPA IMPIDE EL APRENDIZAJE

La culpa es uno de los mecanismos que nos impide la «retroinformación» y por tanto el aprendizaje, es como intentar lanzar canastas con los ojos vendados. Si intento aprender a lanzar canastas con los ojos vendados eso va a ser imposible, no puedo aprender porque me falta la retroinformación, no puedo adecuar mi acción al resultado que quiero.

 

Por ejemplo lanzo la pelota y me cae fuera, se me ha ido a la derecha porque “ha venido una ráfaga de viento”, “alguien ha abierto la puerta en el gimnasio” o «es que han hecho un ruido y me han distraído”. De esa manera no aprendo, porque estoy culpando a los demás.

 

O  también podría estar culpándome a mí mismo: «he fallado porque soy un manazas”, “es que esto no se me da bien” o “Desde pequeñito a mí esto de las pelotas no me funciona«. Me culpo, y entonces al impedir la retroinformación me impide el aprendizaje y así llevo toda mi vida sin dejarme aprender.

 

No tenemos consciencia de estos procesos y necesitamos eso que llamamos error para poder aprender, para obtener resultados diferentes.

 

¿CÓMO RESOLVER LA CULPA?

Soluciones para resolver la culpa

Dejar de culparse a sí mismo

Lo primero por hacer cuando realizamos un trabajo de mejoría es tener mucho cuidado de no culparnos. Porque un error habitual es que cuando intento reasumir mi participación lo que hago es culparme, es decir, «no es mi jefe el que me enfada, es que soy tonto«. El primer error que solemos cometer es que culpo o me culpo, o culpo al otro o me culpo a mí.

 

Buscar sus propias culpas

Todos hemos realizado algún acto considerado como «malo» por nosotros o por los demás. Te propongo que busques en ti mismo, en tu pasado, alguna experiencia que consideres fue de maldad o que los otros así te lo hicieron sentir. Lo más terrible de tu vida, la mayor perversidad, de la que quizás aún te consideres culpable y sufras al recordarlo. Puedes comprobar si en realidad fue por maldad o sólo una expresión de egoísmo o ignorancia, para obtener satisfacción o por falta de conocimiento de otras posibilidades mejores.

 

Cambiar el sufrimiento por el amor

Pensamos que el sufrimiento que pagamos es para un supuesto bien mayor. Cuando sufrimos lo hacemos para conseguir algo que no sabemos conseguir de otra manera. El trabajo que planteo es que salgamos de ese criterio, que es el de la “cultura del sufrimiento” según el cual si sufro mucho voy a conseguir que se resuelva la situación de fuera y de dentro.

 

El nuevo criterio que quiero implementar es que si empiezo a ser un poco más consciente del amor por mí, ahí encuentro una mayor motivación para el cambio. No es por acumulación de sufrimiento sino por acumulación de amor, amor hacia mí. Con confianza, con respeto y con conocimiento de mí. El trabajo es hacia dentro, nunca hacia fuera.  No puedo resolver mi conflicto interior haciendo cambios fuera.

 

Responsabilizarse de sus decisiones

No soy pasivo ante los sucesos, los sucesos no me ocurren. De una manera yo los tomo, los hago míos. Entonces, eso que está ocurriendo tiene un aspecto blanco y un aspecto negro. Si lo escojo es en base a este aspecto blanco. Es decir, estoy eligiendo coger lo mejor, es lo mejor que me puede ocurrir porque si hubiera otra cosa mejor, según mi experiencia previa, me iría por ella.

 

Lo que planteo es que somos como miopes en el tiempo. Estamos continuamente intentando adivinar el futuro. Nos encantaría tener el poder de adivinación, pero no lo tenemos. No sabemos si las cosas son buenas o no hasta que no haya pasado el tiempo.

 

Entonces teniendo en cuenta que somos cortos de vista respecto al futuro, tenemos dos posibilidades que son:

  • Amargarnos, y estar como la hoja que lleva el viento (Que ocurre lo blanco: que bien. Que ocurre lo negro: que mal).
  • Plantearnos “¿Y si realmente fuera para mi bien?”, que no es sólo porque sea para mi bien sino porque además yo puedo hacerlo beneficioso.

 

Aprender a reinterpretar las cosas

Si considero que un hecho desagradable es para mi beneficio, empiezo a estar mejor y dejo de sufrir tanto. El planteamiento es “voy a concederme el beneficio de la duda”. Todo esto se hace con duda que es, yo me cuento que es lo mejor y espero el tiempo suficiente como para que la experiencia me demuestre si era lo mejor o no. Y cuando hago ese proceso compruebo una y otra vez que efectivamente la elección era correcta.

 

¿Y si hubiera ocurrido de otra manera? Probablemente las cosas se hubieran desarrollado de otra forma también beneficiosa. El diseño universal está estructurado para mi beneficio.

 

En la estructura en la que vivimos no es fácil compartirlo. Toda la estructura parte de que esto es un «valle de lágrimas», que aquí lo que hay que hacer es sufrir porque es a lo que hemos venido, a sufrir muchísimo. Cuando no estás de acuerdo con esa visión te puedes plantear: ¿Y si hubiera otra manera de interpretarlo? ¿Y si realmente la estructura fuera beneficiosa en vez de perjudicial? ¿Y si no existiera este dios sádico que quiere el sufrimiento de los seres humanos? Entonces sería otra visión distinta, y podríamos admitir otras posibilidades.

 

Para mí lo que sí es importante es llegar a darme cuenta de que tengo un avisador dentro de mí. Que cuando me lo pienso de una forma adecuada estoy bien, cuando me lo pienso de una forma inadecuada estoy mal. Cuando estoy mal puedo investigar gracias a ese malestar y encuentro errores, encuentro cosas mejorables. Llevo en mí el germen de mi propio crecimiento. No necesito que alguien me lo dé, es algo que tengo de fábrica, está en mis genes. El trabajo es llegar a reconocerlo, llegar a creérmelo, a través de la propia experiencia.

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