¿QUÉ ES LA CULTURA DEL SUFRIMIENTO?

Durante mucho tiempo se ha transmitido que el sentido de la vida era el sufrimiento, cuanto mayor sea éste, mayor será el mérito. Por ejemplo, si quiero a alguien, tengo que sufrir por él. Es lo que he llamado la cultura del sufrimiento. Puede parecer una idea muy rara, pero ¿que tiene que ver nuestra cultura con el sufrimiento?

 

Ésta se mantiene porque las actuales estructuras de poder manipulativas, tanto políticas como religiosas y culturales, se basan en la persistencia de elevados niveles de sufrimiento que justifican el consumo de hipotéticos remedios externos, que no lo resuelven, ya que su origen es interno: la falta de sentido del ser humano actual.

 

LAS CUATRO CREENCIAS ORIGEN DE SUFRIMIENTO

La cultura del sufrimiento deriva de las Creencias Dañinas Básicas (C.D.B) que hemos comentado en otro artículo. Les describí hace más de quince años, llevo mucho tiempo trabajando en dar forma a este proceso, y son fundamentalmente cuatro.

 

  • Temor al rechazo social (miedo a la soledad no deseada) y vulnerabilidad (soy frágil, débil, vulnerable). Éstas fueron ciertas en la infancia y existen unas soluciones o compensaciones sociales, que no resuelven estas creencias pero las atenúan, que son « comprar » compañía, seguridad y protección.

 

  • La supuesta falta de valía (valgo poco) y la maldad (soy y somos seres malos). No se puede “comprar” sus antídotos y entonces lo que hacemos es fingirlos. Finjo valer mucho y finjo ser bueno.

 

Estas compensaciones que están metidas en la estructura social son fuente de enormes cantidades de sufrimiento, trastornos de ansiedad, tristeza, enfados, depresiones, trastornos obsesivos, fobias, montones de temores y de sufrimientos. Sirven como medidas transitorias, pero cuando las adoptamos de forma definitiva nos olvidamos de la verdadera mejoría, de hacer el esfuerzo por comprobar si esos temores son ciertos o no. Son como los medicamentos ansiolíticos, antidepresivos y analgésicos qué, tomados de manera continua, al no resolver el mal de fondo, no evitan que el dolor físico y emocional persistan.

 

“MAMÁ SOCIEDAD” Y “PAPÁ ESTADO”

cultura-del-sufrimiento-mama-sociedad-papa-estadoCon la “sana” intención de controlarnos, mamá Sociedad y papá Estado “cuidan” de nuestra salud llenándonos en la infancia de esos conceptos de Creencias Dañinas Básicas. Esto entorpece nuestro desarrollo hacia el descubrimiento de nuestra esencia como seres humanos, la libertad verdadera y el crecimiento en dirección a la Unidad.

 

La “mamá sociedad” es una madre manipuladora y opresiva, y ambos “papás” dificultan que nos emancipemos al pretender asumir cada vez más capacidades y responsabilidades propias del individuo, para manipularnos mejor, para el beneficio (aparente) de quienes se creen con poder.

 

Con la excusa de protegernos nos entontecen, privándonos de nuestro libre albedrio, haciéndonos más y más dependientes si cabe. El único interés, por parte de las estructuras de poder, es beneficiarse de los individuos frágiles, vulnerables, victimas, que sufren y gracias a ello producen y consumen más.

 

Desde que la mama sociedad y el papa estado se adueñan de la educación de nuestros hijos les resulta más fácil deformarlos, darles un simulacro de educación. En realidad es una “malformación” de sus mentes para hacerlos cautivos, útiles a sus fines de producción y consumo, basados en el sufrimiento que no conlleva aprendizaje, por tanto sin solución. Para poder manipularnos mejor esta cultura nos mantiene infantiles.

 

FINALIDADES SOCIALES DE LA CULTURA DEL SUFRIMIENTO

  • Una es tener a los humanos sometidos, susceptibles de ser acusados, perseguidos y atrapados, dóciles y fácilmente manipulables por las estructuras de poder usuales.

 

  • Otra es crear separación entre nosotrostú eres malo y yo soy bueno”, en cualquiera de sus formas: diferente religión, color de la piel, sexo, ideología, origen… para que nos distanciemos, opongamos, luchemos y así generamos sufrimiento y desunión, retardando la Unidad, que no se puede evitar pero sí postergar, manteniendo la cultura del sufrimiento y sus beneficios, de poder y económicos, para unos cuantos.

 

  • Una tercera es evitar que aprendamos de nuestros errores, pues los conceptos de maldad humana y de culpa, basados en el mecanismo de la proyección, impiden el aprendizaje a través de la experiencia propia. Nos mantienen repitiendo la equivocación, condenados a ser los únicos tontos de la naturaleza, que reproducen el error de forma indefinida.

 

FINALIDADES ECONÓMICAS DE LA CULTURA DEL SUFRIMIENTO

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La cultura del sufrimiento pretende que suframos mucho, porque así se originan dos cosas: consumimos más para aminorar ese sufrimiento y, de forma simultánea, producimos más para poder comprar las aparentes mejorías, que alivian aunque no resuelven el problema.

 

Cuando estoy sufriendo, utilizo todos los bienes de consumo disponibles: vacaciones, sustancias químicas (antidepresivos, ansiolíticos, tranquilizantes, inductores de sueño…). Frecuento lugares de ocio y de esparcimiento, me marcho siempre que puedo al pueblo, me voy con los amigos a hacer barbacoas… Si mi bienestar depende de tener muchas posesiones, cada vez tengo que tener más propiedades, porque si no ya no me protege, ya no son suficientes.

 

Si intento atenuar este sufrimiento ahogándolo en tóxicos como el tabaco, con drogas o con alcohol, el problema es que a la mañana siguiente tengo una resaca impresionante. Sigo sufriendo exactamente por las mismas cosas, el alcohol lo ha tapado durante unas horas como mucho, pero luego los problemas son mayores. No sólo no he resuelto el conflicto, sino que además tengo una apetencia y una dependencia del alcohol.

 

Es decir, intento compensar y aminorar todo este sufrimiento sin conseguirlo porque son remedios pasajeros. Todo lo que la cultura del sufrimiento me aporta son formas de atenuar el malestar pero no resolverlo nunca. El malestar se mantiene desde hace miles de años gracias a estos aparentes intentos de solución.

 

Las soluciones que me han ofrecido las estructuras sociales son remedios para seguir igual, soluciones que no resuelven, soluciones que calman el problema pero que no me colman a mí como ser humano. Serian soluciones aquellas que resuelven las Creencias Dañinas Básicas que están en el fondo de todo el sufrimiento de la cultura del sufrimiento.

 

EL CONCEPTO DE “MALDAD HUMANA” EN LA SOCIEDAD

cultura-del-sufrimiento-maldad-humanaDesde la más remota antigüedad nuestra “civilización” considera que somos “malos” por el hecho de haber nacido. La terrible idea de los humanos como “nacidos para sufrir” no nos deja salida.

 

En nuestra cultura no sólo se nos considera culpables sin que podamos demostrar nuestra inocencia, sino que no podemos ser inocentes pues se da por supuesto que nacimos marcados por el mal. Quizá procede de la idea de un dios sádico que forma criaturas perversas para poder castigarlas y hacerlas sufrir o, como mucho, perdonarlas si se “portan bien”. Pero, ¿Cuál es el criterio?

 

Estas nociones para mí son inadmisibles e incompatibles con la de un dios-amor. Mientras no desarrollemos el concepto “humano sin maldad”, que nos cuesta concebir hasta en los niños, es difícil que podamos desprendernos de esa lacra social tan deshumanizadora y fuente de discriminación.

 

A nuestra sociedad le siguen interesando las víctimas, los individuos fácilmente manipulables y cargados de esas Creencias Dañinas Básicas que hemos comentado. Esto da lugar a una sociedad o cultura de sufrimiento en la que se van perdiendo los valores internos del ser humano (valía por ser) para ser sustituidos por el precio o la utilidad (valor por tener o por hacer).

 

Nos hemos convertido en nuestros peores enemigos: críticos y autoflageladores. El mensaje que hemos recibido es que somos víctimas y verdugos. El concepto humano malo, no importa el nombre o la palabra con que se lo designe, nos inmoviliza y condena al sufrimiento indefinido, sin solución posible en nosotros mismos: es por eso que la buscamos fuera en forma de expiación, mérito, perdón…

 

EL SUFRIMIENTO ES APRENDIDO

Aunque puede parecer extraño la primera vez que nos lo planteamos, en nuestra civilización el malestar más frecuente no es el pasivo, originado por el  abandono, sino el producido con aporte de esfuerzo. Con frecuencia hacemos grandes inversiones de energía para estar mal y poder seguir en la cultura del sufrimiento.

 

Estamos utilizando la energía más poderosa y elevada que conocemos, nuestro pensamiento, para hacernos daño, en contra de nuestro criterio sabio más profundo que nos advierte “¡así no, puedes interpretarlo de otra forma más adecuada!”. Desoímos esta llamada interior, seguimos interpretando y enjuiciando de forma inadecuada, continuamos estando mal y permanecemos en la cultura del sufrimiento, que se alimenta y mantiene con nuestro dolor.

 

Para los seres afortunados que tenemos asegurada la supervivencia es más económico estar bien que estar mal. Cuesta menos mantener el disfrute que continuar en el sufrimiento prolongado habitual. Sin embargo el mayor consumo de energía lo realizamos para protegernos de amenazas inexistentes y para conseguir mérito. “no existe ningún motivo real que justifique mi sufrimiento mantenido”.

 

PARA SALIR DE LA CULTURA DEL SUFRIMIENTO

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Bueno, a mí desde pequeñito me decían que vivimos en un valle de lágrimas y que venimos aquí a sufrir. En mi experiencia, estoy totalmente en contra, pienso que aquí venimos a disfrutar. No a tener placeres, sino a disfrutar de la vida. Lo que generalmente se llama ser felices, tener bienestar.

 

La cultura del sufrimiento tolera mal el presente, el respeto, el amor, la confianza, la ilusión, la alegría… que son puntos clave del bienestar. De hecho, cuando uno se atreve a estar bien, con frecuencia empieza a dudar si se habrá vuelto duro, como una piedra, pues ya no le duele tanto la vida. Incluso puede que alguna persona cercana se lo diga, le advierta que se está volviendo frio, insensible. Por ello podemos utilizar estas señales como muestra de ir bien encaminados hacia la salida de ese tipo de cultura del malestar.

 

¿Qué ocurriría si dedicásemos una parte de nuestros esfuerzos a generar bienestar y satisfacción gozosa? Lo primero es que se hundiría nuestra actual forma de vida. Por eso el cambio conviene que sea personal y paulatino.

 

Estos enfoques de bienestar nos parecen ajenos, a veces no podemos creer que sean ciertos y los rechazamos. Puede que los consideremos llamativos y extraños, como si estuviésemos hablando de una humanidad diferente, de seres de otro planeta. Pero hay una parte en nuestro interior que reconoce la posibilidad de que las cosas sean más fáciles, hermosas y accesibles a cualquier ser humano sin distinciones de ningún tipo.

 

A estas alturas del desarrollo humano me parece inadmisible seguir manteniendo la idea de un dios sádico, creador de seres malvados a los que castigar y hacer sufrir para su mayor gloria, que admite sobornos y alianzas en contra de los “malos”. Era aceptable hace cinco o seis mil años, pero el humano ha evolucionado y espero que su construcción de la idea de Dios también lo esté haciendo y ya no necesite recurrir al karma, el pecado original, el inconsciente perverso o cualquier otra forma de maldad, genética o adquirida.

 

No obstante, puede tardar en desaparecer del todo pues esta idea mantiene las estructuras de poder de cualquier tipo. No solo religioso sino también económico, político y social, así como las guerras y demás actos de violencia y manipulación de un ser humano sobre otro. Por tanto, no son fáciles de erradicar. Interesa tener un dios lejano para así justificar la existencia de intermediarios, que no serían precisos si habitase en nosotros.

 

COMPASIÓN Y “CONAMOR”

Los procesos a los que designamos como pena, lastima, compasión, pesar, preocupación, remordimiento, disculpa, pecado, arrepentimiento, perdón…, con frecuencia sirven para “hacer algo” cuando no sabemos o no nos atrevemos a hacer otra cosa más útil pero más costosa.

 

Como ejemplo, imaginemos un mendigo tirado en la calle que “me da lástima, me da pena, pobrecito” pero al que no auxilio, pasando por su lado con malestar y sin ocuparme de ayudarlo. Esta actitud sirve para poder seguir igual, tanto respecto al entorno, que no mejora, como en el interior, donde permanece el sufrimiento inútil.

 

Podríamos empezar a usar términos exentos de sufrimiento y sustituir la palabra “compasión” (compadecer = padecer con) por la palabra “conamor” (contracción de “com-pasión-amorosa”). Este proceso consiste en imaginarse al que sufre mejorando y ayudarle a mejorar, basándonos en que “sufre porque no sabe hacerlo mejor, y yo deseo colaborar en su aprendizaje y mejora”. De esta forma, con amor, ayudo y disfruto.

 

MI OPINION SOBRE LA CULTURA DEL SUFRIMIENTO

Puede parecer que critico la estructuración social, aunque no es ésa mi intención. Sé que el ser humano no puede crecer fuera del contexto de la estructura social. La precisamos no sólo para subsistir sino también para llegar a ser humanos en su máxima expresión.

 

Me siento afortunado y privilegiado por estar en esta sociedad y sería un ingrato si así no lo manifestase. Tengo claro que tener derecho a vivir por el mero hecho de haber nacido y tener cubiertas mis necesidades básicas para poderme dedicar a desarrollar otras facetas, es un enorme logro.

 

La sociedad nos protege y nos permite crecer y evolucionar. Sin embargo, llegado a un determinado nivel de crecimiento, las estructuras sociales se quedan insuficientes, no sirven. Cada uno ha de hacer su propio camino. El ser humano está en transformación, este cambio hacia el mayor bienestar es nuestra misión y sólo podemos lograrlo al adentrarnos por caminos inexplorados, abriendo futuros con nuestra experimentación.

 

Nuestra transformación cambiará la sociedad, dentro de no sé cuánto tiempo. La educación del niño comienza siendo manipuladora y acaba permitiendo que se exprese su individualidad; así puede ocurrir también con el crecimiento social.

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