DECIDIR EL BIENESTAR

El bienestar es un estado que no tiene requisitos previos, no tiene condiciones. Es un estado en el que cualquiera de nosotros en este mismo instante podría entrar, porque no se necesita nada. Llevamos puesto todo lo que haría falta para estar bien. Nos sobran incluso cosas de las que llevamos encima, y lo que ocurre es que este bienestar es la consecuencia de una decisión, de una decisión profunda. Para mí esa decisión marca un cambio.

 

Llevamos toda la vida sufriendo para obtener algunos beneficios secundarios y llevamos toda la vida utilizando el sufrimiento como una manera de compraventa. La medida de este sufrimiento para lograr algún beneficio lo llamo el “doloriente”: “mira cuánto sufro, mira que malito estoy”. Lo vamos haciendo y repitiendo periódicamente.

 

FORMAS MAS FRECUENTES DE MIEDO AL BIENESTAR

Digo miedo al bienestar porque el bienestar es algo desconocido, e instalarse en él es un riesgo. Hasta ahora reconozco siete tipos de miedo al bienestar. El miedo al bienestar cambia, se modifica en el tiempo y con el desarrollo del ser humano.

 

Esta clasificación constituye una herramienta de aproximación a la realidad que sólo pretende ayudarnos a que nos descubramos. Nos puede servir como guía para explorar cuales de estos tipos de miedo tenemos más arraigados, reconociendo sus manifestaciones más frecuentes en uno mismo y en los demás.

 

  • Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.
  • Miedo a que se manifiesten mi maldad y mi falta de valía.
  • “Si estoy bien algo malo va a pasar”.
  • El malestar evita problemas y dificultades mayores.
  • Miedo a la responsabilidad.
  • El sufrimiento es fuente de energía y motivación.
  • Sufrimiento como moneda de cambio.

 

Todos estos tipos de miedo al bienestar son absurdos; unos por supersticiosos, los otros porque la evidencia y nuestra experiencia demuestran su falsedad, aunque los llevemos con nosotros desde hace mucho tiempo y nos cueste deshacernos de ellos.

 

Tanto aquellos tipos de miedo al bienestar que nos parecen adecuados (los tenemos incorporados como parte de nuestra dotación de ideas preconcebidas, heredadas o adquiridas y ya forman parte de nuestras creencias de base) como los que nos producen un profundo rechazo (nos conmueven internamente y la sola idea de que sean ciertos nos desestabiliza y ofende) suelen ser los que ejercemos de manera menos consciente.

 

Nos seguimos considerando débiles, vulnerables, inútiles, culpables, frágiles, dependientes… y lo hacemos para protegernos y para que los demás nos amparen, para no hacernos responsables de nuestra vida. Nos creemos niños-victimas, sin decidirnos a crecer, nos justificamos de forma continua, intentamos hacer “méritos” para que nos “den” la felicidad. Esperamos el milagro.

 

La vida es demasiado corta como para andar desperdiciándola en sufrimiento inútil”.

 

LA DECISIÓN DE BIENESTAR

Es una decisión que se toma por amor hacia uno mismo. Consiste en decidir que voy a seguir estando mal, y sin embargo ese malestar lo voy a utilizar para aprender y evitar repetirlo en lugar de para “comprar” cosas.

 

Tengo los mecanismos del malestar profundamente grabados, los he aprendido y entrenado a lo largo de mi vida. Sin embargo decido que no estoy mal por genética ni por estupidez, sino por ignorancia, porque no sé hacerlo mejor. Y entonces a partir de esa decisión de bienestar, resuelvo que de ahora en adelante me voy a seguir equivocando para aprender a dejar de equivocarme. Voy a seguir poniéndome mal para dejar de estar mal, no para seguir manteniéndome mal, no para comprar cosas.

 

EL ERROR COMO FUENTE DE APRENDIZAJE

No puedo negar el malestar, es un compañero de toda mi vida. El malestar es un avisador de lo inadecuado. Entonces me decido, por un acto de amor hacia mí, a usar esa experimentación para aprender. Igual que hice con el dolor físico, cuando de pequeñito me quemada y me cortaba, no sufría para conseguir nada, sólo tenía dolor para avisarme de que me estaba equivocando. Y gracias a esto ahora casi no me daño físicamente.

 

A nivel emocional pasa lo mismo. Decido que voy a utilizar mi experimentación para aprender en vez de para comprar cosas. Y a partir de ahí me acerco al bienestar como estado. No es un estado definitivo, estoy entrando y saliendo del bienestar, y por tanto cada vez me voy instalando más en él. Se me va dando mejor eso de estar bien.

 

EL BIENESTAR ES UN PROCESO

No es algo mágico, ni muchísimo menos, es un camino en otra dirección distinta. Ya no es “hago esfuerzo para dejar de estar mal”, es hago esfuerzos por estar mejor. La decisión puede ser una decisión puntual o puede ser una decisión mantenida. Cada vez que hacemos una actividad nueva corremos un riesgo, nos sentimos atraído por el objetivo de bienestar que esperamos que esté ahí.

 

Se puede utilizar cualquier tipo de herramienta para la mejoría. Por supuesto la gente puede llegar al bienestar sin saber nada de psicoterapeutas, porque el conocimiento lo llevamos dentro. Lo fundamental es aprender a escucharme, escuchar todo esto que llevo dentro y que está continuamente dándome información. No necesito saber ni leer ni escribir, y puedo alcanzar unos niveles de bienestar muy elevados.

 

A esa decisión de bienestar la llamo suicidio o ponerse chulo, puesto que arriesgo la forma de vida habitual. Consiste en que si de verdad hay un dios sádico que quiere mi mal y mi sufrimiento porque se alimenta de sufrimiento, pues que me lo aplique del todo. Entonces, no estoy dispuesto a seguir goteando sufrimiento, me niego a seguir de rodillas. Es una confrontación a esos supuestos dioses sádicos. El reto es “si existes, mátame”, y si no desaparece.

 

Se puede hacer por cualquier camino, todos los caminos son válidos, lo importante es desear y decidir. Cuando digo desear no es con la boca pequeña: “quiero dejar de fumar, quiero perder peso…”. No es quiero, es deseo profundamente y decido, y cuando decido puedo tardar más o tardar menos pero lo consigo, porque esta decisión me lleva hacia el objetivo.

 

EL BIENESTAR ESTÁ A TU ALCANZE

Todavía no conozco una persona que haya decidido de verdad el bienestar y no lo haya conseguido. El bienestar no es el nirvana; es estar bien, es estar habitualmente bien. Lo que predomina ya no es el sistema nervioso simpático –el de la supervivencia-, ya no es todo por seguir vivo. Es todo por estar bien.

 

Si lo entendemos es porque todos tenemos ese conocimiento, todos sabemos que el bienestar está ahí y que está a nuestro alcance, aunque estemos aterrados de esta posibilidad. Cuando alguien se atreve a acercarse al “Entrenamiento en Relajación Creativa”, al “Entrenamiento en Habilidades Emocionales”, a una psicoterapia, como nuestra formación “Guía Hacia el Bienestar” o a cualquier forma de mejoría, ya está empezando este proceso de búsqueda.

 

Si me permito experimentar para aprender, acabo acertando. Cada ser humano ha hecho un diseño distinto de su cerebro. Entonces, cada cerebro tiene una estrategia distinta para llegar al objetivo. No hay regla fija ni general. Hace falta una serie de elementos, la decisión basada en la energía más poderosa que es el amor a uno mismo o en el respeto si no tengo amor, y el atrevimiento. Y como tengo toda la vida por delante, si voy a tardar un día o si van a ser cincuenta años, yo decido y seguiré experimentando, en cada instante, y así voy aprendiendo.

 

TENEMOS MUCHO PODER SOBRE NOSOTROS MISMOS

Y no tenemos prácticamente ninguno sobre los demás. Sobre los demás tenemos un poder físico, y eso es algo que se nos olvida. Que ni somos salvadores de ningún mundo exterior, si somos demonios de ningún infierno ni de fuera ni de dentro.

 

Somos los dueños de nuestro mundo, aunque no al cien por cien, pero sí que diseñamos bastante nuestra trayectoria, y solo la nuestra. Las personas que nos rodean están ahí como partícipes de ese proceso nuestro de crecimiento, y están para hacer sus propias historias y sus propias vidas. Pero nosotros no tenemos una gran capacidad de influencia en los otros. Sólo en la medida en que los otros quieran influenciarse a sí mismos.

 

Creo que todos los seres humanos somos seres especiales, somos seres elegidos pero no para transformar el mundo de los demás sino para transformar nuestro propio mundo.

 

EL BIENESTAR HACIA LOS OTROS

Cuando un ser querido, un ser próximo, está sufriendo y no sé qué hacer para ayudarle, lo que he aprendido es a sufrir con él. “Te acompaño en el sentimiento”, que es la mayor aberración que puede hacer un ser humano.

 

Lo que nosotros podemos intentar es que cuando un ser querido sufre, en vez de ponerme en su lugar, me mantengo en el bienestar, y desde el bienestar tiro de su propio malestar para que salga de ahí, porque desde mi bienestar tengo máxima eficacia. Desde mi sufrimiento y dolor no tengo eficacia alguna, lo único que puedo compartir es basura, es dolor.

 

¿Qué pasa si conectamos con nuestro conocimiento?

Si te encuentras bien, ayudas a que los otros encuentren su propio bienestar, el sentido de su propia vida. Ya no es una vida de hacer, de trabajar, es una vida más de disfrutar. Y probablemente muchas personas no saben disfrutar porque no se lo han permitido de toda su vida, o muy poquito. Si a ti te ven disfrutando les vas a servir de ejemplo.

 

A mí me gusta decir que nuestros hijos no vienen para que los eduquemos, sino para que podamos aprender de ellos. Para mostrarnos nuevas formas de gozo, por qué camino podemos ir nosotros detrás de ellos para aumentar nuestro disfrute. Si les enseñas por donde ir y ellos encuentran ese camino te van a servir de guía, para cuando llegues donde están ellos. Y esto es un proceso que a mí me parece muy bonito.

 

LA ILUSIÓN

La ilusión es un motor, un móvil, una pulsión. Con esa ilusión, lo que hago es que genero energía para moverme de un punto a otro. Y ese es el objetivo de la ilusión, el que yo me pueda desplazar de un sitio al otro. Y una vez que he llegado al sitio donde iba, digo: “¿Ahora donde quiero ir?”. Y genero otra ilusión para desplazarme desde aquí hasta el otro sitio donde quiero ir. Y cuando llego ahí, no pido que se cumpla, porque la ilusión no lo necesita.

 

Es ilusión, es puramente fantasía, no puedo creerme que es real. Para transformar una ilusión en una realidad hace falta un proyecto, una inversión de energía y un tiempo. Pero ilusión sola me sirve para moverme de aquí hasta ahí. Y así voy, ilusión tras ilusión tras ilusión… Y esto es un proceso generador de bienestar continúo.

 

LOS BENEFICIOS DE LA “RELAJACIÓN CREATIVA” HACIA LOS OTROS

Casualidad es uno de los nombres que suelo dar a mi ignorancia. Cuando trabajamos con relajación decimos que nuestro objetivo es aprender a favorecer las casualidades. Cuando en los ejercicios de relajación me imagino el bienestar de otra persona, no tengo poder para inducir ese bienestar, pero casualmente se produce con mayor frecuencia que si no lo hago.

 

Estamos hablando de unas energías o una energía que poseemos todos los seres humanos, todos los seres vivos, incluso los inertes. Todos los seres que existimos tenemos una energía que podemos dirigir y que podemos enfocar. La intención es una de esas energías. La buena intención y la intención bien intencionada son enormemente poderosas.

 

Con la relajación lo que estamos intentando hacer es aprender a manejar en nosotros ese tipo de procesos que facilitan las coincidencias, las casualidades, sabiendo que probablemente no existe eso que llamamos coincidencia. Si lo vamos entrenando encontramos eso que nadie nos ha dicho que existe en nosotros, que culturalmente y socialmente está olvidado, pero que cualquiera puede comprobar que sí existe. Cuando por ejemplo pienso que este ser próximo mejore, va y mejora con mucha frecuencia.

 

Es sorprendente, no por ser extraordinario sino por ser inusual. Esas capacidades no son de uso común y quizá da un poco de vergüenza hablar de ello. Entonces, tener espacios en los que poder atreverse a hacer estos ejercicios nos facilita el poder atrevernos a hablar de lo mismo en otros espacios. En la familia por ejemplo, donde nos conocen muy bien y no nos van a tomar por extraños. Eso hace que se extienda, que cada vez haya más personas interesados en estos procesos, que no son más que procesos de crecimiento y de bienestar consciente.

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