Las técnicas de psicoterapia que se basan en la búsqueda de las causas de nuestros malestares tienen una duración de ocho, quince, veinte años. En nuestra terapia Guía hacia el Bienestar estamos hablando de un trabajo de ocho, diez, doce meses. Simplemente porque no buscamos las causas de nuestros sufrimientos, buscamos los mecanismos.

 

CAUSAS, MECANISMOS Y FINALIDADES

Todos los procesos tienen tres pasos, tres mecanismos. En cada suceso hay un “por qué”, que es la causa, un “cómo”, que es el mecanismo, y un “para qué”, que es la finalidad u objetivo. En la búsqueda de los “por qué” es muy fácil perderse y desorientarse. Por ello en la terapia Guía hacia el Bienestar suelo explicar que vamos a trabajar desde la experiencia con los “cómo” y a veces con el “para qué”, evitando las discusiones lógicas del por qué.

 

El “porqué”

Nos han dicho que la búsqueda del por qué de las cosas es la forma adecuada de conocer al entorno y a nosotros mismos. Sin embargo el por qué nos pierde, a menos que usemos la metodología científica. Usado en la forma habitual nos sirve para justificar todos los comportamientos, aunque no tengan justificación en realidad, y perdernos en las explicaciones, ya que cada causa tiene una anterior, en un proceso sin fin.

 

Toda nuestra estructura mental está condicionada con el por qué. Nos han contado que el por qué es lo verdaderamente importante. Cuando acude por primera vez un paciente a mi consulta me relata su malestar y las causas a que lo atribuye. Se sienta en el sillón y me dice: « Bueno Julio, ya te he contado cuales son mis problemas, ahora buscaremos de donde vienen, buscaremos las causas ».

 

Sé que las razones que esta persona tiene para estar mal son ciertas, aunque estoy seguro de que, simultáneamente, tiene otros motivos incluso más poderosos para estar bien, en los que no se fija. Considera que su malestar está justificado, cuando en realidad sus argumentos son insuficientes y por eso sufre. No necesitamos saber de dónde vienen los problemas ni cuáles son las causas, no necesitamos saber el por qué. Personalmente no trabajo con el por qué. Sé que existen las causas, sé que todo tiene una causa, pero investigar esas causas puede llevarnos años y años. Nuestra terapia Guía hacia el Bienestar tarda solamente nueve meses.

 

El “cómo”

Lo único que necesito saber es « cómo ». Cómo hago para ponerme mal, cómo hago para ponerme bien. Es una cuestión de mecanismos. El cómo nos permite mejorar nuestro trabajo en el mundo, desarrolla el triángulo PEC (Pensamiento-Emoción-Cuerpo) y nos facilita mejorar el conocimiento de ese nivel.

 

El “para qué”

La pregunta “¿para qué?” Evoca la intención, el móvil, nos ayuda a entrar en los terrenos de la observación. Es fácil perderse en la búsqueda de la finalidad y desplazarse hacia el por qué. No estamos acostumbrados a manejar la herramienta de introspección “para qué” y sin embargo es la que nos facilita orientarnos.

 

¿Alguna vez te ha ocurrido ir a tu habitación a coger algo y al llegar no saber a qué ibas? Si no sabemos a dónde vamos nos perdemos, como nos ocurre con frecuencia en la vida, estamos desorientados al no saber cuál es el objetivo. La pregunta « para qué » ha sido eliminada de nuestro vocabulario. A los niños, siempre les preguntamos « ¿y por qué? » Y el niño aprende y nos responde « y por qué, y por qué… ». Ya que hemos borrado de sus mentes el “para qué”, la intención, la finalidad.

 

LA IMPORTANCIA DE LA FINALIDAD

Terapia Guía hacia el Bienestar - La búsqueda de la finalidadEl manejo de los datos de estas dos formas, por qué y para qué, es similar a viajar en un coche. “Por qué” es como ir mirando por la ventanilla trasera o mirando el retrovisor de forma continua, fijarse en el pasado, de dónde venimos. “Para qué” es como ir mirando adelante, hacia dónde nos dirigimos, al objetivo. Nos implica y responsabiliza del proceso, nos orienta hacia la preferencia, la liberación, el crecimiento. El por qué aparenta quitarnos responsabilidad, nos exime o atenúa la culpa, es externalizador y victimista, parece justificar cualquier decisión o comportamiento y mantiene la proyección, tanto interna como externa.

 

En nuestra cultura, hemos hecho desaparecer esta intencionalidad, esa finalidad. El para qué es una herramienta difícil de manejar, ya que no estamos acostumbrados. El “por qué” ha tapado el “cómo” y el “para qué”. Nuestra pregunta ideal es infantil: “y por qué, y por qué…”.

 

Estoy convencido de que el cerebro derecho (con el que tomamos las decisiones, y las tomamos con toda la información que tenemos en el cerebro derecho) no se basa en el “por qué”, que lo desconoce, sino en el “para qué”, la finalidad, el objetivo, la intención de las cosas, de los actos. Si aprendemos a desarrollar nuevos mecanismos de pensamientos en el presente y a buscar en todas las actividades que realizamos una satisfacción personal, podremos mejorar considerablemente la calidad de nuestra vida.

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