EL MIEDO Y LAS FOBIAS

Se calcula que un diez por ciento de la población padece trastornos de angustia y ansiedad. En España, más de tres millones y medio de personas tienen alguna fobia.

 

Personas que padecen fobias

El mercado es que me mata. En los puestos donde hay cola no me puedo parar porque me entra una especie de mareo, como si se moviera todo, algo que me sube así a la garganta. Creo que ya le estoy cogiendo miedo al mercado, a ir a la compra

 

Me ocurre algo parecido en los grandes almacenes, y sobre todo en las rebajas. La verdad es que en esas enormes aglomeraciones llega un momento en que no las aguanto. Me empieza a dar vueltas todo y me parece que se me va la vida, que no puedo más”.

 

Yo empecé así hasta que un día me dio como un ahogo, como si me faltara el aire y no tuve más remedio que marcharme. Al salir a la calle me sentí mejor, pero me quedó un estado nervioso que ya estoy sintiendo sólo de pensarlo. Desde luego ya no he vuelto más. Me asusté tanto que fui al médico, me hizo un electro, pero dijo que no tenía nada, que era de los nervios. Y será de los nervios, pero yo cada día puedo hacer menos cosas: el autobús, si va lleno de gente, tengo que dejarlo pasar hasta que viene uno más vacío, y el metro ya ni pensarlo, así es que me paso la vida dependiendo de que alguien me lleve a los sitios o cogiendo taxis. Y digo yo, si es de los nervios, algo habrá para que se nos quiten.

 

Me mandaron unas pastillas pequeñitas que eran para la depresión y esas cosas. Al principio me fueron bien, pero cuando me da fuerte, ni pastillas ni nada. Además yo tomo menos de las que me mandó el médico, porque no quiero abusar. También me han hecho muchas pruebas del oído y de la columna y dicen que no tengo nada.”

 

UNAS SITUACIONES «INSOPORTABLES»

Este tipo de conversaciones se escuchan con frecuencia y es importante distinguir cuando se plantea un problema fóbico, o simplemente se habla de las incomodidades lógicas de las ciudades; a nadie le gusta hacer cola, sería mejor no tener que esperar, como tampoco las grandes aglomeraciones, pero cuando algo es atractivo, lo es para mucha gente y eso hace que se produzcan embotellamientos en ciertos sitios.

 

Sin embargo existen muchas personas para las cuales estas situaciones no son sólo incomodas o molestas, sino que se convierten en “insufribles, insoportables, horrorosas, terribles”. Y al no poder afrontarlas, prefieren quedar al margen y se autoexcluyen. “No merece la pena, por el mal rato que paso”. Es este reconocimiento de un peligro real o imaginario, el que determina en el individuo un sentimiento de miedo.

 

UNA PELIGROSA ESPIRAL

Sabemos que el mecanismo no es sólo uno, sino varios, de tal forma que cada eslabón de la cadena facilita la aparición del siguiente. La espiral puede empezar por cualquiera de ellos, puesto que estando en una situación ligeramente incómoda, uno exagera el grado de incomodidad y se siente impaciente porque termine cuanto antes.

 

El paso siguiente sería observar cómo esta inquietud se experimenta en algún lugar del cuerpo: pulso acelerado, inestabilidad, falta de aire, debilidad muscular, visión borrosa, etc. A continuación, el sujeto siente miedo “por lo que a él le está pasando” y lo relaciona de inmediato con la circunstancia en la que se encuentra.

 

La próxima vez ante una situación similar, comenzará a interpretarla como algo potencialmente peligroso para él. Esta persona ha creado y entrenado por repetición, un mecanismo de respuesta indeseable o inadecuado ante alguna situación que no debería desencadenar por sí mismo este tipo de respuesta. Nada está roto, pero algo en su mente funciona mal.

 

MIEDO Y ANGUSTIA

El miedo es necesario y está incluido dentro de la escala biológica; la angustia y la fobia serían una degeneración de este sentimiento natural del ser humano. El miedo es un maravilloso mecanismo, que al igual que el dolor nos avisa de que algo está mal en el cuerpo, así también el miedo nos alerta de que existe peligro y pone el cuerpo y la mente en guardia para evitar éste a través de la huida, o de la lucha y en un tiempo brevísimo.

 

Cuando tenemos la impresión de que se puede eliminar la amenaza mediante la fuerza, el hombre al igual que el animal, le hace frente y pasa al ataque. Esta agresión de carácter defensivo encuentra su expresión última en la furia, en un comportamiento extremo con un ingrediente básico: la cólera animada por el miedo.

 

Todos sabemos que la cólera de quien está asustado es más explosiva en su aparición, más violenta en sus manifestaciones y más grave en sus consecuencias que la de los individuos tranquilos. En este caso habrá que hablar con mayor propiedad de una reacción paradójica, tomando en cuenta el hecho de que el miedo se asocia por lo general con la huida o con la sumisión. La huida es siempre una alteración preferible y se la suele elegir a fin de evitar los riesgos de un combate perjudicial.

 

Tal es el comportamiento del miedo que podríamos calificar de “clásico”. Mientras el miedo permite y hasta favorece la adaptación a esa situación, la angustia es desorganizada y no controlable, porque parte de dentro hacia fuera aunque el fóbico al expresarla dice que es “el ascensor”, “el mercado”, “la calle” lo que le ha producido “eso” que ellos temen y conocen.

 

En resumen, las fobias son los mecanismos que uno establece para la defensa de posibles agresiones, que se creen de origen externo, pero son siempre producto de nuestra mente.

 

INTERPRETAR LA REALIDAD

Lo que funciona mal en estas personas, es la manera de interpretar la realidad, porque pierden la medida de las cosas. Las fobias pueden aparecer casi de repente en sujetos que han estado bien durante toda su vida y de pronto sufren lo que se denomina “un ataque de pánico”, que es una reacción psico-fisica, pero con una gran incidencia en el cuerpo: aceleración e inquietud en todo el organismo, todo ello acompañado de un sentimiento de muerte inmediata, asfixia y también de pérdida del conocimiento.

 

Existe otra variedad dentro de las fobias, que son las aprendidas a lo largo de la vida, e incluso transmitidas. En este apartado entrarían las supersticiones: fobias sociales muy difundidas y culturalmente aceptadas. El miedo a la oscuridad, a la calle, a los contactos sociales… son adquiridos en la infancia.

Con frecuencia los padres dan a los niños representaciones muy plásticas de los “terribles peligros” que podrían ocurrirles, temores que, la mayoría de las veces, se superan. Pero si se mantienen pueden llegar a la edad adulta como una fobia adquirida en la infancia.

 

LAS FOBIAS

La fobia es un miedo irracional y desproporcionado que la persona experimenta siempre ante el mismo objeto o situación.

 

Los contenidos de las fobias son variadísimos; en los antiguos tratados de psicología se incluían listas interminables de las posibles fobias –ofidiofobias, nictofobias, cinefobias…- Ahora la denominación ha cambiado y se nombra según el objeto que las cause: “fobia a las flores”, “a los mosquitos”, etc.

 

Cómo curarlas

Desarrollé una técnica de tratamiento en grupo de la angustia. No se trata tanto de curar, como de remodelar un mecanismo que está funcionando mal. Por tanto, más que una cura, sería un nuevo aprendizaje psicológico.

 

A veces es necesario comenzar con medicación, que resulta una formula muy rápida. Sin embargo no se puede estar toda la vida sujeto a un fármaco; entonces lo más práctico es aprender una técnica  de relajación que hace el mismo trabajo, pero hecho desde dentro. El siguiente paso del tratamiento va dirigido a corregir el error de pensamiento que desencadena la angustia.

 

A veces se observa que la principal preocupación de un fóbico es el miedo a volverse loco, como consecuencia de lo que le está pasando, por lo que hay que tranquilizar al paciente de esta sugestión, que en ocasiones temen confesar. Es muy importante hacerle ver que cuando aprenda a manejar su pensamiento, dejará de provocar esa reacción de angustia.

 

Las técnicas de grupo

Las técnicas de grupo resultan muy aconsejables, ya que los pacientes que llevan más tiempo y están mejor, enseñan a los nuevos con su planteamiento personal: “yo estaba igual que tú, he practicado estas técnicas y ahora lo estoy superando”. Esto supone una motivación muy importante para el paciente que comienza un tratamiento, ya que aprende a considerar que a otras personas les pasan cosas muy parecidas a las suyas, lo que disminuye notablemente su ansiedad.

 

ANGUSTIA Y DEPRESIÓN

Otro punto que se debe aclarar  es  que con frecuencia se confunde la angustia con depresión, puesto que los pacientes fóbicos suelen estar tristes debido al problema que tanto les limita. En este caso, los tratamientos con antidepresivos y ansiolíticos sólo podrán negar el problema.

 

Es preciso trabajar con “el modo de pensar”, más que con el contenido del pensamiento. Esto hace que esta forma de psicoterapia sea más una psicopedagogía; enseñar al paciente a usar su pensamiento de modo que no le cause daño. Le hará pasar de una situación de indefensión ante la angustia, a un posible control de la misma. Las fobias son, por tanto, un trastorno que se puede superar.

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