EL TRIÁNGULO PENSAMIENTO-EMOCIÓN-CUERPO

En este artículo vamos a plantear una serie de hipótesis, que para mí son certezas, porque a lo largo de los años he ido comprobando que son así, pero yo las planteo siempre como hipótesis, porque tú todavía no las conoces y no las tienes comprobadas.

 

La primera hipótesis es que nuestras emociones no proceden del mundo exterior, como nos han contado. Sino que proceden y son consecuencia de nuestros pensamientos.

Triángulo PEC

Figura 1 del libro “La Sabiduría de las Emociones” de los doctores Julio Herrero Lozano y Eugenio Herrero Lozano.

 

LAS EMOCIONES AGRADABLES Y DESAGRADABLES

Parto de la base de que cuando un ser humano piensa, con este pensamiento, genera una emoción, que es acorde al pensamiento.

 

Es decir, según el tipo de pensamiento que tenga, si pienso cosas agradables, mis emociones van a ser placenteras y agradables. Si pienso que voy a conseguir algo, voy a sentir alegría. Si pienso en seguridad, voy a notarme tranquilo.

 

Pero si pienso cosas desagradables, mis emociones también van a serlo. Es decir, si pienso en peligros voy a sentir ansiedad, si pienso en pérdidas voy a notar tristeza. Si pienso en malos tratos o en injusticias que me vayan a hacer o que me han hecho, entonces siento enfado.

 

LAS MANIFESTACIONES CORPORALES

La emoción no es un proceso que “me entra”. Es un proceso que “me sale”. ¿Pero de dónde sale?

 

Esa emoción que se produce en nuestro interior sale a través de nuestro cuerpo, nuestro comportamiento, nuestra cara (decimos que la cara es el espejo del alma).

 

Entonces, si estoy alegre, me muevo, me relaciono y me comporto de una manera totalmente distinta a si estoy triste. Hablo de otra manera, me comporto de otra manera, me relaciono con el mundo de una manera.

 

Entonces, el pensamiento genera una emoción, y ésta se manifiesta a través del cuerpo. Y eso es tan cierto, que las personas que me rodean me dicen “¡Qué alegre vienes hoy!“ O “¡Vaya cabreo que traes!” Pero claro, la emoción no la están viendo. Lo que están viendo es el reflejo de la emoción en el cuerpo.

 

No sólo los demás perciben esas modificaciones en el cuerpo, sino que yo estoy continuamente  chequeando mi estado e interpretando ese estado en que me encuentro, como agradable o desagradable. “Qué bien me encuentro – Qué mal estoy”.

 

Esa interpretación que yo hago de mi bienestar o malestar genera un pensamiento del mismo signo que el pensamiento que originó todo el proceso. Y pone en marcha un circuito en el que las cosas de fuera, los acontecimientos externos, van a ser interpretados como agradables o desagradables en base a la emoción previa que tengo.

 

LA RETRO-INFORMACIÓN

Lo que estoy planteando es que yo, PENSANDO sobre:

  • lo que ocurre a mi alrededor,
  • sobre cómo estoy,
  • sobre mi comportamiento,
  • o pensando sobre mis propios pensamientos:
    • recordando cosas del pasado,
    • o imaginando cosas del porvenir,

 

… pero siempre pensando: fabrico una EMOCIÓN.

 

Esa emoción es como un tinte: tiñe mi cuerpo, tiñe mis sentidos, tiñe mi memoria… de manera que ese tinte emocional químico que es la emoción, al teñir el cuerpo, facilita que mi siguiente pensamiento sea del mismo signo que la emoción. Con lo cual se pone en marcha un circuito retro-activado al que llamamos ponernos bien o ponernos mal.

 

¿SON LAS COSAS DE FUERA LAS QUE DETERMINAN CÓMO ME SIENTO?

A mí me han contado desde siempre, que las cosas de fuera producen mis emociones. Las cosas me angustian, las personas me entristecen, otros sucesos me enfadan. Y yo planteo que esta vía no existe, que realmente las cosas de fuera solamente me pueden afectar en el cuerpo, pero no en las emociones.

 

Por ejemplo, el agua me moja o el fuego me quema, o una piedra me hace un chichón, o un cuchillo me hace una herida. Yo con el cuerpo, actúo sobre lo de fuera, palpo, me relaciono a través del cuerpo.

 

La hipótesis es entonces que mis emociones no las producen las cosas que ocurren, sino lo que yo pienso sobre las cosas que me ocurren. Es decir, el planteamiento es que, a mí, lo de fuera me afecta en el cuerpo, pero no en mis pensamientos. Ahí yo soy libre.

 

Me pueden intentar meter pensamientos en la cabeza, y yo negarme a estos pensamientos. Me pueden adoctrinar en cualquier ideología y yo me puedo resistir y pienso lo que me da la gana. Con la publicidad estamos acostumbrados a hacerlo, en la televisión nos machacan continuamente, y yo puedo decidir que no compro esa marca comercial. Porque en el pensamiento, me sé libre.

 

MI INTERPRETACIÓN DETERMINA MIS EMOCIONES

Nos queda la emoción entre medias. Lo que nos han contado desde siempre, es que la emoción se comporta como el cuerpo, al que da asiento. Y yo lo que estoy planteando, es que la emoción se comporta como el pensamiento que la origina. No como el cuerpo. Éste es solamente la consecuencia, que tiene como origen el pensamiento.

 

Entonces, lo que genera esas emociones no son las cosas que ocurren en el exterior o en mi cuerpo, sino cómo interpreto yo esas cosas, como pienso yo sobre esas cosas. Éste es uno de los conceptos que más dificultad hay para transmitir, porque llevamos muchos siglos pensando lo contrario.

 

A mí me gusta entonces decir, de forma poco fina, que las emociones son lo que mis pensamientos hacen en mis tripas. La emoción es lo que yo noto como consecuencia de mi pensamiento, y lo noto en el cuerpo. Pero no es del cuerpo: es una consecuencia del pensamiento.

 

PENSAR DE FORMA ADECUADA NOS HACE LA VIDA MÁS PLACENTERA

Ésta es la primera hipótesis con la que es importante trabajar porque si esta hipótesis es cierta, para mejorar nuestro estado emocional, no va a hacer falta que tomemos medicamentos que afectan al cuerpo, sino será suficiente con aprender a mejorar nuestra forma de pensar, de interpretar las cosas.

 

Esto es algo que no nos han enseñado en los colegios, que no está en nuestra cultura, no está culturalizado. No hay una asignatura ni en el bachillerato, ni en la universidad, que sea “técnicas de pensamiento”.

 

Cuando yo trabajo por ejemplo con licenciados en filosofía y les pregunto “¿quién ha sido tu profesor de pensamiento?” me contestan “a pensar no me ha enseñado nadie”. Y éste es el problema.

 

Como no nos han enseñado a pensar, hemos ido aprendiendo nosotros a pensar las cosas. Y cuando yo pienso las cosas desagradables, me emociono de una forma desagradable y me comporto de una forma inadecuada. Y este proceso a lo largo del tiempo se va metiendo en mi cuerpo y me acostumbro a vivir de esta manera.

 

Nuestro trabajo va a consistir lo primero en comprobar si esta hipótesis es cierta o no lo es. Si es cierto lo que nos han contado, lo único que podemos hacer es ponernos una coraza frente a lo que ocurre fuera.

 

Nuestra experiencia dice que cuando yo me acorazo ante lo que ocurre fuera, no consigo ningún resultado porque sigo poniéndome mal. Es decir, yo me aíslo, pero sigo dándole vueltas en la cabeza. Entonces el problema me lo llevo puesto. No está resuelto.

 

HIPÓTESIS 1: MEJORAR LA CALIDAD DE NUESTROS PENSAMIENTOS

Éste es el primer paso imprescindible para todo el trabajo posterior.

 

Yo llevo más de cuarenta años trabajando con esta metodología y evidentemente lo tengo comprobadísimo pero tú, la primera vez que oyes estas hipótesis, necesitas un tiempo para planteártelas.

 

¿De verdad es cierto que yo me emociono con lo que pienso? ¿Que no me enfada mi jefe, que no me angustia mi pareja, que no me entristece el día nublado? sino que soy yo, pensando sobre estos temas, el que me provoco todas estas emociones…

 

Ésa es la primera duda. Para saber más, te invito a leer mi artículo «Formación «Guía hacia el Bienestar» – Cómo disminuir el sufrimiento emocional e instalarse en el bienestar«.

¿Te ha gustado el artículo?

Deja tu comentario