Basado en la desconfianza, el enfado es la emoción menos estudiada en el ámbito científico oficial en psicología y psiquiatría. Sin embargo es la más dañina y destructiva, la que deteriora más rápidamente el cuerpo, ya que la angustia y la tristeza sólo desgastan prematuramente.

 

Damos mucha importancia a la ansiedad, a la tristeza, a la depresión y sus manifestaciones, pero muy pocas personas se quejan del enfado. Es una emoción socialmente bien vista, la santa indignación: «¡Como no me iba a enfadar! Con lo que me ha hecho o lo que me ha dicho».

 

Ira, rencor, resentimiento, cólera, furia, coraje, indignación, resentimiento, irritación, berrinche, mosqueo, acaloro, fastidio… Todo eso son sinónimos de esa alteración a la que llamamos enfado.

 

SOBRE LA EMOCIÓN DEL ENFADO

Parto de la base de que como mamíferos que somos, frente a una amenaza traemos de fábrica tres respuestas que son mamíferas y que permiten salvar la vida. La primera de ellas es la lucha. Si no puedo luchar, huyo, y si no puedo luchar y no puedo huir porque me tienen acorralado, me escondo.

 

De ahí derivan las tres emociones humanas:

  • Enfado: sería la respuesta de lucha frente a la amenaza imaginaria
  • Ansiedad: sería la respuesta de huida frente al peligro imaginado
  • Tristeza: sería la respuesta de ocultación frente al peligro, con el que no puedo luchar y del que no puedo huir, por ser imaginario.

 

¿Cómo desencadeno el enfado?

el-enfado-en-psicologia-como-desencadeno-el-enfadoCuando interpreto que una situación, una persona o un grupo me están maltratando, es decir, cuando interpreto una exageración del trato injusto surge en mí el enfado con todas sus manifestaciones.

 

Con nuestro enfado, pretendemos imponer nuestros criterios e imponer un castigo al otro, al supuesto malo, al supuesto agresor. Nubla nuestra vista y nos tiñe de rojo nuestra mirada. Vemos todo a través de ese matiz, no somos capaces de ver con claridad y sólo somos capaces de enfadarnos y justificar nuestro enfado.

 

En la naturaleza, fuera del ser humano, no existe el enfado pues lo natural sólo sabe luchar, huir o esconderse para defender la vida frente al peligro real. La lucha se hace para sobrevivir y siempre sin enfado, pues al no existir el concepto de justicia ni sus derivados no se da el enfado como intento de castigo a la supuesta injusticia.

 

¿Cómo hacer para enfadarse?

Una fuente importante de enfado consiste en considerar que los demás tienen que comportarse como nosotros, y si no lo hacen es por maldad. Nuestros códigos de comportamiento no son universales ni conocidos por los demás, aunque nosotros consideremos que todos tenemos los mismos criterios o, al menos, que los demás conocen y aceptan los nuestros. Recordemos que somos semejantes, no idénticos.

 

Cuando estoy acusando a alguien de malo, culpable, injusto, el enfado me lo avisa. Probablemente, si cedo al enfado como emoción y lo desahogo desproporcionadamente, luego me daré cuenta de que ha sido excesivo. “La gente enfadada no puede crear un mundo pacífico” (Gregg Braden)

 

¿QUIÉN SUFRE DEL ENFADO?

El enfado sólo te perjudica a ti. Consideramos que el enfado es adecuado, aunque para mí es una emoción inadecuada y exagerada. Cuando exagero un maltrato o una injusticia entonces mi ser sabio interior me lo manifiesta con esa emoción que llamamos enfado.

 

Etimológicamente deriva del latín “in fatuus”: volverse necio. Y en verdad es la emoción más estúpida pues quien la padece es el único afectado por ella. A los supuestos injustos a los que pretendemos castigar no les influye en absoluto nuestra alteración emocional. Intentar sancionar al otro con nuestro sufrimiento es de los comportamientos más absurdos que realizamos los humanos.

 

Hay un dicho que dice « pues ahora me enfado contigo y no respiro ». Otro dice «Para que se fastidie el capitán, no me como el rancho ». Eurípides, hace dos mil quinientos años, ya afirmaba: «No hay que irritarse contra las cosas, pues a ellas les da lo mismo ». Cuando me enfado, el único perjudicado del enfado soy yo, porque al otro no le importa en absoluto. A mí me gusta este dicho que dice que “el enfado es como tomarse uno un veneno esperando que se muera el otro”.

 

SUPUESTOS BENEFICIOS DEL ENFADO

el-enfado-en-psicologia-supuestos-beneficios-del-enfado

El enfado, como emoción rápida, ingrata, intolerante y soberbia que es, lo solemos utilizar y justificar por ser una fuente de energía que nos da fuerza inmediata. Así, lo usamos para establecer nuestros límites frente a los demás o para poder saltarnos los de los otros.

 

A veces nos permite afrontar lo que tememos y pasar a la acción que era propuesta por miedo o pereza, salir de otros malestares como la tristeza o la ansiedad. También nos permite imponer a otros nuestro propio criterio de justicia, manipularlos con el enfado o con la amenaza de él: “si no haces lo que quiero me voy a enfadar”.

 

Algunas veces si no nos enfadamos nos sentimos débiles y vulnerables. También a través de él intentamos castigar a los “malos”, vengarnos de ellos. Conseguir que nos escuchen, atiendan y respeten. Sentirnos superiores o más valiosos. Asustar y así evitar confrontaciones. Mantener el control sobre nosotros mismos, castigarnos, etc… “Quien intenta imponer su razón con gritos suele ser porque cree no tenerla”.

 

CUANDO SUFRO, YO ME EQUIVOCO

Quizá sea el concepto más difícil de asumir respeto a la emoción del enfado pues el planteamiento social es diametralmente opuesto. La “santa indignación” siempre está justificada, al menos en apariencia.

 

Podemos llegar a admitir nuestra responsabilidad con respecto al origen de la angustia, quizá también de la tristeza, pero en el enfado “¡Esto ya es demasiado, encima de lo que me han hecho, voy a tener yo la culpa!”, me suelen decir en los grupos de terapia. Y suelo contestar “culpa no, pero sí eres responsable de tu enfado”. Mejorar supone darle la vuelta a muchos de los criterios usuales que mantenemos desde la infancia.

 

En realidad no hay nada que justifique nuestro enfado, que sólo es el aviso de un error propio y de una proyección por nuestra parte. Podemos aprender de él pero no justificarlo, pues nos condenaríamos a seguir repitiéndolo.

 

Para disminuir su frecuencia, lo primero que haría falta es quitarle su aceptación social como emoción bien vista y adecuada, retirarle el sentido de ser apropiado y justo del que lo hemos investido y aplicar grandes dosis de humildad y consciencia. ¿Qué intento conseguir con él, para qué me sirve en realidad? ¿Cómo he conseguido que me “maltraten” de esta manera?

 

ENFADO COMO EMOCIÓN SOBERBIA

Suelo decir en mis grupos de terapia que el enfado es la emoción más soberbia que existe. La llamo “lubricante 4 en 1”, porque el enfado es como un lubricante que echamos en todo aquello que no funciona.

 

Que no me atiende la camarera, que mi hijo no quiere estudiar, que mi pareja no me escucha: un poquito de enfado. Y lo llamo 4 en 1 porque, sin darme cuenta, cuando me enfado hago cuatro procesos rápidamente sucesivos: acuso, juzgo, condeno y castigo, al malo, al culpable, al injusto.

 

Se entiende que para poder hacer esos cuatro procesos, me tengo que poner por encima del otro, al que deshumanizo con mi enfado. Me estoy poniendo más arriba que el otro, lo estoy devaluando para yo parecer más grande.

 

Es decir, para que pueda acusar, tengo que ser superior. Para que pueda juzgar tengo que estar por encima. Para que pueda condenar tengo que ser más que el otro. Para que pueda castigar me tengo que atribuir unas facultades que me hacen estar por encima del otro. Eso es el enfado: desvirtúo las capacidades y las características humanas de los que me rodean cuando me enfado con ellos.

 

ENFADO COMO EMOCIÓN RETROACTIVADA

el-enfado-en-psicologia-los-demas-son-espejos-nuestrosEl enfado podríamos decir que es “de ida y vuelta” pues cuando se mantiene en el tiempo se debe a que revierte sobre quien lo genera. Ponemos en marcha un proceso circular en el que nos enfadamos con otro y a continuación con nosotros mismos. O bien nos hemos enfadado “contra” nosotros y acto seguido nos enojamos con el otro. Creamos así una espiral retroalimentada que se puede mantener a sí misma de manera indefinida.

 

¿A qué se debe? Pues a que considero que los demás son espejos nuestros. Entonces, cuando percibo en el otro algo que a mí me resulta muy desagradable, me está recordando que quizás yo también tenga esa característica. Aquellas características que rechazo en el otro, probablemente son las mismas que tengo rechazadas en mí: es lo que llamamos negación.

 

La negación

Consiste en negar características de uno mismo. Aquello que no admitimos que pueda ocurrir en nosotros mismos lo rechazamos. Lo eliminamos de nuestra consciencia como posibilidad propia y, con frecuencia, lo percibimos exagerado en el entorno, como algo molesto e inadmisible de los demás.

 

Lo que más rechazamos y odiamos de los otros suele ser lo que no aceptamos en nosotros, lo que tenemos negado. No quiere decir que lo poseamos, sino que rechazamos la posibilidad de tenerlo. Si alguien odia a los homosexuales, rechaza la temida posibilidad de serlo él. No quiere decir que sea homosexual, sino que lo es en potencia, como todos los humanos, aunque lo niegue en sí y por ello lo resalte fuera.

 

Por eso, una forma de crecimiento sería ayudarse gracias a los demás, al observar lo que nos molesta de ellos. Los problemas de relación con el entorno son llamadas de aviso para que miremos en nuestro interior, pues ahí hay bloqueos. Los otros nos permiten aprender características propias que desconocemos. Quien asimila sus negaciones acepta sus capacidades, deja de odiar y es más libre. “Cuando veas a un hombre bueno, piensa en emularlo; cuando veas a un hombre malo, examina tu corazón” (Confucio)

 

SOMATIZACIONES DEL ENFADO

Ya hemos hablado en otro artículo de lo que son las somatizaciones. El enfado es una emoción destructiva que deteriora mi cuerpo y que altera todas mis funciones. La ansiedad y la tristeza desgastan pero no matan. Se puede vivir cien años con ansiedad y se puede vivir más años todavía con tristeza, pero el enfado es la única emoción que rompe los órganos. “Si no exploto, imploto”.

 

Esa energía, aunque real pues deriva del esfuerzo de lucha para salvar la vida, es muy costosa y nuestro deterioro en esta reacción de ataque es elevado. Toda lucha, interna o externa, conlleva un gran derroche de energía que puede llegar al agotamiento y abandono de la actividad.

 

Puede inducir un infarto y reacciones alérgicas y autoinmunes. Se deposita en forma de arenilla en las articulaciones, generando artritis y artrosis. Produce depósitos calcificados en las arterias, nódulos de cualquier localización, gota… Produce contracturas musculares y cálculos en la vesícula. Se deposita en las articulaciones en forma de cristales de ácido úrico, en forma de cristales en el riñón y en la vesícula biliar, que pueden producir cálculos biliares.

 

Por ejemplo, el sistema inmunitario no sabe que la culpa, propia o la de los otros, es sólo un mecanismo social ficticio, sin base real, que se mueve por las emociones. Nos defiende del supuesto ataque o maltrato de otros (alergia) o de una parte de nosotros mismos (procesos autoinmunes), ataca o nos ataca intentando liberarnos de esa supuesta agresión.

 

Nos comportamos como el acero, al que considero un hierro “cabreado” (enfadado) a base de calentarlo y enfriarlo muchas veces, de manera que se pone más duro, rígido y cortante, menos flexible, como nosotros enfadados. Por eso nuestros métodos se basan en renunciar al combate (no lucho, no huyo; nadie me ataca), en establecer alianzas, ante todo con nosotros mismos, en nuestro interior, en lugar de pelearnos con los demás o con esas partes nuestras a las que no conocemos ni comprendemos. Establecer esta alianza interna nos facilita intentarlo en otros ambientes: pareja, amigos, trabajo, etcétera.

 

PARA DESAHOGAR EL ENFADO

el-enfado-en-psicologia-para-desahogar-el-enfado

Una vez producido el error en el pensamiento y aparecida la emoción enfado, lo más sano es su evacuación. Como hemos visto, como toda turbación desagradable, si no se exterioriza se queda dando vueltas en el cuerpo y puede terminar por somatizarse.

 

Los desahogos de la emoción pueden ser más o menos violentos y agresivos, desde gritar o golpear como en la práctica de algunos deportes (tenis, futbol, etcétera), hasta hablarlo o escribirlo. Incluso puede ser útil la venganza o el castigo al “malo” a nivel imaginario, como hacíamos con frecuencia en la infancia.

 

Lo ideal sería no fabricarlo, alejar de nosotros el juicio y la crítica, pues así no precisaríamos desahogarlo, proceso muy dificultado en esta cultura que lo justifica y considera como adecuado, dada la importancia social que se le otorga. “Está bien desahogarse, y es mucho mejor no ahogarse”.

 

EL ENFADO EN PSÍCOLOGÍA: LA EMOCIÓN MÁS DIFÍCIL DE RESOLVER

El enfado y sus derivados son las emociones más dañinas que existen. Para mí, no sólo son la base de las otras dos: ansiedad y tristeza son una consecuencia del enfado que está retenido debajo de ellas, sino que además, cuando resolvemos la ansiedad y la tristeza, emerge, surge el enfado que estaba debajo.

 

Trabajar con el enfado para mí es la base del trabajo con las emociones, es la fundamental. Es la emoción más difícil de resolver, la última en desaparecer, después de haber aminorado la angustia y la tristeza, pues marca el error de interpretación del comportamiento propio o ajeno como injusticia o maltrato.

 

Hemos desarrollado una vídeoterapia completa en 37 sesiones que ofrece conceptos y técnicas de fácil aplicación y eficaces. Gracias a ellas podrás entender el funcionamiento de tu mente y resolver cualquier tipo de trastorno emocional (ansiedad, tristeza y enfado), así como trastornos obsesivos, alteraciones sexuales, problemas de relación… Accede a ella pulsando la imagen debajo:

videoterapia-guia-hacia-el-bienestar-formacion

    2 respuestas a "El enfado en psicología: Una emoción desconocida y dañina"

    • Brigitte

      Hola Julio,
      Me han encantado tus videos sobre el enfado,
      Me he visto reflejada en ellos…
      Intento con la meditación aminorar esta emoción, en el momento me siento mejor persona me voy dando cuenta que en el fondo no ha desaparecido…. Y me enfado conmigo por ser una torpe y no conseguirlo o me desánimo….
      Será que conviene también utilizar un golpe de elástico en la muñeca para pararle y luego registrar ?
      Un saludo

      • Julio

        Buenas tardes, querida Brigitte:
        Espero y deseo que te vaya muy bien.
        Si te enfadas por enfadarte, recuerda que te condenas a repetir el error de juzgarte.
        Intenta tratarte con RESPETO, según el modelo que ya conoces y puedes recordar en Miedo al Bienestar.
        Un abrazo y hasta pronto

¿Te ha gustado el artículo?

Deja tu comentario