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CÓMO NOS SENTIMOS CUANDO ESTAMOS ENFADADOS

Cuando hablamos desde el enfado, nos sentimos con la verdad, con poder… pensamos que tenemos “más» razón que la otra persona. Es como si las dudas se disipasen, y tuviéramos muy claro lo que queremos. Nuestra opción es la acertada, y el otro se equivoca. Además de ser una emoción destructiva, el enfado en las relaciones de pareja conlleva desconfianza.

 

El enfado nos sitúa en posición de defensa-ataque. Lo que nos digan da igual. No lo solemos escuchar para entenderlo. Lo oímos… pero no lo escuchamos. Y si nos quedamos con algo sólo es con aquellas partes que nos interesan para situarnos más en nuestra posición, o para generar datos para rebatir lo que nos están intentando explicar. Con la complicación de que cuando uno se enfada con otro, suelen terminar enfadados los dos y discutiendo.

 

EL ENFADO Y LA MANIPULACIÓN

Estamos en una sociedad en la que cuanto más te enfadas mejor. Parece que nos han enseñado que eso es “tener carácter». Pero yo creo que no es cierto. Para mí significa tener mal carácter. En un enfado dentro de una discusión, normalmente “el otro me enfada» con su comportamiento. “¿Cómo no me voy a enfadar? ¡Con lo que me ha dicho/hecho!”

 

Y entonces, con mi enfado, a veces le “castigo» por su comportamiento. No le dirijo la palabra, me pregunta pero contesto “no me pasa nada…” pero eso sí, que se note el enfado. Amenazamos con cosas que vamos a hacer a partir de ahora, y cuanto más drásticas, mejor. Así se nota la intensidad de mi enfado. Y todo esto, porque el otro se ha “portado mal conmigo”, es decir, no ha hecho lo que yo quería que hiciera.

 

Así, utilizamos el enfado en las relaciones de pareja para que el otro cambie su comportamiento, su actitud, su forma de pensar, o se sienta mal por eso que ha hecho o dicho. Intentamos generar una superioridad ante el otro. Pero podemos hacer que el otro tome ese papel de inferior y asuma “eso de lo que le estamos haciendo culpable» para que cambie y haga lo “adecuado para mí», o bien puede enfadarse con nosotros y generar enfado también, creando un conflicto y discusión para ver quién tiene razón.

 

QUÉ CONSEGUIMOS CON ENFADO EN LAS RELACIONES DE PAREJA

En la realidad, desde el enfado no conseguimos comunicación útil. No solemos escuchar al otro. Sólo nos escuchamos a nosotros. Escuchamos nuestras razones. No entendemos que el otro puede tener un punto de vista distinto, pero que aún siendo diferente, puede que sea viable para él.

 

También desde el enfado queremos imponer nuestro criterio porque es el único válido. No escuchamos otros posibles puntos de vista. Desde la tranquilidad sí. Hay escucha y hay entendimiento.

 

REALMENTE ES ÚTIL EL ENFADO?

es-util-el-enfadoDespués de la discusión, de la pelea, del enfado, ¿cuántas veces nos arrepentimos de lo que hemos dicho? Lo pensamos con la cabeza fría, desde la calma y eso que parecía tan claro y tan evidente, esa opción que hace nada parecía la única, ya no está tan clara. De hecho, ahora, cuando hablo con el otro y me intenta explicar su criterio, no suena tan descabellado, incluso parece muchas veces coherente.

 

Desde el enfado sólo conseguimos pelea y destrucción. Desde la tranquilidad conseguimos llegar a entendimientos, a acuerdos. Nos escuchamos para entendernos. Para “construir». Así que, en la realidad, además de para generar distancia, pelea, y tener la sensación de que “tengo razón» ¿para qué sirve el enfado?

 

CÓMO ELIMINAR EL ENFADO EN LAS RELACIONES DE PAREJA

Desde el enfado no es buen momento para hablar cosas importantes. Desde ese estado emocional no es útil la comunicación. Es mejor darse un tiempo para tranquilizarse, y en vez de mirar lo que ha hecho mal el otro, podemos intentar pararnos e intentar ver ¿qué he hecho yo para que esto se produzca? ¿y si en vez de intentar cambiar al otro, me paro para ver qué puedo cambiar yo?

 

Así, cuando vaya a hablar el otro, a lo mejor puedo ponerme en su lugar, y aunque no comparta su criterio, puedo entenderle, y plantear cambios en mí y en el otro, pero no impuestos por la otra parte de la pareja, sino por mí mismo.

 

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