LA ENFERMEDAD COMO ALIADA

Todo lo que sucede en un ser humano tiene una intención beneficiosa, incluidas las enfermedades, los accidentes, las broncas, las peleas… ¡Todo! Cualquier comportamiento de un ser humano, en principio, tiene una intención beneficiosa.

 

Se nos olvida o no creemos que exista este sentido beneficioso. Por eso recuperar la intención primera algunas veces nos ayuda a resolver eso que llamamos “problemas”, que no son tales problemas sino ayudas. La enfermedad es la forma que tiene la Naturaleza de ayudar al ser humano a resolver sus conflictos y problemas.

 

ACCEPTAR LA ENFERMEDAD

La enfermedad te avisa“¡Qué mala suerte tengo!“ ¿Por qué me ha tocado a mí?” “¡Será castigo de algo, será que no me merezco la salud!” Estos ejemplos son pensamientos inadecuados. Es lo que nos han enseñado a hacer, porque nos han contado, por ejemplo, que un cólico es una desgracia. Y no lo es.

 

Es un aliado que te avisa para que puedas vivir mejor tu futuro. La interpretación que me parece adecuada es admitir la posibilidad de que esto  sea para tu beneficio posterior, que pueda ser una  vía de crecimiento.  La medicina oficial va por un camino y lo que estamos planteando es ir por otro, aunque sean caminos complementarios.

 

Vamos a utilizar el ejemplo de una persona que tiene grandes dolores de espalda desde hace dos años, y que toda la medicina oficial -y lo ha recorrido todo- no es capaz de atenuar, de mitigar o de eliminar. Puede que de repente una parte de esta persona se revele y diga: “mira, no vas bien, estás destinado a otras cosas, puedes vivir de otra manera.” Pues estoy convencido de que un dolor de espalda mantenido durante dos años supone la posibilidad de hacer grandes cambios.

 

Una de las cosas que aprendí en mis estudios de Medicina es “no elimines nunca el dolor si no sabes qué hay debajo”. He visto morirse gente por llegar con una apendicitis y darle un analgésico. Entonces, es importante no sólo tratar el dolor, la fiebre, los síntomas… sino buscar de dónde proceden.

 

EL SUFRIMIENTO NOS SIRVE PARA APRENDER

Vamos a seguir equivocándonos mientras estemos vivos. Lo que ocurre es que no tenemos por qué estar repitiendo siempre el mismo malestar, el mismo error. El sufrimiento desde mi punto de vista nos sirve para aprender.

 

Es decir, sufro para dejar de sufrir. No sufro para hacer méritos, ni para pagar ninguna pena, no sufro como castigo en absoluto. Creo que los seres humanos somos casi perfectos, somos una obra maravillosa, y no puedo admitir que el sufrimiento cumpla ninguna de esas funciones.

 

Para mí el dolor sólo es el aviso de un error, que puedo atender o no atender, que puedo escuchar y hacer caso e investigar o dejar que pase. ¡Y tengo derecho a hacerlo como me dé la gana! Tengo pacientes que acuden a mi consulta con mucho entusiasmo, con mucho interés, y creo que una parte de ellos sí está muy interesada y muy implicada en aprender a escuchar sus dolores, sean físicos o emocionales, y otra parte tiene miedo por el cambio que supone. Hay resistencias a hacer esos cambios, esos procesos.

 

EL ENFADO ESTÁ EN EL FONDO DE MUCHAS SOMATIZACIONES

EL CONCEPTO DE SOMATIZACIÓN

La somatización es un conjunto de síntomas físicos que producen malestar y que no pueden ser explicados médicamente a partir de una revisión del cuerpo. Es decir, que allí donde hay una somatización hay problemas relacionados con el dolor y el malestar a los que no se les puede encontrar una causa a partir de un examen médico.

 

ESCUCHAR AL DOLOR

Aprender a escuchar sus dolores no es una labor sencilla, es muy difícil. Para mí el enfado está en el fondo de la mayoría de las somatizaciones. El enfado es la emoción más difícil de abordar porque da fuerza, es la emoción más energética porque es la derivada de la lucha frente a la amenaza.

 

Lo que ocurre es que esa fuerza siempre está dirigida contra mí mismo. Es decir, quién paga el pato son mis seres queridos con los que me enfado habitualmente, o en última instancia mi cuerpo, donde se manifiesta en procesos inflamatorios, cálculos, etc…

 

ATENDER A SU ENFADO Y SU ENFERMEDAD

Aprender a escuchar a su dolor y su cuerpo

Es importante dedicar un poco de tiempo a escuchar a estos enfados, a ver que hay ahí debajo, saber con qué estás enfadado. Porque si crees que es por tu naturaleza o que estás mal hecho, eso es una forma de echar balones fuera y no aprender.

 

En el momento en que culpas a los demás o te culpas a ti, a tu naturaleza perversa, no estás aprendiendo. Conviene atender a tu parte más sabia que te está avisando de que es conveniente hacer un cambio en el rumbo de tu vida,  de tu planteamiento vital. Que estás capacitado para hacerlo, y que mientras no introduzcas alguna variación, vas a seguir teniendo el aviso de que es inadecuado. Puedes aprender a escuchar a tu dolor, a atender a la parte de tu cuerpo que te duele.

 

¿Qué me está diciendo esa parte de mi cuerpo? ¿Qué me está diciendo este dolor? ¿Qué me pretende transmitir? ¿Para qué mantengo este dolor? ¿Qué sentido tiene esto? ¿Cómo justifico mi dolor? ¿Que estoy haciendo con este dolor? ¿Qué estoy consiguiendo o intentando conseguir?

 

Son muchas preguntas y muy difíciles, y están sin contestar. Las respuestas las tienes tú y sólo tú. Entonces, esto es un camino para buscar respuestas. Y desde luego está a tu alcance, no es algo imposible. Plantéate que lo que te está pidiendo tu parte más sabia es que hagas cosas que crees que no sabes y no puedes hacer. Y sin embargo tu parte sabia está convencida que sabes y puedes.

 

MOLESTIAS NATURALES Y DESGASTE POR ENFADO

LA EDAD

Desde  que  somos  pequeñitos  estamos  haciendo  cambios.  Al  principio  unos  cambios  en  el crecimiento, y luego unos cambios en el decrecimiento, y eso forma parte de la vida y es gozoso. Hay un dicho que dice que “si a partir de los cincuenta años un día te despiertas y no te duele nada es que te has muerto”. Esas molestias, esas incomodidades propias de ir cumpliendo años y las ventajas de cumplirlos están perfectamente compensadas.

 

LA MENOPAUSIA

También  la  mujer  que  se  pelea  con  la  menopausia  tiene  un  conflicto,  pero  esos  cambios  son normales. Cuanto más te opones a ellos y más pretendes seguir manteniendo una juventud indefinida, más dolor vas a tener a todos los niveles, por tu enfado y tu oposición.

 

En nuestro ejemplo del dolor de espalda mantenido durante dos años estamos hablando de una cosa muchísimo más profunda, que es de un enfado profundo consigo mismo. O una manifestación que no está justificada, y que no está justificada por desgaste, ni por envejecimiento, ni por experiencia, sino porque la persona lleva un enfado desproporcionado. No es un desgaste natural, sino que es una oposición frente a una situación distinta.

 

EL DOLOR ES LA MANIFESTACIÓN DEL ERROR

El síntoma nos manifiesta lo que no queremos ver. El síntoma no es caprichoso, generalmente está diciéndonos lo que nosotros no queremos escuchar. Está mostrándonos lo que no queremos saber. En la investigación, en el hecho de preguntarle a mi espalda qué me quiere decir, conviene considerar que mi dolor de espalda es mi aliado y mi mejor amigo. Porque es el único órgano que cuando los demás se callan este sigue diciéndome “te equivocas”.

 

Esto es lo que está haciendo el síntoma. Entonces, creo que es muy importante tener en cuenta que el dolor no es sólo un aviso. Es un aviso y además es un desahogo. Cuando cojo un catarro, me está avisando de que he cometido un error, que puede ser físico o psíquico.

 

Además,   a   través  de   los   mocos,   está   sacando   esa   manifestación,  ese   conflicto. Está disminuyendo el problema interno. No lo está resolviendo, lo está desahogando. Y también tiene una simbología: Me está preguntando: “¿De qué o de quién estoy hasta las narices?”.

 

SOY RESPONSABLE DE LO QUE ME OCURRE

No soy una víctima pasiva de ese dolor, de ese constipado o de esa gripe. Soy un elemento activo, por eso me gusta decir que “si no soy responsable, soy víctima”. Y como no me gusta ser víctima, prefiero ser responsable, hasta sus últimas consecuencias, aunque no entienda, aunque no sepa qué es lo que sucede.

 

Yo soy responsable de todo lo que ocurre en mí, sean dolores de espalda, sean jaquecas, sea lo que sea, y es una vía que podemos usar o no usar. Pero que está ahí, son avisos para nuestro crecimiento. Desde nuestro punto de vista, dolor físico y mental tienen un significado similar pues hay una unidad cuerpo- mente, con la que trabajamos. Es el continuo psico-somático y somato-psiquico, el concepto holístico del ser humano.

 

Por ejemplo, una piedra en el riñón no es que esté intentando resolver un problema mental, es un problema del ser humano, cuerpo-mente, que se materializa como un cálculo renal. No estamos hablando de que la mente me produzca enfermedades. El cuerpo lo que intenta es avisar, resolver y evacuar conflictos de la mente-cuerpo, de esa unidad que somos y que no se puede dividir.

 

Puedes vivir perfectamente otros cincuenta años con el dolor y puede terminar aguantándose el dolor, resignándose, pero yo creo que es lo peor que se puede hacer en esta vida. Porque lo que pasa es que la calidad de esos cincuenta años probablemente deje mucho que desear. ¡Tú puedes estar mejor en tu vida!

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