LAS FOBIAS, EL PÁNICO  Y EL MIEDO

El pánico

El pánico, cuando tiene motivos, es un mecanismo de autodefensa. Pero si es infundado crea grandes problemas. Hay personas a las que les es imposible viajar en avión, otras se dejarían matar antes de hablar en público. Hay quien no soporta la presencia de un perro, algunos no pueden estar en la habitación con la puerta cerrada, ni subirse en un ascensor. Otros se ponen enfermos en cuanto ven una pequeña aglomeración y prácticamente todos van limitando su vida y sus actividades con tal de no enfrentarse a estas situaciones.

 

No se trata – como ellos mismos piensan – de bichos raros, ni de enfermos mentales, ni de inadaptados. Son personas que tienen un problema muy concreto que se define perfectamente en los libros de psiquiatra: padecen ataques de pánico y pueden llegar a desarrollar una fobia.

 

El miedo

El miedo, – en su justa medida – es necesario para la supervivencia, pero cuando el mecanismo de autodefensa se estropea y la persona empieza a sentir pánico ante objetos o situaciones intrínsecamente inofensivas o sin causa aparente, su vida se ve seriamente afectada por este problema.

 

La fobia

La fobia en el fondo no es otra cosa que un miedo terrorífico, desproporcionado y persistente a sufrir un ataque de pánico. La persona es incapaz de sobreponerse a él, a pesar de reconocer que es absurdo, y hace lo que sea (en ocasiones cosas francamente peligrosas) con tal de no pasar por ese trance.

 

¿CÓMO NACE UNA FOBIA?

El pánico no es sólo un sentimiento de angustia, sino que se presenta asociado a una serie de síntomas físicos muy desagradables. En cuestión de segundos, la persona aterrorizada se ve atormentada por:

  • Una sensación de ahogo
  • Fuertes taquicardias
  • Temblores
  • Mareos
  • Disnea
  • Palpitaciones
  • Dolor o malestar precordial
  • Parada respiratoria o sensación de ahogo
  • Opresión y dolor en el pecho
  • Vértigo o sensaciones de inestabilidad
  • Sentimientos de irrealidad, parestesias
  • Oleadas de calor o de frio
  • Sudoración
  • Debilidad
  • Temblor y estremecimiento.

 

La respiración se vuelve muy rápida y entrecortada y esto a veces produce calambres en las extremidades. El ataque culmina en una auténtica angustia vital: miedo a volverse loco, a perder el control e incluso, a morir…

 

Todo el mundo ha sentido alguna vez uno o varios de estos síntomas; por lo tanto, para distinguir las manifestaciones del miedo normal de las que caracterizan a una fobia, se han establecido unos límites. Para que exista realmente un problema, la persona debe padecer al mismo tiempo, y sin que exista motivo evidente, al menos cuatro de estos síntomas. A esto se le llama crisis o ataque. Y estas crisis han de ser al menos cuatro en un periodo de un mes o varias muy seguidas en el tiempo.

 

Pero hay que descartar también la posibilidad de un problema orgánico como el hipertiroidismo; de una intoxicación con anfetaminas, o cafeína, y de un trastorno metabólico, como el síndrome de hiperventilación. Todos presentan unos síntomas prácticamente idénticos a los del ataque de pánico.

 

UN PROBLEMA CON VARIAS CARAS

Existen infinidad de fobias distintas, pero todas ellas tienen la misma raíz: un trastorno de angustia, que a cada persona se le manifiesta de una forma diferente. Dependiendo de la gravedad se ha establecido, a nivel mundial, una clasificación que las divide en agorafobia, fobias sociales, y fobias simples.

 

Agorafobia

La agorafobia se caracteriza por un miedo incontrolable a encontrarse en lugares públicos de los que difícilmente se puede escapar u obtener ayuda en caso de incapacitación súbita. Su gravedad estriba en que impide al sujeto llevar una vida normal.

 

Todo empezó hace cuatro años, cuando acompañé a mi marido a un campo de futbol”. Rosa M., actualmente en proceso de recuperación, nos cuenta su experiencia. “De repente, al verme rodeada de tanta gente, pensé qué sucedería si me pasara algo y tuviera que salir corriendo. En ese momento comenzó la angustia. Me faltaba el aire, el corazón parecía que iba a salírseme por la boca, me temblaban las manos y poco me faltó para perder el conocimiento. Otro día me volvió a pasar en las rebajas de un gran almacén y a la semana siguiente en el cine. Cada vez que salía de casa sentía pánico pensando que se repitiera aquello. Al final llegué a la conclusión de que lo mejor era no salir”.

 

Fobias sociales

Son aquellas en las que la persona siente pánico a enfrentarse a situaciones en las que es objeto de atención por parte de los demás. Teme hacer alguna cosa o actuar de forma que pueda resultarle humillante. Entre las más comunes se encuentran la de hablar en público, comer delante de gente o escribir en presencia de alguien. Este tipo de trastorno no incapacita al sujeto para llevar una vida normal, pero sí repercute negativamente en su actividad profesional.

 

Fobias simples

Son las más comunes y, dependiendo del objeto fóbico, las más leves. Los síntomas son los mismos que en los dos casos anteriores, pero sólo se manifiestan ante algo muy concreto: la oscuridad, las serpientes, las enfermedades, los espacios cerrados, la altura, un color determinado, etcétera…

 

Se considera que este trastorno es menos grave, ya que el miedo se circunscribe a un solo elemento que normalmente es más fácil de evitar. Si la persona tiene miedo a las serpientes y vive en una gran ciudad, este problema apenas le causará incomodidades. Claro que si lo que le aterroriza son los perros, o el color rojo, su vida se verá afectada seriamente.

 

La fobia simple y la fobia social pueden darse conjuntamente y ambas pueden estar también asociadas a una agorafobia. En general, ya que la raíz del problema es un trastorno de ansiedad, el que padece una fobia puede llegar a tener más, a medida que aumenta el nivel de ansiedad.

 

SÍNDROME DE HIPERVENTILACIÓN

Es un trastorno metabólico que se produce a causa de un exceso de calor, un ejercicio físico muy fuerte o un esfuerzo exagerado. Se inicia con sensación de ahogo, y la persona, para tratar de mitigarlo, respira muy deprisa y superficialmente. Este tipo de respiración introduce poco aire en los pulmones y elimina mucho anhídrido carbónico.

 

Este compuesto mantiene la acidez de la sangre, y al disminuir su proporción,  se produce en el organismo una alcalosis. El cuerpo, para subsanar este desajuste, acelera el latido del corazón y todo ello da lugar a hormigueo en las extremidades, temblores e incluso mareos.

 

El sujeto se siente muy mal y llega a pensar que le está dando un infarto, lo que agudiza su angustia. Todo el proceso dura sólo unos minutos, pero terribles. El método clásico para superarlo es respirar lentamente, tratando de llevar el aire hacia el bajo vientre o respirar echando el aire en una bolsa de plástico y tomándolo nuevamente de allí, así se aspira el propio anhídrido carbónico y la alcalosis se detiene.

 

FOBIA Y ANSIEDAD

En general las crisis de ansiedad duran minutos y más raramente horas. Junto a la expresión somática vegetativa (la angustia propiamente dicha) hay otra expresión psicológica, que sería la ansiedad.

 

Una complicación frecuente de estas crisis es el desarrollo de una ansiedad anticipatoria.  Se trata de un miedo anticipatorio de desamparo o de pérdida de control durante las crisis de angustia, por lo que el individuo se hace reticente a quedarse solo o a estar en lugares públicos lejos de casa.

 

Sin embargo, esta diferenciación de agorafobia con y sin ataques de pánico no está tan clara; para mí, esta distinción resulta muy difícil, porque, si bien para algunos fóbicos el trastorno empieza con un ataque de pánico, hay otros fóbicos que aunque no llegan a tener un ataque de pánico tienen una angustia que alcanza tales niveles que sería muy difícil distinguir si es un ataque de pánico o no lo es.

 

CAUSAS DE APARICIÓN DE LA FOBIA

La mayoría de los pacientes que vemos manifiestan la angustia en un área del cuerpo. Con frecuencia estas personas piensas que están enfermas, y no de gripe precisamente, sino de cáncer o de leucemia.

 

Cuando deciden que han enfermado no se cogen una enfermedad pequeñita, siempre es algo gravísimo. Empiezan a ir al especialista porque se encuentran dolores o molestias en algún sitio, y así están rotando de médico en medico sin que se les descubra nada, ya que lo que tienen es un objeto fóbico, que es un órgano enfermo imaginado. Entonces, la vida del paciente empieza a girar en torno a ese objeto fóbico, de ese órgano.

 

Agorafobia

Muchas veces el trastorno se inicia con una taquicardia o con un mareo, por ejemplo, en la peluquería o en la cola del mercado. Después se va generalizando y se presenta en otros lugares: en los grandes almacenes, en el metro y en el autobús, etcétera.

 

Progresivamente, este tipo de fobia –que sería una agorafobia- se va generalizando, y a lo mejor solamente puede cruzar las dos calles que rodean a su casa, pero ya no puede salir de allí. Están como encerrados en una cárcel.

 

En la mayoría de los casos el sujeto no recuerda cómo ni cuándo empezaron sus problemas y, por supuesto, mucho menos por qué. Algunos psicoanalistas supeditan la existencia de las fobias a los miedos infantiles, afirmando que el objeto fóbico (aquel que produce el pánico) no es más que una verdad a medias, ya que lo que realmente aterroriza a la persona es un episodio olvidado de su vida, que asocia directamente con él.

 

Es decir, si existe, por ejemplo, un pánico al color rojo, puede ser que la mente haya sepultado un recuerdo sumamente doloroso en el que la sangre era la principal protagonista.

 

Rabia y angustia acumuladas en el cuerpo

Otras causas que apuntan los especialistas pueden ser vivencias penosas de separación o incapacidad para afrontar la ira, la tristeza o la impotencia. Estos sentimientos de rabia, angustia o frustración no liberados se van acumulando durante años, hasta que un día se descargan en forma de ataques de pánico.

 

El desencadenante de este proceso no es conocido, pero sí se sabe que determinadas circunstancias favorecen el estallido. Casi siempre, el primer ataque de pánico surge cuando la persona está pasando por un estado de desequilibrio físico o psíquico: depresión, falta de sueño, agotamiento, fiebre, etc…

 

Síndrome de hiperventilación

Otra causa posible de la aparición de la fobia puede ser el síndrome de hiperventilación. Ya hemos dicho que este trastorno metabólico tiene unos síntomas prácticamente idénticos a los de un ataque de pánico, aunque se origina por una causa puramente física. Pues bien, si el sujeto asocia su malestar con el lugar en el que lo ha sentido o con una situación concreta, puede llegar a la errónea conclusión de que es eso lo que le produce la angustia.

 

Hace ocho años tuve mi primera crisis, cuando estaba subiendo un monte durante una excursión”. Carlos M. nos cuenta cómo empezó su calvario. “No había comido nada en todo el día, hacía mucho calor y de repente me sentí infinitamente cansado. Me paré y empecé a jadear. Sentía que me faltaba el aire y me dió una taquicardia, al tiempo que se me nublaba la vista. Volví a casa como pude, y a partir de ese día, cada vez que planeaba salir fuera de la ciudad me ponía malo, pensando que me podía volver a pasar lo mismo. Después la cosa se fue agravando hasta que me negué en rotundo a salir de casa”.

 

LA FOBIA, UN ERROR QUE SE CORRIGE

Existen diversas terapias para tratar de curar una fobia, o sin llegar a ese extremo, los desagradables ataques de pánico.

 

El psicoanálisis basa sus tratamientos en la investigación de la causa remota que puede estar originando el problema. Se revive la historia del sujeto, sobre todo su infancia, hasta dar con el hecho traumático – olvidado a nivel consciente – que años más tarde parece ser la causa de las crisis.

 

Por su parte, otra rama de la psicología, el conductismo, intenta eliminar el problema enfrentando poco a poco a la persona a su objeto fóbico, siempre con la supervisión del terapeuta y en dosis pequeñas y progresivas.

 

NUESTRA FORMA DE TRABAJAR

Por último existe otro tipo de terapia llamada psicopedagogía (ver artículo “Formación GUIA HACIA EL BIENESTAR – Cómo disminuir el sufrimiento emocional e instalarse en el Bienestar), que auna varias técnicas distintas. Mi teoría es que la persona que tiene una fobia piensa erróneamente ante determinadas situaciones, por eso no hablo de curar, sino de corregir un error.

 

Si detecto que existe un alto grado de ansiedad, lo primero que hago es recetarle ansiolíticos a mi paciente. Pero eso no soluciona nada, sólo consigue tranquilizarle y permitirle controlar su miedo químicamente. El segundo paso es la relajación (Puedes leer nuestro artículo sobre nuestra técnica de Relajación Creativa aquí). Tratamos de enseñarle a que consiga mediante su fuerza de voluntad el mismo efecto que con las pastillas. Este proceso dura aproximadamente un mes, siempre que la persona realice los ejercicios dos o tres veces al día. El fin es conseguir que se dé cuenta de que cuando está relajado el objeto fóbico no tiene poder.

 

El último paso, que dura algunos meses (pero ya sin tanta angustia), consiste en corregir el error de pensamiento. Que él mismo sea capaz de ver que está equivocado cuando piensa que el ascensor produce angustia o que la oscuridad es peligrosa. En lugar de imaginar que el avión se va a caer, o que la multitud va a pisotearle, debe tratar de tranquilizar su organismo y pensar positivamente.

 

MIEDO DE LOS FAMOSOS

Sin llegar a padecer una auténtica fobia, algunos personajes famosos sienten verdadero terror ante las cosas más inverosímiles. A muchos de nuestros actores y políticos les da pánico el avión, incluso algunos se niegan en rotundo a subir a uno.

 

Jane Fonda tiene terror a la oscuridad y duerme siempre con la luz encendida. Clint Eastwood, el duro de las películas, sufre ataques de pánico ante las ratas. Joanna Woodward, la esposa de Paul Newman, siente horror ante la velocidad, no puede pasar de cuarenta kilómetros por hora. Carmen Llera, casada con Alberto Moravia, padece verdadera angustia al encontrarse en una isla, y el intrépido John Wayne tenía pánico a los elementos de la naturaleza: el agua, el fuego y el viento.

¿Te ha gustado el artículo?

Deja tu comentario