Calla la música, el presentador anuncia el siguiente número del programa y ruega el mayor silencio. Con aire misterioso hace su aparición en escena un hombre de ojos penetrantes y turbante enjoyado, es el hipnotizador. Se aproxima a su ayudante, que suele ser una mujer, realiza algunos pases mágicos y ella, rendida ante su poder, cae en trance.

 

Ésta es una de las imágenes que la mayoría de nosotros tenemos de la hipnosis. La otra es la idea de que se trata de algo misterioso, relacionado con las ciencias ocultas y lo desconocido. Y ambas provienen de la deformante utilización que el cine, la literatura y el teatro han hecho de esta técnica, falseando incluso sus efectos, sus aplicaciones y sus mecanismos.

 

HIPNOSIS, UNE CIENCIA MILENARIA Y ACTUAL

Ha suscitado siempre polémicas apasionadas, en las que sobresalían la manipulación de la mente y las implicaciones éticas que su práctica puede presentar. A pesar de sus detractores, eminentes especialistas usan la hipnosis para llevar a cabo curaciones.

 

La hipnosis está vinculada con el poder de sugestión que forma parte de nuestra propia mente, por lo que es una de las manifestaciones de la naturaleza humana. Sus orígenes los hallamos entre los pueblos primitivos, quienes a través de la danza y los tambores se insensibilizaban colectivamente al dolor. El sonido reiterado del obsesionante tambor, a un ritmo progresivo, logra inducir estos estados.

 

Resulta probable que en ella colabore, además del contagio colectivo, algún mecanismo de tipo fisiológico, como el cambio de respiración, a lo que ayudarían también los movimientos de la danza. Son precisamente los bailarines los primeros en mostrar los síntomas del estado de éxtasis, que después podrán contagiar, o no, al resto de los asistentes.

 

No hay que olvidar que en el estado hipnótico existen varios grados de potencialidad, y los efectos que se obtienen en la práctica de cada uno de ellos pueden ser diferentes: Como la autohipnosis que practicaban los ascetas, lo que les permitía caminar sobre carbones encendidos o espadas puntiagudas.

 

Estos fenómenos crearon en torno a la hipnosis un halo de misterio y confusión, que le hizo ser identificada en ocasiones con rituales de magia negra. También el mundo del espectáculo contribuyó a esa complejidad de opiniones y la gente temió ser dominada y perder su autocontrol, a manos del mago que veían en la figura del hipnotizador.

 

QUÉ ES Y CÓMO FUNCIONA

La palabra hipnosis viene del griego “Hypnos” que significa sueño, pero es mucho más que eso. Se trata de un estado de consciencia especial en el que disminuye la vigilancia periférica, al tiempo que se agudiza extraordinariamente la atención y la concentración.

 

El encefalograma de las personas en trance hipnótico revela que su cerebro se encuentra en un estado similar al que se produce durante el sueño REM, es decir, cuando el individuo está soñando. Todos los músculos de su cuerpo, a excepción de los de la nuca y los ojos, están relajados.

 

Esto demuestra que la persona se encuentra en una situación de intensa atención interna, mientras que el entorno deja de tener importancia. A esto se debe que la mayoría de las personas hipnotizadas pierdan durante el trance el sentido del tiempo.

 

Ahora bien, aunque sabemos, más o menos, lo que ocurre durante la hipnosis y cómo conseguir este estado de consciencia, lo cierto es que el mecanismo por medio del cual se produce esta peculiar forma de relajación entre dos individuos aún es un misterio.

 

LAS TÉCNICAS BÁSICAS

Todos tenemos una parte de nosotros –que yo denomino hipnotizador interno- que nos avisa del peligro, nos recuerda datos, nos asusta y nos va contando el mundo”, decía mi hermano el Doctor Eugenio Herrero Lozano. “Pues bien, en la hipnosis es otro el que toma el lugar del hipnotizador interno y aporta al paciente sus conocimientos, sus recursos y su experiencia para enriquecerlo, tranquilizarlo o curarlo”.

 

Esto se consigue mediante diversas técnicas –cada hipnólogo tiene las suyas- que en general tratan de atraer la atención del sujeto para desconectarlo de su entorno y tener acceso así a su mente. Entre las técnicas más usadas se encuentran las de fijación de la mirada en un objeto en movimiento, las de repetición de un sonido monótono, las táctiles, mediante las que se acaricia o se presiona una determinada parte de la cabeza, la cara o las manos.

 

Todas éstas han sido agrupadas modernamente en dos tendencias: las técnicas que utilizan estímulos sensoriales y las que emplean estímulos de sugestión. Estas últimas se basan fundamentalmente en la voz del hipnólogo y en su discurso, en el que repite determinados conceptos y convence al paciente.

 

LOS ORÍGENES DE LA HIPNOSIS

No se puede hablar de un inventor real de la hipnosis, ya que desde tiempos inmemoriales se conocen descripciones de fenómenos y técnicas muy similares. Las mismas bases de concentración mental se encuentran en los Cenovitas griegos, en el Kavanah judío, en el Zen budista, en el yoga, el Vudú, el sufismo e incluso en algunas artes marciales en su estado puro.

 

Se cree que el hipnotismo tuvo sus primeros intérpretes en los antiguos brahamanes de la India, depositarios de los misterios religiosos de su país, así como de su ciencia. Algunos de estos sacerdotes emigraron a Egipto y pronto alcanzaron gran poder sobre los faraones.

 

LOS PRIMEROS REPRESENTANTES DEL HIPNOSIS

MESMER

El primero en utilizar la hipnosis en el mundo occidental fue Mesmer en el siglo XVIII. Era un médico germano que presentó en Viena una tesis sobre el magnetismo animal, hecho que él definía como “un fluido universal que lo penetra todo”, considerando al ser humano como un agente transformador que puede ayudar a la naturaleza a crecer mejor, por lo que el arte de mejorar el mundo consistía en tocarlo.

 

Mesmer comenzó a experimentar con imanes, ya que éstos representan la fuerza de gravitación que mantiene el equilibrio universal. Al aumentar el número de pacientes cambió el sistema por la imposición de manos y, para poder atender a su nutrida clientela, creó el primer sanatorio magnético de Viena, construyendo su famoso cuba de la salud donde el agua y la música estaban magnetizadas.

 

Más tarde construyó otra clínica en París, y el éxito fue apoteósico. Sin embargo, la medicina ortodoxa rechazó sus métodos y se envió un informe muy duro al entonces rey, Luis XV. Mesmer, totalmente decepcionado, se retiró a su tierra natal.

 

MARTORELL Y BRAID

Después de su muerte surgieron muchos imitadores, y en 1819 un odontólogo catalán, Martorell, fue el primero en extraer una muela sin dolor con su método. Sin embargo, hasta la aparición de un cirujano escocés llamado Braid, la Medicina continuó ignorando el magnetismo. Braid fue quien propuso el nombre de hipnotismo para designar estos fenómenos, siendo al fin reconocido por las corporaciones médicas del mundo entero, y creándose, entre otras, la famosa Escuela de Nancy, en Francia.

 

CHARCOT Y ERICKSON

Otro gran representante en este mismo siglo fue Charcot, que fue el primero en desarrollar las técnicas basadas en los estímulos sensoriales. En el siglo XIX el cirujano escocés Braid experimentó con los sistemas de fijación de la mirada y acuñó el término de hipnosis.

 

Ya en nuestro siglo, el más importante representante es Erickson, presidente de la Asociación Internacional de Hipnosis, que reinició el camino científico de esta terapia en los años 30, después de un tiempo de considerarla simplemente un espectáculo.

 

¿QUIÉN PUEDE SER HIPNOTIZADO?

En teoría se puede hipnotizar a cualquier persona, sin embargo es cierto que existen casos más fáciles que otros. Por ejemplo, el médico alemán Oscar Vogt tardo aproximadamente 500 horas en hipnotizar a una mujer.

 

Es fundamental que el hipnólogo sea lo suficiente flexible para adaptar sus técnicas al tipo de paciente. No se puede tratar igual a un ejecutivo estresado, que a un ama de casa deprimida. Es imprescindible conocer las características del paciente para poder emplear el método más adecuado o combinar varias técnicas distintas. Pero además de la flexibilidad del hipnólogo la postura del sujeto también cuenta.

 

RESISTENCIAS A SER HIPNOTIZADO

Mucha gente tiene miedo a dejarse hipnotizar y esto dificulta el proceso. Temen las posibles consecuencias: “¿Y si no me despierto?” o se niegan a que su mente sea invadida por un desconocido que puede dominarle y obligarle a hacer cosas que no desea.

 

Este es uno de los mitos más extendidos de la hipnosis, aunque es completamente falso. Está comprobado que la persona en trance no hará nunca nada que atente contra sus principios profundos, aunque pueda saltarse algunas pautas sociales no muy arraigada.

 

Hay otras personas que parecen mostrarse muy dispuestas a cooperar con el hipnólogo. Pero en la mayoría de las ocasiones se oponen inconscientemente a abandonarse y se limitan a obedecer órdenes. Por ejemplo, cuando el hipnólogo les dice: “sus parpados se cierran”, ellos los dejan caer voluntariamente, lo que dificulta la labor del especialista.

 

En cuanto a las reacciones de los sujetos en trance hipnótico también hay infinidad de variantes. Algunas personas, al despertar, recuerdan todo lo que ha pasado, mientras que otras no tienen ni la más leve noción de los hechos. En ocasiones se altera también la duración del tiempo: para unos sólo han transcurrido unos instantes, para otros han pasado horas.

 

¿ERES FÁCIL DE HIPNOTIZAR?

Para saberlo puedes hacer una prueba en tu casa. Dibuja un círculo de diez centímetros de diámetro. Toma un anillo y cuélgalo de una cadena que sujetarás entre los dedos índice y pulgar. Haz coincidir esta especie de péndulo sobre el centro del círculo y concéntrate en conseguir que se mueva de izquierda a derecha, y en círculos (sin hacer trampas).

 

Cuanto más rápidamente consigas que se ponga en movimiento y más amplias sean sus evoluciones, más facilidad tendrás para ser hipnotizado.

 

¿Y LOS NIÑOS, QUE?

Los niños responden estupendamente a la hipnosis. Esto puede deberse a que, desde muy pequeños, los padres usan para calmarlos técnicas que rozan con la hipnosis: el canturreo monótono de las nanas, el balanceo, las caricias…

 

Un caso bastante típico es el del pequeño que un día empezó a tartamudear. Mediante la hipnosis se consiguió que el niño retrocediera al día en que se inició el problema, que él conscientemente había olvidado; el hipnólogo alteró los hechos que desencadenaron el tartamudeo, convenciéndole de que todo había sido diferente. Al terminar la sesión el niño volvió a hablar normalmente.

 

¿PARA QUÉ SIRVE LA HIPNOSIS?

La hipnosis es solamente una herramienta terapéutica. Su eficacia depende de quién, cuándo, dónde y para qué se utilice. Estas técnicas, que han servido durante años de espectáculo, sólo deben ser empleadas por especialistas cualificados, es decir, médicos, psiquiatras o psicólogos.

 

Ninguno de ellos utilizaría sus conocimientos para distraer a sus amigos, como ningún cirujano se prestaría a operar en una fiesta como parte de la diversión. El cuándo, cómo y el dónde dependen de las características del paciente, de sus necesidades y del fin que se quiera conseguir.

 

La hipnosis se emplea con cierta frecuencia como apoyo de otras terapias como el psicoanálisis o la relajación, que tiene la ventaja de ser más rápida. Durante el trance hipnótico se eliminan determinadas barreras inconscientes que de otra forma resultarían difíciles de superar.

 

En general, se utiliza para todo tipo de problemas psicológicos, con excepción de las enfermedades mentales muy graves como la psicosis. La angustia, las fobias, la amnesia, el insomnio, el tabaquismo y la depresión se tratan frecuentemente con estas técnicas. También se usa como anestésico y analgésico, ya que parece ser que el trance hipnótico favorece la producción de endorfinas, poderosos calmantes naturales fabricados por el organismo.

 

Otra de sus utilidades es la preparación al parto, o incluso el parto dirigido. Y en el terreno puramente clínico, se tratan mediante esta terapia determinadas dolencias, como el asma, la hipertensión, el infarto, los dolores musculares, los cólicos nefríticos y los problemas dermatológicos.

 

NO SE TRATA DE UNA TÉCNICA MILAGROSA

Lo que ocurre es que con esta terapia se consigue calmar el paciente e influir en determinadas constantes que repercuten sobre la dolencia. Así, parece ser que durante el trance hipnótico se produce un aumento del flujo de las coronarias, disminuye la hipertensión y las cifras de colesterol y triglicéridos bajan.

 

Algo parecido ocurre con algunos problemas ginecológicos, como las amenorreas y dismenorreas, la frigidez o el vaginismo, que al tener un alto componente psicosomático, responden muy bien al tratamiento con hipnosis.

 

No es brujería ni magia. Es una técnica tan científica como el psicoanálisis, la relajación, el control mental y otras muchas, que por estar directamente relacionadas con la mente y el cerebro, resultan desconocidas para la mayoría del público.

 

Su potencial es enorme y todos podremos aprovecharlo cuando definitivamente se trate la hipnosis con el respeto que merece.

 

EXPERIMENTA TU PODER HIPNÓTICO

La mayoría de nosotros, si sabemos concentrar la atención en un objeto y controlar la mente, podemos realizar algunos ejercicios hipnóticos, después de un tiempo de entrenamiento sobre estos puntos:

 

  • Aprender a modular la voz para que suene cálida y natural; esto es, no demasiado enfática, pero tampoco chillona. Grabarla para corregir defectos posteriormente.

 

  • Tener un correcto manejo del lenguaje y no tartamudear; las vibraciones sonoras deben ser perfectas para que induzcan fácilmente a la relajación.

 

  • Poseer cierto poder carismático que transmita calma y seguridad.

 

  • Practicar ejercicios de concentración sobre un punto brillante y mantener la visualización el mayor tiempo posible, con objeto de estrechar el campo visual para que abarque una sola cosa, un solo pensamiento, y aislarse así del mundo exterior.

 

  • Procurar que toda la fuerza luminosa se centre en el entrecejo, con lo que se obtendrán unos resultados muchos mejores.

 

Nuestra mente posee un sinfín de posibilidades que aún están por desvelar. El trance hipnótico, conducido por un especialista cualificado, puede sacar a flote muchas de estas potencias.

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