RESPONSABILIDAD, CULPABILIDAD Y VÍCTIMISMO

LA RESPONSABILIDAD Y LA CULPABILIDAD

En cualquier relación entre dos seres humanos tenemos una conexión, estamos comunicando. La relación depende de los dos. Y el camino por el que se dirija esa conexión siempre es consecuencia de la interacción entre los dos. Es decir, si yo ahora insulto a una persona, puede que se enfade y diga “¡Es que me ha insultado, él es el culpable!”.

 

Pues no, los dos somos responsables. La responsabilidad puede ser mayor o menor pero siempre somos responsables de aquello en lo que participamos. Yo siempre soy responsable y quiero ser responsable de todo aquello en lo que participo. Responsable no culpable. Habrá casos en los que la responsabilidad exterior sea el máximo del resultado, y en otro el mínimo, pero siempre tengo alguna participación responsable.

 

Yo soy responsable de las guerras que existen. ¿Qué tengo que ver con algo que está ocurriendo a miles de kilómetros? Es una responsabilidad mínima pero los 7.500 millones de seres humanos que habitamos este Planeta somos responsables de lo que está ocurriendo en la Tierra. Entonces mi responsabilidad es muy pequeñita, pero la tengo y no quiero perderla, porque cuando no soy responsable soy víctima.

 

EL VÍCTIMISMO O “VÍCTIMEAR”

Víctima es algo que no nos gusta nada, sin embargo es un papel que estamos ocupando con muchísima frecuencia: el victimismo, lo que yo llamo “victimear”. Me “victimeo” encima, supone ponerme como objeto pasivo de lo que ocurre, un sitio en el que no hay salida. Cada vez que me pongo víctima,  dificulto la solución del conflicto.

 

LA PROYECCIÓN

Hay dos proyecciones, la proyección externa y la proyección interna. En la proyección hacia fuera yo responsabilizo o culpo a lo de fuera, en la proyección hacia dentro me culpo a mí, que es una forma de no responsabilizarme: «yo es que soy tonto, es que es genético,  es que soy así, es mi carácter«.

 

Entonces, eso es una forma de eliminar responsabilidades. Por cualquiera de los dos mecanismos, culpando o culpándome, impido el aprendizaje. Así me quedo repitiendo los mismos errores indefinidamente, confirmando que efectivamente los demás me manejan porque “es que soy tonto, malo o estoy mal hecho”… Y ya tengo garantizado el sufrimiento para toda mi vida.

 

Este mecanismo es la base del noventa por ciento de los sufrimientos de los seres humanos, y cuando hablo del sufrimiento estoy hablando de guerras, masacres… No hablamos de tonterías, no sólo del sufrimiento emocional sino también de asesinatos en las guerras, hambre, violencia, porque es base del concepto de maldad, que los otros y yo somos malos.

 

CÓMO DESMONTAR LA PROYECCIÓN

LA PROYECCIÓN EXTERNA

Esta proyección que es muy importante se desmonta sencillísimamente, a pesar de la trascendencia que tiene a nivel de toda la Tierra, de toda la cultura occidental, de los «civilizados». Porque los salvajes no tienen este mecanismo, no lo necesitan, no necesitan manipularse, viven de otra manera distinta.

 

Se puede desmontar simplemente tomando consciencia, es decir, nuestra parte más sabia sabe a flor de piel que esto es mentira, de manera que conviene fijarnos cada vez que aparece en nuestro lenguaje hablado, escrito o pensado  la frase «ello me» nos preguntemos: ¿realmente es «ello» lo que me angustia, enfada, entristece, tranquiliza? O “yo me…con ello«.

 

Sabemos exactamente que nuetro jefe no nos enfada. Es mentira, no tiene esa capacidad. Nadie me enfada porque no pueden. Y así empezamos a poner esto en duda. Realmente ¿el otro me insulta, el otro me tranquiliza, el otro me da alegría? O soy yo quién me… con ello.

 

LA PROYECCIÓN INTERNA

En cuanto  a la proyección hacia dentro , la pregunta es “¿Yo soy? Yo soy tonto, yo soy inútil, yo soy tímido, yo soy ulceroso, yo soy… o “¿yo estoy?” Yo estoy timideándo, yo estoy ulcerando, estoy… Es algo que de verdad soy o es una forma de echar balones fuera para no asumir mi responsabilidad no culpable.

 

Cuando asumimos nuestra responsabilidad no culpable empezamos a aprender rapidísimamente, porque es como abrir la mente al aprendizaje, a la retroinformación, la consecuencia de mi acción.

 

LAS ESTRUCTURAS DE PODER MANIPULATORIAS

Este mecanismo de la proyección nos lo dan de mamar, con la leche calentita. La estructura de base de la sociedad  es este mecanismo, el mecanismo por el cual las emociones me vienen de fuera, por el cual yo soy una víctima permanente. No sólo pecador sino víctima, porque puedo creerme no pecador pero sí víctima.

 

Las estructuras de poder utilizan la manipulación y el pecado, porque todas ellas son manipulatorias, no sólo las religiosas sino también las sociales, políticas, económicas, todas las estructuras de poder se asientan en este mecanismo, en «eres malo y soy bueno«. Y entonces o te castigo o me pagas o te pego.

 

ECHAR BALONES FUERA: EL BENEFICIO SECUNDARIO

Lo que pasa es que este mecanismo es tentador, muy tentador. Lo primero porque lo hemos aprendido desde pequeñitos y lo segundo porque eso de ir de víctima conlleva muchos beneficios. Te liberas de mucha responsabilidad y además recibes un montón de cariño y atención de la gente: «Fíjate lo mal que estoy porque mira lo que me han hecho».

 

Entonces todo el mundo te consuela, te acompaña y puedes eludir la responsabilidad porque el “malo” es el otro. Es tan tentador que a veces es difícil liberarse de él, no porque sea muy difícil sino porque realmente eludimos hacerlo, porque no nos interesa, porque es más cómodo proyectar fuera que asumir la responsabilidad de que te hayas equivocado. Y entonces echas la culpa al otro, al jefe, al marido, al niño…

 

NOS CONDENAMOS A REPETIR LOS MISMOS ERRORES

Es más cómodo echar la culpa al otro aunque sea más estúpido, aunque este mecanismo de la proyección nos impide crecer y nos impide aprender. Entonces nos pasamos la vida repitiendo los mismos errores, buscando parejas con las cuales sufrimos, de la misma manera buscando jefes, socios o compañeros.

 

Siempre repetimos los mismos errores y creemos que son los otros o que nosotros tenemos mala suerte por los compañeros que nos tocan, porque no asumimos nuestra responsabilidad, y entonces no cambiamos, no crecemos. Eso es lo peor, vivimos muy aparentemente cómodos, pero una vida muy mala.

 

O soy responsable o soy víctima porque no hay más opciones, no puedo ser pasivo. Entonces, cada uno decide en cada situación qué papel ocupa, qué papel escoge socialmente. Cada uno va creciendo en su «responsabilidad no culpable» a medida que va aumentando la consciencia de los procesos,  que se va dando cuenta de que uno participa más o menos, pero participa. Nunca somos totalmente víctimas. Para saber más sobre la culpa te invito a leer nuestro artículo «La culpa como bloqueador del aprendizaje – Cómo resolverla»

 

LO QUE FUNCIONA ES LO CONTRARIO DE LO QUE ESTOY HACIENDO

Estamos en una trampa que es, yo hago una acción que no funciona: castigo a un hijo, me enfado con un compañero, y no tengo el resultado deseado. Aunque no obtengo resultado, la idea es que si no hiciera lo que hago sería peor. “Fíjate el mal resultado que consigo a pesar de que estoy haciendo esto. Qué ocurriría si no lo hiciese”.

 

Deja de hacer lo que haces, y con mucha frecuencia cambia el resultado. Porque si nos damos cuenta, lo que estamos haciendo es mantener un problema con lo que hacemos, con nuestra mejor intención. A veces lo que funciona es lo contrario de lo que estoy haciendo. Si me estoy enfadando y el problema sigue, es que no voy por un buen camino.

 

¿Qué pasa si hago otra cosa? ¿Qué pasa si me pongo internamente amoroso con esta persona, comprensivo, y asumo mi participación?

 

SOMOS RESPONSABLES DE TODO AQUELLO EN LO QUE PARTICIPAMOS

Esa posición de «responsable no culpable» hace que yo asumo mi responsabilidad, tanto si soy yo quién insulta como si soy insultado. No necesito saber cuál es esa responsabilidad. En este tipo de ejercicios, simplemente asumo cualquier responsabilidad que yo pueda tener. La conozca o no la conozca, porque siempre soy responsable no culpable de la interacción que tenemos con el entorno.

 

Cada vez que me pongo víctima, dificulto la solución del conflicto. Sin darnos cuenta nosotros somos responsables de toda la interacción que mantenemos con el entorno. Seamos conscientes o no seamos conscientes.

 

¿SERÁ POSIBLE QUE ASUMIENDO TU RESPONSABILIDAD EL OTRO SE EXIMA?

Esa persona también sabe que es responsable de ese proceso. El problema es que habitualmente en vez de responsable se cree culpable. Es decir, cuando dos personas se enfadan, yo culpo al otro, pero no puedo culpar solo al otro. Siempre cuando culpo al otro me culpo a mí, me estoy acusando a mí.

 

Suelo decir que cuando señalas acusadoramente a alguien con dedo índice extendido, otros tres te señalan a ti y el pulgar los tapa. Y esto es un circuito retroactivado en el que hay salidas muy desagradables.

 

Entonces el otro puede hacer lo que le da la gana con su responsabilidad. A mí lo que me interesa es la mía. Es más fácil que el otro asuma su responsabilidad si yo asumo la mía. Si echo mi responsabilidad a otro, el otro va a intentar sacudírsela también, y se va a quedar ahí la responsabilidad, sin asumir.  No es fácil porque vivimos en una cultura de la culpa.

 

APRENDER A RESPONSABILIZARSE FACILITA LA RESPONSABILIDAD DE LOS OTROS

Meditación Trascendental

Hay un estudio hecho en el año 1972, en el que en un país centroafricano deciden enseñar una técnica de relajación (Meditación Trascendental) en las cárceles, a los cuidadores de las cárceles y no sólo a los reclusos.

 

Les entrenan en las técnicas de relajación, y cuando practican ese proceso, en un periodo muy breve de tiempo, en ese país en el que la reincidencia criminal era de un noventa por ciento se reduce la criminalidad a un treinta por ciento, hasta el extremo de que llegan a cerrar una tercera parte de las cárceles del país.

 

En la segunda guerra mundial

Hay otro trabajo todavía anterior, de los años 1960, de una mujer cardiólogo que en la segunda guerra mundial estaba en un campo de concentración, y uno de los vigilantes casi todos los días maltrataba, insultaba, golpeaba al grupo de reclusas.

 

Esta mujer describe en su libro cómo un día se le ocurrió plantearse que ese hombre también debía de tener una familia y que debía de tener hijos y que ese hombre estaba cumpliendo un trabajo. Y empezó a tener sentimientos de amor hacia él.

 

Cuenta como en el transcurso de los días este hombre cada vez les maltrataba menos, hasta el extremo que cuando el campo de concentración fue liberado, este hombre les pedía perdón, llorando por lo que había hecho anteriormente. Quizá porque ella había cambiado su criterio. Ya no lo veía como un maltratador, sino como a alguien que estaba cumpliendo órdenes y que estaba cumpliendo una función. Si tú cambias tu energía, eso se nota, y lo notan los otros.

 

EL OTRO ES TU MAESTRO

Lo que estamos haciendo es establecer una escalada de poder. Todos estos procesos no se pueden resolver desde la culpa. El otro no es culpable de nada, y yo no soy culpable de nada. El otro está haciendo lo mejor que sabe y puede, y yo también. El otro es mi maestro, porque me está ofreciendo la oportunidad de que aprenda a hacer otra cosa distinta.

 

En ese sentido puedo tener la gratitud que se tiene hacia alguien que me está ayudando a formarme, que es mi maestro. Y no es masoquismo en absoluto, es conocimiento profundo. Por eso digo que cuando lo que haces no te funciona, haz otra cosa, y cuando no sepas que hacer, es mejor que no hagas nada. Nada es mucho mejor que lo que estás haciendo y no te funciona.

 

Una parte de nosotros sabe que por el enfado no hay salida. Cuando sufro, me equivoco, y me equivoco yo. Cuando me siento mal porque considero que puedo ser masoquista, me estoy equivocando, mi parte más sabia me está diciendo: ¿Adónde vas?

 

La solución a nuestros conflictos no es la lucha armada, sino el desarme. Las soluciones van por establecer alianzas, no por competencias. Nos guste o no nos guste. Y nuestra parte sabia nos lo dice muy clarito.

 

APRENDER A RESOLVER LOS CONFLICTOS INTERNOS

Tenemos esta suerte de que la memoria no se pierde. El bienestar es algo que siempre tenemos, siempre sabemos cómo se hace, lo que ocurre es que está dificultado el acceso desde el malestar. No sabemos dónde hemos puesto las técnicas de bienestar. Pero están ahí, y luego van surgiendo poco a poco.  Creo que es imprescindible para poder estar con otros aprender a estar con uno mismo, estar a gusto.

 

Conviene aprender a establecer relaciones desde mí, no desde la necesidad, sino desde la preferencia. Y cuando aprendo a estar conmigo entonces puedo escoger y elegir, preferir estar con otros. Porque ya no les necesito, y entonces los vínculos son diferentes.

 

ES MEJOR ASUMIR TODAS SUS RESPONSABILIDADES

En mi opinión una vida sin responsabilidades me parece penosa, es decir, con el tiempo he llegado a la decisión de que quiero ser responsable de todo aquello en lo que participo. El objetivo del trabajo que planteo es aprender a reasumir todas esas capacidades proyectadas, volver a dar integridad al Yo biológico con el que nací, ya que esta es mi naturaleza, y es irrenunciable.

 

Entonces nuestro trabajo consiste en volver a dar integridad al Yo, y eso se consigue siendo responsable de mí en cualquier acción que participe. Tendré una responsabilidad mayor o menor, pero yo soy responsable de que los niños se estén muriendo de hambre en África. Y no estoy hablando de culpabilidad.

 

¿Por qué? porque participo en esta estructura social y soy responsable de sus consecuencias. Aquello de lo que no me considero responsable o partícipe no lo puedo mejorar.  Puedo pelearme contra las cosas pero no mejorarlas. Solamente si soy partícipe y responsable no culpable puedo intentar mejorarlas o modificarlas, si soy víctima no.

¿Te ha gustado el artículo?

Deja tu comentario