Mejorar nuestro lenguaje verbal, escrito o mental nos permite vivir mejor. Se trata de detectar las formas de expresión confusas o inadecuadas y de sustituirlas por otras más beneficiosas. Existen muchas expresiones que distorsionan nuestra percepción del mundo y de la relación con él. Si nos fijamos y cada vez que aparezcan en nuestro lenguaje las enfrentamos a la realidad de nuestra experiencia, podremos ir eliminándolas y desarrollar un lenguaje positivo y adecuado para vivir de forma más agradable.

 

Hoy vamos a fijarnos en dos aspectos fundamentales que expongo en mi terapia: la proyección externa e interna. La proyección consiste en atribuir a lo que nos rodea –objeto, situación o persona- alguna de nuestras capacidades. Esto con el fin de disminuir o eliminar nuestra participación y responsabilidad en el resultado que se precisa para aprender.

 

LA PROYECCIÓN EXTERNA: EXTERNALIZAR MIS CAPACIDADES

A mí me gusta representar al ser humano como una esfera, un circulo, donde están todas mis capacidades. Entonces, hay un mecanismo por el cual cojo una de estas capacidades y la externalizo, la proyecto hacia el exterior. Es decir, se la atribuyo a una cosa, a una situación o a una persona. Proyecto características y capacidades que son puramente mías.

La proyección externa- externalizar mis capacidades
FIGURA 9. Si representamos dentro de un círculo nuestras capacidades, la base de nuestra personalidad (tomado del libro «Creencias que Dañan, Creencias que Sanan» Dr. J. Herrero)

 

Por ejemplo, estamos acostumbrados a decir: “me estás enfadando”, “me angustias”, “los días nublados me entristecen”, “mi primo Pepito me alegra”. Es decir, proyectamos sobre otra persona capacidades que son nuestras. Y esto lo aprendimos en la más tierna infancia. Desde que somos pequeños, nos educaron así.

 

Toda nuestra educación se basa en que asumimos las capacidades de nuestros hijos que son pequeños y las ejercemos hasta que ellos están en condiciones de ejercerlas por sí mismos, y esto sería correcto si en la juventud les fuésemos devolviendo esas capacidades. Pero habitualmente no lo hacemos y pasan de nuestras manos a las de la estructura social que los sigue manipulando. Desde que somos muy pequeños empezamos a proyectar y a recibir proyecciones, y a lo largo de nuestra vida vamos proyectando y reforzando cada vez más la externalización de nuestras capacidades.

 

Responsabilizar al otro le da poder

Si digo a una persona que me angustia, esa persona acepta la proyección porque gracias a esa proyección puede angustiarme. Le he concedido el poder de influir sobre mí. Por supuesto no lo tiene, pero como es un juego social que estamos aprendiendo desde que éramos pequeñitos nos hemos acostumbrado a que funcione, y parece que funciona muy bien.

 

¿CÓMO SE DETECTA LA PROYECCIÓN EXTERNA?

Pues es muy sencillo. No hay nada más que atender a nuestro lenguaje. Entre los errores del lenguaje, hay uno que a mí me parece especialmente importante. Cuando estamos hablando, se trata de detectar esa proyección, tanto en el lenguaje verbal, escrito o mental. Cuando estoy hablando con otro y digo: « ello me angustia, me entristece, me alegra… ». Entonces se trata de que el « ello me » me despierte una forma de darme cuenta, una forma de consciencia, que es preguntarme « ¿ello me…?» o « ¿yo me… con ello?».

 

Es decir, realmente, ¿mi jefe me enfada o yo me enfado con lo que hace mi jefe? ¿El día nublado me entristece o yo me entristezco pensando sobre el día nublado? ¿Mi primo Pepito me alegra o yo me alegro con lo que me dice o me hace mi primo Pepito? “Ello me…” o “yo me… con ello”. La forma de hablar es importante, en este caso es la forma más directa de detectar este error de proyección externa y permitirnos desarrollar un lenguaje positivo y adecuado.

 

LA PROYECCIÓN INTERNA: CULPARME A MÍ MISMO

Cuando me culpo a mí, parece que me estoy cargando de la responsabilidad pero no es así. « Es que soy tonto, es que no valgo, es que estoy mal hecho, es que soy tímido ». La culpa y la responsabilidad son totalmente distintas. En la responsabilidad soy el ejecutor, el que hace las cosas, pero no tengo mala intención, no hay culpa. Es totalmente distinto si digo a una persona que es responsable que si le digo que es culpable. Ese mecanismo de culparme a mí es más grave todavía, porque no estoy responsabilizándome, sino culpándome. Pero no me culpo a mí, culpo a esa parte de mí, a esa naturaleza perversa que tengo: “es que soy malo, es que soy así”.

 

No me responsabilizo, no me hago responsable, sino que como estoy mal hecho, tengo esta tara, tengo este defecto, tengo esta culpa… y no me siento responsable de ello. « Es que con los padres que tuve, es que es mi genética, es que fui a un colegio de monjas, es que con la educación que he tenido… ». En lugar de proyectar sobre los otros estoy proyectando sobre mí mismo.

 

¿CÓMO SE DETECTA LA PROYECCIÓN INTERNA?

Con la proyección interna decimos: « yo soy vago, yo soy tímido… ». Realmente ¿”yo soy…”? o ¿”yo estoy…”? Es decir, ¿soy así o estoy así? ¿Estoy comportándome de esta manera o realmente soy? Soy tímido o estoy tímido en este momento.

 

En español tenemos la suerte de tener esa diferenciación entre ser y estar, estas dos formas de decir, y sin embargo las confundimos. Estamos continuamente diciendo “es que soy tímido”, pero ¿realmente es genético? Cada vez que digo que soy tímido me estoy condenando a seguir tímido el resto de mi vida, cuando no es verdad. Por tanto, aprender a desarrollar un lenguaje positivo y adecuado es la base para mejorar la percepción de uno mismo y del entorno.

 

En nuestros cursos de “Guía hacia el Bienestar” planteamos utilizar tanto el lenguaje hablado como pensado y escrito para detectar el mecanismo de la proyección. Partimos de la base de que a través del lenguaje puedes detectar estos errores de pensamiento, usar un lenguaje positivo y volver a abrirte a tu conocimiento interior. Lo llamamos Reestructuración del lenguaje, y es un cambio sencillo y rápido hacia la mejoría.

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