QUÉ ES LA MALDAD HUMANA

La maldad humana consiste en suponer que estamos mal hechos, que somos defectuosos, seres malos por naturaleza o por elección, perversos respecto a los demás o a nosotros mismos. Es origen de los procesos de inculpación hacia los otros y de culpabilidad en uno mismo.

 

Se supone que son y somos culpables porque siendo libres realizamos actos incorrectos por maldad, para perjudicar y hacer daño. También se encuentra en la base de la idea de injusticia: “me tratan de forma inmerecida e injusta porque son malos”.

 

Considero Maldad, Injusticia y Culpa (M.I.C) como una estructura única, con una raíz común y causa de emociones dolorosas, sobre todo el enfado. Es la losa más pesada que nos ha puesto encima la “Cultura del sufrimiento” para dificultar que el Ser del niño pueda emerger y crecer.

 

Nuestro concepto actual de maldad humana

Tiene su origen en la remota distorsión verbal del proceso natural de recibir un daño. Aquello que nos perjudica es considerado “dañino”. No porque lo sea en sí mismo, ya que puede ser beneficioso para otros o para nosotros en otras circunstancias. Al decir “es dañino” le atribuimos una naturaleza que no le corresponde. Y podemos seguir aumentando el error al interpretar lo perjudicial como “malo”, sólo porque nos causó mal en esa ocasión.

 

Un proceso similar de distorsión ha ocurrido con la maldad, el mal, el malo, lo malo, etcétera, al generalizar y considerar como esencial algún atributo circunstancial, cayendo en algunas de las once ideas irracionales de Albert Ellis.

 

LA MALDAD EN LA NATURALEZA

No hay seres malos por naturaleza, estoy convencido de que no existe la maldad. Malo, en todo caso, es algo que se puede “hacer”, pero no se puede “ser”. Incluso el homicidio puede llegar a ser considerado como bueno, si lo realiza una persona vestida de uniforme y con la autorización de sus superiores en el contexto de esa locura que llamamos guerra.

 

Desde hace tiempo me ha parecido curioso que la maldad sea exclusiva de la Humanidad y no exista en el resto de la Naturaleza. Para convencernos de que estamos mal hechos, nos han transmitido culturalmente la idea de que los humanos somos los más tontos de todos los seres vivos y los únicos que poseemos maldad.

 

Un acto “dañino” en un animal, como en el caso del león, considerado el “Rey de la selva”, que mata a las crías del macho dominante recién derrocado, o la mantis religiosa hembra que devora a su pareja nada más aparearse con ella, es considerado correcto, algo natural. El lobo mata ovejas y devora sólo algunas, por ello fue considerado un modelo de maldad, sobre todo en los cuentos infantiles. En la actualidad ya no se califica como malo, incluso es una especie protegida.

 

¿El ser humano es el único «malo»?

El daño al entorno sólo es valorado como signo de maldad en el humano, ya no se condena a ningún otro ser por hacerlo, sólo queda culpabilidad en nosotros. No existe maldad en la Naturaleza porque no hay posibilidad de juicio ni interpretación, en ella las cosas son como son, sin ser valoradas o criticadas.

 

Enjuiciar es función del cerebro izquierdo humano socializado que separa bien y mal, que hace distinciones donde no las hay y cree tener capacidad para decidir qué es bueno y qué es malo.

 

Antes castigábamos a los animales cuando producían daño con su supuesta maldad, los juzgábamos y condenábamos. A veces con castigos físicos y otras con la muerte (elefantes, caballos, toros, perros, lobos, zorros,…). A medida que vamos comprendiendo a la Naturaleza, dejamos de criticarla y no la juzgamos. Espero que llegue el día en que seamos capaces de hacer lo mismo con nosotros y nuestros semejantes, que la maldad acabe siendo también excluida del ser humano, su último baluarte.

 

¿De dónde vendría nuestra supuesta maldad?

Es un concepto que se nos transmitió en la infancia para que nos estuviésemos quietos, sin alborotar, similar al del “coco”, la cigüeña que traía los niños de París o los Reyes Magos portadores de regalos, y que como estos conceptos, también debería desaparecer en el proceso de maduración del individuo.

 

Si aceptásemos la teoría de la evolución de las especies, ¿de dónde puede haber salido el gen que nos convierte en los únicos tontos y malos? Con los conceptos del karma, el pecado original y el inconsciente nos han trasmitido la idea de la maldad esencial del ser humano o de una parte de él.

 

Se supone que vamos arrastrando nuestra maldad a lo largo de las vidas sucesivas. Cuando se considera un “pecado” el hecho de existir, cualquier penalización o castigo están justificados, sólo por haber nacido. Una versión moderna es creer que tenemos una parte “inconsciente” que funciona por sí misma y aceptarla en nosotros como una zona perversa, capaz de cualquier maldad.

 

LA MALDAD HUMANA EN NUESTRA SOCIEDAD

Estos errores de interpretaciones extendidos a la edad adulta es la base del concepto de la perversidad y maldad humana. Es el cimiento que soporta el Miedo al Bienestar y la mayoría del sufrimiento de la Humanidad desde hace miles de años, siendo alimentado por la estructura social actual, a la que mantiene a su vez.

 

Esta sociedad que conocemos se desmoronaría sin el concepto de maldad humana, no se mantendrían las distintas formas de poder actuales y la manipulación reinante. Nuestro dios sádico actual es el consumismo, pues el aumento de malestar conlleva incremento del consumo como intento de aminorarlo,  aun sabiendo de antemano que es ineficaz.

 

¿A qué llamamos malo?

“Malo” tiene mil formas y nombres. Los adjetivos que utilizamos para crear diferencias entre nosotros, para encuadrarnos en grupos diferentes y alejarnos unos de otro, están sustentando las diversas formas de supuesta maldad humana, que podemos agrupar en:

 

  • Por decisión propia: injusto, culpable, malintencionado, perverso, malvado, maligno, malévolo, cruel, diabólico, odioso, taimado, retorcido, bellaco, truhán, malicioso, maldito, canalla, ladino, engreído, fantasma, estirado, orgulloso, pérfido, irresponsable, irrespetuoso, indigno, ilegal, antipático, inicuo, vil, ruin, ignominioso, infame, interesado, individualista, bruto, materialista, brusco,…

 

  • Por mal hecho o defectuoso, en el ámbito genético, familiar, social y personal: egoísta, tonto, bobo, idiota, imbécil, retrasado, atontado, alelado, estúpido, necio, memo, simple, iluso, vago, indolente, perezoso, inútil, absurdo, ingenuo, infeliz, enfermo, feo, ridículo, pasmado, nervioso, tímido, etcétera.

 

A los “malos”, aquellos que son diferentes a “nosotros los buenos”, hay que castigarlos o incluso exterminarlos, se los llame judíos, nazis, católicos, moros, protestantes, paganos, herejes, brujos, blancos, negros, chinos, gitanos, rusos, afganos, iraquíes, extranjeros, mujeres, varones, infectados…

 

Con el concepto humano-malo, no importan el nombre o la palabra con que se lo designe, nos inmoviliza y condena al sufrimiento indefinido, sin solución posible en nosotros mismos. Es por eso que la buscamos fuera en forma de expiación, merito, perdón,…

 

La maldad humana es la excusa y justificación para que puedan seguir existiendo los poderes actuales, el consumismo, las guerras, la violencia, las masacres, la desigualdad, el hambre, las manipulaciones, las agresiones y las violaciones de todo tipo.

 

Finalidades sociales del concepto de maldad humana

  • Una es tener a los otros humanos sometidos, susceptibles de ser acusados, perseguidos y atrapados, dóciles y fácilmente manipulables por las estructuras de poder usuales.

 

  • Otra es crear separación entre nosotros: tú eres malo y yo soy bueno, en cualquiera de sus formas: diferente religión, color de la piel, sexo, ideología, origen, infectado…, para que nos distanciemos, opongamos, luchemos y así generamos sufrimiento y desunión, retardando la unidad, que no se puede evitar pero sí postergar, manteniendo la “cultura del sufrimiento” y sus beneficios de poder y económicos, para unos cuantos.

 

  • Una tercera es evitar que aprendamos de nuestros errores, pues la maldad-culpa, basada en el mecanismo de la proyección, impide el aprendizaje a través de la experiencia propia y nos mantiene repitiendo la equivocación, condenados a ser los únicos tontos de la Naturaleza, que reproducen el error de forma indefinida.

 

No podemos encontrar las culpas en nuestra historia personal y no existe posibilidad de maldad en nuestra genética y biología. Sin embargo, desde la más remota antigüedad, nuestra “civilización” considera que somos “malos” por el hecho de haber nacido. La terrible idea de los humanos como “nacidos para sufrir” no nos deja salida. Si fuese cierta sólo nos quedaría la redención, el perdón por el mecanismo que fuese (méritos, arrepentimientos, penas, castigos…), sin posibilidad de protagonismo, sin responsabilidad no-culpable ni opción de aprendizaje y por tanto sin solución completa a partir de uno mismo.

 

La idea de maldad humana se mantiene a sí misma ya que, mediante la justicia, el castigo y la venganza, intentamos eliminar la maldad que percibimos fuera, creyendo que no podemos suprimir la de dentro. Esta “columna” que soporta las estructuras, tanto de la personalidad del individuo como de la sociedad, no se puede eliminar de golpe pues ambas podrían hundirse.

 

Cuando en vez de afrontarla, resolverla y eliminarla, no sólo la ocultamos o la proyectamos sino que la negamos en nosotros, la percibimos exagerada en el entorno en forma de “negación” y surge el odio a los malos: “cree el ladrón que todos son de su condición”, afirma el refrán popular.

 

LA MALDAD HUMANA Y LA CULPA

Maldad humana y culpa

Consideramos culpable a quien produce un daño, con conocimiento del daño y con intención de dañar, los tres requisitos necesarios para que exista culpa.

 

Cuando provocamos daño real a otro, en su persona o sus bienes, suele faltar alguno de los otros dos requisitos: no hubo intención de dañar o desconocíamos el perjuicio que íbamos a causar. Otras veces se acusa de malo a alguien, no por hacer daño sino por realizar mal una actividad, en cuyo caso se trataría en realidad más de ignorancia que de maldad.

 

¿Para qué producimos “daños”?

Alguna vez los humanos podemos perjudicar, con conocimiento del daño y de forma intencionada, por tanto, con los tres requisitos de la culpa. Si analizamos esas posibilidades veremos que la finalidad realmente no es dañar sino:

 

  1. Nuestro propio beneficio (egoísmo ladrón o manipulador), en el ámbito individual o social.
  2. Imponer nuestro criterio sobre los demás.
  3. Evitar un daño mayor en el terreno personal o comunitario.
  4. Castigar al “malo” y hacer justicia.
  5. Vengarse del “malo”, etcétera.

 

Con frecuencia estos actos se ejercen sobre otro ser “diferente”, al que previamente se ha “deshumanizado”, colocándole la etiqueta de inferior o malo. Así nos situamos por encima del otro, nos atribuimos la capacidad de juzgarlo y castigarlo. Incluso liberar a la Humanidad de seres “malos”: herejes, asesinos, líderes de otra ideología, etcétera, puede parecer un acto noble.

 

Consecuencias del concepto de maldad humana – culpa

El mantenimiento de la noción de maldad humana-culpa es lo que sostiene la mayoría de nuestros males. Este concepto es la invención más “rentable” de la Humanidad y lo que ha movido y mueve más energía y poder económico sobre la Tierra desde que apareció.

 

Es como una cilíndrica “rueda de ardilla” donde nos coloca la sociedad para que demos vueltas en su interior originando sufrimiento continuo, sin salida. Quizá por ello hayan sido eliminados aquellos que han intentado erradicar esta falsedad, bien suprimiéndolos, destruyendo su obra o haciéndolos dioses, para que sus mensajes fuesen de nuevo engullidos por la corriente de poder, tanto religioso como social y económico. Cristo cargó con la cruz del supuesto pecado de la Humanidad. Desde entonces nadie debería seguir llevando su cruz, aunque dos mil años después seguimos sin darnos cuenta de aquella “liberación”.

 

El concepto de maldad humana-culpa constituye el mayor atentado contra la Humanidad. Esta idea es un veneno enloquecedor preparado para intoxicar a cualquier humano, transformándolo en un ser susceptible de dañar a quienes en otro tiempo consideró sus semejantes o seres queridos y ahora cataloga como “malos” y, por tanto, no-humanos.

 

Aunque parezca extraño, con frecuencia sucede en las guerras, sobre todo civiles, en los repartos de herencias y en las competiciones deportivas, entre otros muchos ejemplos. La estructura social está continuamente fabricando “malos”. Divide y vencerás.

 

CÓMO RESOLVER EL CONCEPTO DE MALDAD HUMANA

Mientras no desarrollemos el concepto “humano-sin maldad”, que nos cuesta concebir hasta en los niños, es difícil que podamos desprendernos de esa lacra social tan deshumanizadora y fuente de discriminación.

 

Como un paso hacia la mejoría podemos empezar a plantearnos lo siguiente:

  • ¿Para qué mantengo la creencia de mi propia maldad humana sin resolver?
  • ¿Qué utilidad creo que tiene para mí?
  • ¿Qué creo que consigo o evito manteniendo ese concepto entre mis creencias?
  • ¿Para qué creo que me sirve o qué amenazas atenúa?

 

Para salir de la creencia de la maldad humana

Egoísmo e ignorancia

Podemos resolver el concepto de maldad humana realizando que los supuestos daños que podemos realizar son consecuencia, bien de un trastorno mental, por tanto exento de maldad, o de un egoísmo ignorante, poco evolucionado, pero nunca de maldad o mala intención. El niño tiene el deseo profundo de conocer la vida y su entorno, derivado de su egoísmo inmaduro e infantil. A veces catalogamos esa actitud como crueldad y maldad cuando él, desde su ignorancia, investiga sin conocimiento y puede llegar a producir daños diversos.

 

No sabemos conseguir el mismo resultado beneficioso para nosotros sin perjudicar al otro. Si conociésemos otra manera de logarlo sin perjudicar a los demás, lo haríamos de esa forma menos dañina. Este proceso sólo puede ser investigado en uno mismo pues no podemos conocer la intención de los otros.

 

El individuo que provoca “daños” podrá ser juzgado socialmente y reconocida su responsabilidad en los perjuicios causados, procediendo a la restitución del daño como adecuada compensación social, y podrá ser educado, como ignorante que es, incluso apartado del entorno social para evitar la reincidencia, pero no castigado por ser  “malo”.

 

Resolver el concepto de culpa

Confirmamos la existencia de la maldad humana por el reflejo que percibimos en el exterior, nuestros actos “malos”: Me equivoco => Sufro =>  Me critico o culpo por hacerlo mal => Me castigo => Sigo igual, no aprendo, no mejoro. Culpar o culparnos es otra de las trampas circulares que constituye el núcleo, el origen de la esfera culpabilidad-inculpación, comienzo de la maldad.

 

Si bien es cierto que algunas veces los humanos actuamos de formas dañinas, para otros seres o para la Naturaleza, en realidad, ¿es por maldad? ¿No será por egoísmo e ignorancia? El camino alternativo que planteamos sería: Me equivoco => Me doy cuenta => Asumo mi protagonismo por ignorancia => Responsabilidad-no culpable => Aprendo => Dejo de equivocarme.

 

Si lográsemos eliminar esta traba de nuestra “maquinaria” mental, el proceso de aprendizaje se volvería a poner en marcha y el desarrollo, programado en nuestros genes desde hace miles de años, se llevaría a cabo. Confío en que así sea en el proceso de crecimiento de la Humanidad.

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