LAS NECESIDADES

Tenemos una serie de necesidades que debemos cubrir para nuestra subsistencia.

 

  • Necesitamos oxígeno continuamente, porque si no lo obtenemos, en pocos minutos la situación es incompatible con la vida.
  • Necesitamos agua, pues sin ella al cabo de unos días morimos.
  • Necesitamos hidratos de carbono, porque sin ellos en treinta o cuarenta días no podemos sobrevivir.
  • Necesitamos dormir siete u ocho horas diarias.
  • Necesitamos evacuar los residuos del cuerpo.
  • Necesitamos mantener la temperatura corporal.

 

Por lo tanto, el aporte de comida, agua y oxígeno son necesidades, al igual que algunas otras cosas como dormir, abrigarse, evacuar los residuos y pocas más. Satisfacerlas es nuestra única obligación.

 

El resto de las llamadas “necesidades” son tan sólo deseos o preferencias. Deseo fumar, deseo comer más, deseo alcohol, deseo otra casa, deseo a esa persona, pero no la planteamos con el verbo “desear”, sino con el verbo “necesitar”. Por ejemplo, cuando decimos “es que te necesito, es que sin ti no puedo vivir”, es falso, podemos vivir sin esa persona, sin tabaco, sin alcohol y sin todo lo otro.

 

Hablamos de un error del pensamiento que consiste en confundir deseo con necesidad, pensando y diciendo que los deseos de la mente son necesidades del cuerpo y dedicándonos a satisfacerlos de forma compulsiva, cayendo en las dependencias.

 

CONFUNDIMOS PREFERENCIA Y DESEO CON NECESIDAD Y OBLIGACIÓN

Necesidad y obligación se manifiestan en las expresiones: “necesito, tengo que, hay que, debo de, estoy obligado a”… Éstas nos pueden llevar a todo tipo de adicciones. No todo lo que deseamos lo necesitamos, aunque hay cosas que empiezan como deseo y terminamos viviéndolas como necesarias.

 

Al deseo y la preferencia podemos renunciar, a la necesidad no, pues es imprescindible. El deseo no lo es, aunque algunos lo parezcan, o así lo creamos y vivamos como si lo fueran. Las elecciones y decisiones son preferencias. Frente a la necesidad no podemos preferir, no vemos alternativas.

 

Nos creemos obligados a tomar decisiones y a realizar actividades en contra de nuestra voluntad, sólo por el “debo” o “estoy obligado”. Como si fuesen necesidades, sin darnos cuenta de que sólo se puede llamar obligación a una imposición que procede del exterior. La mayoría de las decisiones que consideramos obligatorias no lo son. No las podemos llamar así pues son autoimpuestas, en realidad son deseos o preferencias, decisiones y elecciones nuestras.

 

La necesidad como supervivencia

Cada vez que utilizamos las expresiones “tengo que, debo de…” ponemos en marcha los mecanismos básicos de supervivencia (el miedo biológico al qué puedes conocer en nuestro artículo «Ansiedad y miedo: Qué son y sus consecuencias – Cómo nos afectamos con ellas«). En efecto, si “necesitamos” algo, lo consideramos como si fuera vital, imprescindible para seguir vivos. Por tanto, ponemos en juego toda nuestra energía y aptitudes para conseguirlo, pudiendo ser capaces de cualquier acto para lograrlo.

 

Si necesitamos agua o alimento no vamos a dedicarnos a otra actividad hasta que lo consigamos, y es correcto. Sin embargo, al decir “tengo que ir a la peluquería” movilizamos los mismos recursos de una forma exagerada e inútil. Y eso aumenta poco a poco nuestro estado básico de ansiedad.

 

Necesidad y manipulación

Si se quiere manipular a alguien no hay más que introducir en su mente la idea de necesidad. A partir de ese momento será una marioneta, hará lo que se le diga para cubrir esa supuesta  “necesidad”. Al entrar en la idea de necesidad se considera como cuestión vital y se bloquean una seria de vías neurológicas menos importantes para la supervivencia.

 

Si se trata de una meta inalcanzable, se pone en juego la supervivencia y se bloquean los demás sistemas, sobre todo el disfrute que pasa a un segundo plano. Esa supuesta necesidad será el objetivo prioritario para esa persona, que pasará a depender de los bienes de consumo, sustancias, actividades etc…que considere “necesarios”.

 

Exceso de necesidades

Con mucha frecuencia cuando tenemos exceso de deseo o de necesidad, interferimos el buen resultado de nuestras acciones. Es algo de lo que todos tenemos experiencia. El primer paso es eliminar el exceso de necesidad o deseo. Además, cuanto más claro es tu deseo y cuanta más clara es tu intención, más probabilidades tienes de encontrar lo que buscas.

 

LAS ADICCIONES

Del bajo nivel de consciencia corporal surgen muchas de las adicciones que están tan de moda en nuestra sociedad. Tanto practicarlas como luego lamentarse de ellas. El tabaco, el alcohol, las drogas, la bulimia…, son consecuencias de un bajo nivel de consciencia general y corporal.

 

Se desarrollan mediante el siguiente proceso: primero la mente crea una “necesidad”, un hambre de cualquier cosa, que se experimenta en el cuerpo. Pueden ser dulces, nicotina, alcohol… Y una vez creado el hambre uno tiene que dedicarse a saciarlo, también en el cuerpo.

 

Por ejemplo, se crea un hambre de alcohol y hay que meterse alcohol por la boca. El cuerpo es el que se emborracha y al que se le estropean las neuronas, convirtiéndose en el sujeto pasivo de una necesidad que no le corresponde, pues es de la mente.

 

“Picamos” al confundir necesidad y deseo. Para mejorar las adicciones hay varios mecanismos. Uno de los cuales consiste en crear serenidad en el cuerpo y la mente, pasando a percibir la “necesidad” como lo que realmente es, sólo un deseo o preferencia (ver artículo La «Sabiduría de las Emociones» – Entrenamiento en Consciencia Creativa)

 

LA CULTURA DEL SUFRIMIENTO

Un ejemplo de necesidad sería el “tener que” trabajar. Al analizarlo se llega a la conclusión de que, en general, no se trabaja para sobrevivir, sino para conseguir dinero y vivir mejor. No para poder comer, sino para mantener un nivel de vida más agradable.

 

Nuestra obligación es tener cubiertas nuestras necesidades básicas de una manera justa y adecuada, es decir satisfactoria para nosotros mismos. Una vez lograda la supervivencia ya no tenemos por qué comer un trozo de pan y una jarra de agua, sino que podemos ponerle chorizo dentro del pan y cervecita en vez de agua. A partir de ahí nos podemos permitir el lujo, en esta situación actual, de disfrutar de la vida.

 

En nuestra estructuración social las necesidades básicas están cubiertas por el hecho de nacer en un país occidental, en este momento. Es un privilegio que tenemos todos los que estamos aquí. Para nosotros trabajar no es una necesidad sino una preferencia, y muy respetable.

 

Si nos gusta seguir sintiéndonos víctimas y esclavos, esto es otra historia. Cada uno puede sufrir lo que le dé la gana. Pero realmente, a mí no me obliga nadie a venir a trabajar. Y no me importa que alguien lo pueda considerar como irresponsable. Tenemos continuamente una presión medioambiental, intentando convencernos de que eso es una obligación y una necesidad, pero es mentira. Por la mañana te levantas o no te levantas, según te da a ti la gana. Según tu preferencia, no tu obligación o tu necesidad.

 

Quizá podemos hacernos una idea de la cantidad de adrenalina que gastamos cada vez que decimos “Tengo que comer, hay que trabajar, debo que dormir, tengo que coger gasolina”… Son mentiras todas esas obligaciones. Realmente son preferencias.

 

SIEMPRE ERES DUEÑO DE TU TIEMPO

Siempre ha sido tuyo. El hecho que me paguen un sueldo a cambio de un trabajo en una jornada laboral no quiere decir que me estén comprando el tiempo. Me están pagando por una actividad que hago en ese tiempo. Y si quiero lo vendo y si no lo quiero no lo vendo. Y voy a seguir comiendo. Quizá no lo mismo, no las mismas cosas, pero voy a seguir vivo.

 

En España hay unos millones de personas que no tienen trabajo pero no se ha muerto nadie de hambre todavía. ¿Es curioso no? Si el trabajo fuera una necesidad vital, tendríamos tres millones de muertos.

 

El tiempo no es oro sino vida

Es un tema que he abordado en este vídeo de mi canal de YouTube. La duda que estoy intentando transmitir es “¿Y necesito estar esperando hasta la jubilación para disfrutar de mi vida?” ”¿Realmente mi tiempo no me pertenece?» «desde que firmé ese contrato con la empresa, ¿ya me convertí en un esclavo¡Es mentira!

 

Lo seres humanos seguimos siendo absoluta y profundamente libres

Nuestro tiempo, la utilidad de nuestro tiempo, el servicio, la actividad en ese tiempo, lo préstamos a cambio de un salario, pero no estamos vendiendo nuestra vida ni nuestro tiempo. Lo demás son preferencias. Cuesta mucho trabajo entender esto, porque cuando salimos a la calle nos intentan convencer de que tenemos obligaciones, de que tenemos necesidades, de que tenemos deberes…y no es cierto.

 

Nuestra vida es una vida de preferencias, porque hasta las obligaciones las hemos convertido en procesos gratificantes para nosotros. Comer, beber, dormir, evacuar los residuos, respirar y mantener la temperatura corporal es grato. Entonces, ¿por qué no nos damos cuenta de que somos libres?

 

La jubilación

Me parece magnífico que haya personas, que desde que se jubilan estén disfrutando, pero eso no se debe sólo a la jubilación. Se debe a lo que se están contando en la jubilación, como se lo están planteando. Cada uno se lo cuenta como quiera. Hay quién se lo cuenta como la última etapa, hay quién se lo cuenta como “Ya no voy a tener actividad y me voy a aburrir», o «ya no soy útil para nadie, no me necesitan”…

 

Algunas personas jubiladas cuando se despiertan se dicen “que horror, todo el día por delante, sin tener nada que hacer, sin ser útil” cuando otras se cuentan como lo van a disfrutar. Uno puede aprender a disfrutarlo o padecerlo. Lo que estamos pretendiendo es comprobar que lo que ocurre es un facilitador para lo que nosotros elegimos, conscientes o sin serlo, que es lo más habitual. Se supone que la jubilación es un momento gozoso, pero no es verdad, no siempre es gozoso. Si estás jubilado y has conseguido hacerlo gozoso, podrías plantearte cómo haces para disfrutar con ese proceso.

 

¿CÓMO DIFERENCIAR LA OBLIGACIÓN DEL DESEO?

El hecho de creer que tenemos muchas necesidades es fácil de resolver. Al ser una mera creación mental sin base experimental, por el simple hecho de tomar consciencia del proceso ya se puede solucionar. Basta con ponerla en duda y confrontar la creencia con la realidad de la experiencia. Las frases “tengo que”, “necesito”, “debo”, “hay que”, “estoy obligado a” son las pistas a seguir en el desenmascaramiento de esos engaños que sólo dificultan el disfrute de la vida.

 

Una forma de diferenciar la obligación del deseo consiste en la observación directa del lenguaje. Cuando hablamos, escribimos o pensamos, si surge un “tengo que”, plantearnos: ¿Tengo que…o prefiero? ¿Debo…o escojo?, preguntándonos si es una necesidad vital, “tengo que comer”, o si sólo es un deseo, una preferencia “tengo que ir a la peluquería”. Así podremos separarnos un poco del proceso y distinguir que “no tenemos que”. Si lo hacemos es por deseo o preferencia, y la vida será distinta.

 

Resulta valioso cambiar esas frases por “prefiero” o “elijo”, pues aunque uno haga lo mismo, modifica la actitud ante ello y deja de sentirse víctima. Pasar de creer que se está obligado y sentirse amargado por “tener que” realizar ciertas actividades en contra de su voluntad, a encontrarse haciendo lo mismo sin que nadie le obligue, sólo como una preferencia para el mayor bienestar, es una liberación.

 

Es muy diferente creer que tiene que ir a trabajar todas las mañanas, a saber que prefiere hacerlo así. Uno elige, no tiene ninguna obligación de mantener un determinado ritmo de vida. No es “necesario”, y si lo mantiene, es por pura preferencia.

 

NO SIEMPRE HAGO LO QUE QUIERO, PORQUE SIEMPRE HAGO LO QUE ME DA LA GANA

Llevamos toda nuestra vida haciendo lo que nos da la gana, que no coincide con lo que queremos. Lo que quiero es otra cosa. Todos hacemos lo que nos da la gana, en cada instante, lo que ocurre es que no es bonito reconocerlo y tener que renunciar a la excusa de “tengo que hacer”.

 

Es falso. No tengo más obligaciones que las de cubrir mis necesidades básicas. Y no tengo obligaciones con los demás, ni responsabilidades. Es muy difícil renunciar a hacer las estupideces que llevamos toda la vida haciendo. Entonces conviene pasar a no hacer nada. Y desde ahí, a plantearme ¿Qué es lo que me piden las tripas que yo haga? ¿Cuál es mi proceso intuitivo? Voy a escucharme a mí, y no a las vocecitas externas que me dicen lo que “tengo que hacer”.

 

Es como si creyésemos que el universo depende de nosotros, que estamos sujetando la estructura universal, y que si no hago todo lo que estoy haciendo, se va a hundir. Cuando te atreves a dejar de hacer y esperas a que se te caiga ¡No se cae nada, todo sigue igual! Entonces mejoras, te acercas a ti y te vas encontrando poco a poco.

 

La vida se ha estado haciendo en ti en todo estos años, aunque tú estabas mirando para otro lado. De repente dejas de mirar para otro lado y empiezas a mirar dentro, a mirar en ti, y a no hacer nada.

 

Descubrir que nuestra voluntad es soberana y que hacemos lo que preferimos en muy liberador

Con eso pasamos de la estimulación del Sistema Nervioso Simpático, el de la supervivencia y la ansiedad,  a la estimulación del Sistema Nervioso Parasimpático, de la relajación y el disfrute. No tener “necesidad”, sino hacerlo porque se prefiere, es un crecimiento importante. Para alcanzarlo se empieza por pasos pequeños.

 

Si sentimos una incomodidad en nuestro interior y lo manifestamos como un “tendría que”, es importante recordar que el error no está en la supuesta obligatoriedad de la acción, sino en su planteamiento en forma de “tengo que”. Éste es un camino sin salido que no conduce a ningún cambio.

 

Tendría que dejar de fumar”, dice el fumador que lleva veinte años con su hábito. Se lo dice casi todos los días y no le sirve para nada. No mueve al cambio porque es una falsedad superficial y absurda con la que uno no se engaña del todo, sólo le sirve para vivir asustado.

 

En la práctica

Me gustaría que hicieses la prueba en este momento. Recuerda algo a lo que te refieres de manera habitual como “tengo que”. Plantéatelo a nivel mental y observa cómo te sientes a nivel emocional y corporal. A continuación imagínalo como “prefiero” y comprueba en tu interior la diferencia.

 

«A veces no hago lo que quiero, porque siempre hago lo que prefiero». El secreto quizás esté en conseguir desear lo que se prefiere, en lograr unificar el criterio de ambos cerebros, izquierdo (deseo) y derecho (prefiero).

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