MI “SER SABIO INTERIOR”

Hablo del “Ser Sabio Interior” como esa facultad que tenemos todos capaz de evaluar en un solo acto de observación la infinidad de factores que hacen adecuado o inadecuado mi pensamiento.

 

Es un tema que considero muy importante en nuestras vidas diarias. La mayoría de nosotros estamos convencidos de que casi todas nuestras actividades, la mayoría de lo que hacemos, lo que decimos y lo que pensamos, tienen por objetivo acercarnos a la felicidad, es decir, instalarnos los más próximos al bienestar.

 

Sin embargo lo habitual y más frecuente en nuestra cultura es estar mal, encontrarnos repetidamente en el malestar indeseable. Y este malestar nos lo señala el sufrimiento de todo tipo: Dolores físicos, dolores emocionales, dolores en las relaciones…Serían los tres grandes grupos de malestares que padecemos.

 

Lo que hemos aprendido, lo que nos han enseñado para combatir estos sufrimientos es a luchar contra el supuesto origen de esos sufrimientos, o a negar su importancia, minimizándolos o haciéndonos insensibles a estos dolores. Pero nuestra experiencia nos ha demostrado en repetidas ocasiones que éste es un camino sin salida.

 

ESCUCHAR A LOS SUFRIMIENTOS EN VEZ DE LUCHAR CONTRA ELLOS

En vez de ignorar o negar la existencia de estos variados sufrimientos o luchar contra ellos, podemos aprender de ellos. Esto es posible si los reconocemos y aprendemos a utilizarlos como avisadores que nos permitan identificar su origen y dejar de alimentarlos, aceptando la posibilidad de que “El dolor es el aviso del error”.

 

Los dolores como avisos de un error

Esto es algo que ya tenemos más que comprobado en el sufrimiento corporal, en el dolor físico: Si pongo la mano sobre el fuego, evidentemente me duele. Y la solución de este daño no está en apagar el fuego o en aguantar el dolor, sino en apartar la mano. Y a continuación, guardar esta experiencia en nuestra memoria para no volver a repetirla.

 

Quiero decir que es posible aprender a disminuir los sufrimientos, incluso poder llegar a dejar de producirlos en nosotros y a nuestro alrededor. Intentamos así transformar el dolor en conocimiento, y usar éste para acercarnos al bienestar, que es más probable si logramos atender y escuchar al malestar.

 

Esto para, a través de la propia experimentación, ir descubriendo el origen del sufrimiento que está en la inadecuación de nuestras conductas indeseables, nuestras relaciones conflictivas, nuestras emociones desagradables, y el origen común de todas esas inadecuaciones, que está en nuestros propios pensamientos inadecuados.

 

CINCO FACTORES A CONSIDERAR PARA VIVIR MEJOR

Es factible, por tanto, aprender a pensar de formas congruentes con nuestros propios criterios, más adecuadas a nuestro propio sentir que a los esquemas sociales de moda.

 

Una de las mayores dificultades con que nos enfrentamos es el hecho de que estos criterios personales son cambiantes, pueden variar dependiendo de cinco grandes grupos de factores.

 

1°) El primero es mi genética

Es el conocimiento que me viene dado por mis antepasados y que se ha ido acumulando a lo largo de millones de años de evolución. Este conocimiento es enorme y aunque no nos demos cuenta, es la base de casi todos los procesos que desarrollamos de forma automática.

 

Esos que se hacen en mí, que parece que yo no los hago, como pueden ser la digestión, el crecimiento, la cicatrización de heridas, el crecimiento del pelo, la respiración, etc…

 

2°) El segundo es mi propia experiencia personal

Desde el momento de la fecundación, desde que se unieron aquel óvulo y el espermatozoide hasta hoy, he ido asimilando y guardado toda aquella experiencia personal, y la he guardado de dos grandes formas.

 

La primera es la forma consciente, la que yo me doy cuenta y la que puedo utilizar de manera consciente. El segundo es el gran grupo de la información del conocimiento no consciente, y digo gran porque es el más grande de los dos. Hay una desproporción enorme entre lo que es no consciente y lo poco que sí que soy consciente.

 

3°) El tercero es el tiempo

Efectivamente, es diferente lo adecuado en este instante de lo que fue adecuado hace una hora o lo que será correcto una hora después. Es decir, el tiempo es un factor que hace que mis pensamientos sean correctos o incorrectos según que se ajusten a la realidad de este presente o no.

 

4°) El cuarto factor es el sitio

El sitio en el que tengo la experiencia, en el que se realiza este proceso, ya que un pensamiento puede ser adecuado en este espacio y el mismo puede ser inadecuado en la calle o en otro lugar distinto.

 

5°) El quinto factor es el entorno que me rodea

También las personas y los objetos que hay a mi alrededor, que hacen que un mismo pensamiento pueda ser adecuado con un amigo e inadecuado mientras estoy con mi jefe.

 

Las combinaciones de estos cinco grupos de factores nos dan una variedad casi infinita de posibilidades. Por ello sólo podremos saber si el pensamiento es adecuado o no escuchando la voz muda de esa función a la que llamamos intuición.

 

LA INTUICIÓN

La intuición procede de lo que denominamos el “cerebro derecho”, sintético y globalizador. Es el único capaz de evaluar en un solo acto de observación la infinidad de factores en juego, que hacen adecuado o inadecuado mi pensamiento.

 

Éste es el origen de una emoción, que será agradable si el pensamiento es adecuado, o desagradable y dolorosa si es inadecuado. Y las consecuencias de esta emoción son los comportamientos convenientes o inconvenientes, que dan lugar a las relaciones beneficiosas o perjudiciales con el entorno.

 

A esta función sintética y globalizadora me gusta llamarla “Ser Sabio Interior”, pues resume y actualiza en cada instante todo mi conocimiento de una forma no consciente. Y podemos llegar a hacer consciente el resultado de este proceso.

 

NUESTRO CRITERIO INTERNO

Podemos aprender a pensar mejor si logramos escuchar y confiar en nuestros propios criterios interiores, a través de la atención a nuestras emociones, agradables o desagradables. Aquellas nos marcan lo correcto o incorrecto de nuestra forma de estar en el mundo, interno y externo.

 

Es posible aprender a vivir mejor. No necesitamos grandes y largas terapias, no necesitamos grandes lecturas o aprendizajes complejísimos. Simplemente se requiere aprender a escucharnos de una manera más atenta, diferente a como lo hemos estado haciendo hasta ahora.

 

“GUÍA HACIA EL BIENESTAR”: UN METODO PRACTICO DE DESARROLLO PERSONAL

En nuestro método recogido en “Guía hacia el Bienestar”, exponemos los sistemas y herramientas que hacen posible acercarse a esa meta que es el bienestar. Primero, disminuyendo el sufrimiento y luego haciendo crecer el disfrute y aprendiendo a mantenerlo en el tiempo.

 

Para abordar el primer grupo de los factores reseñados, nuestra constitución genética, disponemos de sistemas que nos permiten adecuar nuestros genes a la realidad del presente. Suelo repetir que estamos muy bien hechos y no es fácil creerse que esto no es un piropo sino que es una constatación de hechos demostrables.

 

Entre esos factores que nos ayudan a mejorar nuestra dotación genética para la realidad de nuestro presente, se incluye la actividad física. También existe la gran variedad de métodos elaborados a través de los siglos para mejorar el funcionamiento de la relación cuerpo-entorno.

 

Desde la adecuación de la alimentación a nuestros requerimientos actuales, que van cambiando con el paso de los años, está claro que no es lo mismo alimentarse con veinte años que con cincuenta. Hasta los ejercicios físicos, que cada vez son más conocidos y practicados: Yoga, Tai-chi, masajes, autofrotaciones, digitopresión… En fin, un enorme etcétera de métodos físicos encaminados hacia nuestro bienestar.

 

El “Entrenamiento en Relajación Creativa” 

En este equilibrio de base corporal merecen una atención especial las técnicas de meditación y relajación. Nosotros utilizamos el “Entrenamiento en Relajación Creativa”. Este método fue desarrollado desde los años setenta del siglo pasado por mi hermano, el Dr. Eugenio Herrero Lozano. (ver artículo «Entrenamiento en Relajación Creativa» – Los beneficios de la técnica)

 

Lo recomendamos por ser una técnica sencilla y fácilmente asequible, que parte del equilibrio corporal y la relajación física, para desarrollar, sobre este estado de serenidad, la relajación Creativa o mental.

 

En ella lo que hacemos es utilizar las capacidades creativas que todos poseemos, los sentidos internos, para la mejoría de la relación cuerpo-mente. Buscamos la estabilidad de estos dos componentes indivisibles e inseparables con el objetivo de alcanzar la “salud psicosomática”, que es la base para todo el trabajo posterior.

 

El uso voluntario de la atención

En cuanto al segundo grupo de factores, mi conocimiento personal consciente y no consciente, trabajamos para aumentar los procesos conscientes. Sobre todo cuando surge un dolor emocional como consecuencia de un pensamiento que no deseamos y del que, con frecuencia, ni siquiera somos conscientes.

 

Desarrollamos técnicas para mejorar el uso voluntario de la atención, que es la base de la consciencia que pretendemos incrementar.

 

Aprender a vivir en el presente

El tercer factor, el trabajo con el tiempo nos permite hacernos conscientes de que casi nunca estamos en el presente. De hecho nuestros sufrimientos tienen su origen en pensamientos sobre sucesos del pasado, recuerdos de lo que ocurrió, o en anticipaciones del futuro.

 

Es decir, suposiciones de lo que va a ocurrir, y que generalmente no ocurre. Sin embargo el sufrimiento ya está producido y padecido en este presente, aunque su origen no es de este tiempo real. Es decir, en el presente es un sitio donde padecemos las consecuencias de nuestros desvaríos del pensamiento hacia el pasado y hacia el futuro.

 

Cambiar de perspectiva para mejorar la percepción

Respecto a los factores cuarto y quinto, el lugar y el entorno en el que situamos el malestar, nuestro trabajo de toma de consciencia nos permite darnos cuenta de cómo la apreciación que hacemos de estos dos factores es parcial, limitada por los mismos órganos de percepción. No puedo percibir una realidad completa, solamente puedo percibir una parte, como mucho la mitad de esta realidad.

 

Podemos modificar fácilmente las consecuencias de esta apreciación parcial, esta limitación que tenemos físicamente por nuestros órganos de los sentidos, sólo con variar el punto de vista. La realidad que percibo es distinta según el punto de referencia desde el que la percibo.

 

Hay un dicho muy antiguo que a mí me parece muy correcto, que dice que “la percepción es una consecuencia de la perspectiva”. Es decir, la perspectiva define y determina lo que percibimos. Si cambiamos ese lugar de percepción, nos ponemos como observadores desde otro punto, lo percibido es diferente, sin que haya cambiado nada en el exterior.

 

Además, nuestra capacidad de hacer cambios en nuestro alrededor es muy pequeña, es decir, nosotros apenas podemos cambiar a lo largo de nuestra vida algunos pequeños factores de nuestro entorno. Por eso, nos centramos en intentar conseguir los cambios internos que nos permitan vivir mejor en el medio en el que hemos elegido desarrollarnos.

 

Este es en principio un gran esbozo, a grandes rasgos, de lo que nosotros podemos y queremos realizar: Nuestra aproximación hacia el bienestar que resumimos y compartimos con vosotros en esta “Guía hacia el Bienestar”.

 

 

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