Creo que el interés por aprender a pensar en positivo tiene la misión de compensar la desviación de nuestra mirada hacia lo negativo, pues hemos sido educados para encontrar lo que funciona mal.

 

APRENDIMOS A OBSERVAR LO NEGATIVO

Los seres humanos tenemos una distorsión en la mirada. Somos muy eficientes para reparar en lo que va mal y poco considerados en atender lo que va bien. Es el sistema en el que nos hemos educado por una cuestión de supervivencia. De pequeños la forma de evitar peligros era la amenaza de lo negativo “No cruces solo, que te pilla un coche; no te asomes a la ventana, que te caes; no toques el enchufe, que te da calambre…”.

 

Probablemente, este sistema de observar primero lo negativo fuera correcto y necesario en una primera etapa para poder sobrevivir, pues hay muchos peligros en la vida actual para un niño pequeño. Pero después, cuando ya somos mayores, no nos han enseñado a mirar los aspectos agradables y positivos de las cosas.

 

Nuestra educación ha sido incompleta. Nos falta una segunda parte en la que nos deberían enseñar que, efectivamente, existe la negatividad pero también hay sucesos positivos. Esa visión parcial del mundo constituida sólo por partes negativas conlleva un gran sufrimiento que ya en la edad adulta es innecesario.

 

NUESTRO MUNDO ES UNA MEZCLA DE POSITIVO Y NEGATIVO

Partimos de la creencia de que los acontecimientos son buenos o malos, bonitos o feos, positivos o negativos, son ellos que nos provocan el bienestar o el malestar. Pero, realmente, todo lo que existe en nuestro mundo es una mezcla. Todas las cosas son mezclas, son blanco y negro. No se da lo positivo aislado de lo negativo, todo tiene los dos aspectos y es sólo nuestra abstracción mental la que nos permite separar las dos caras de la moneda, cuando en la realidad no puede haber monedas con una sola cara.

 

Casi todo tiene aspectos positivos y negativos y, por tanto, nos podemos afectar agradable o desagradablemente según observemos un extremo u otro de la situación. Al no existir los absolutos puros, al ser todo mezclas, podemos aprender a discriminar y escoger lo que más nos interesa.

 

LAS REPRESENTACIONES EN EL MUNDO

El dibujo del yin y del yang es una forma muy oriental de decir que la unidad está compuesta por los pares de complementarios. Cada uno de esos pares de complementarios (el blanco y el negro) llevan en sí un puntito del color contrario, porque los orientales consideran que esos pares de complementarios no se pueden separar. Pero aunque pudiéramos separarlos, cada uno de ellos lleva en sí la esencia del contrario, del complementario.

 

En todas las culturas se repite lo mismo. Nosotros decimos que el vaso está medio lleno o medio vacío. En la cultura turca hablan de que toda vara tiene dos puntas. Si la cortas por la mitad tienes dos varas más pequeñas pero con dos puntas, y por mucho que la cortes siempre tienen dos puntas.

 

APRENDER A PENSAR EN POSITIVO

Como ya hemos dicho, la realidad no es ni blanca ni negra. De hecho, el blanco y el negro no existen. Lo que ocurre es que, efectivamente, toda vara tiene dos puntas, y nosotros desde la infancia hemos sido educados fijándonos fundamentalmente en la parte negra de las cosas.

 

Yo porque me he educado en esta cultura me he convertido en un especialista de ver las partes negras de las cosas, de manera que ahora soy un experto. Miro a cualquier sitio y lo primero que veo es lo negro: lo que falta, lo que cuesta, lo que no, el daño, el peligro, la amenaza….

 

La decisión de pensar en positivo

Cuando me doy cuenta de que estoy sufriendo y decido cambiar mi forma de pensar me puedo plantear: « vamos a ver, pero si esta parte es la negra, tiene que haber una parte blanca. Más grande o más pequeña, a lo mejor como en un iceberg, las 4/5 partes están sumergidas, pero me da igual…el 99% puede ser negro, pero tiene que tener un puntito blanco”.

 

Si me acuerdo de eso y miro todo el proceso, voy a encontrar que en la otra punta está la parte blanca. Que no todo es negro, que la vara tiene dos puntas, y que una, necesariamente, tiene que ser blanca. Un mismo acontecimiento, según como lo interpretemos, nos producirá alegría o tristeza, pues no es el suceso en sí el que produce la emoción, sino la interpretación que hacemos de él.

 

Supongamos un suceso que produjera el mismo efecto a todo el mundo, como la muerte de un ser querido. En occidente, donde vivimos la muerte como una desgracia, decimos “¡Que desgracia que se ha muerto!” y sufrimos. Pero hay muchos millones de personas en la India que “saben” por su religión que han nacido “parias” como castigo a una vida anterior, de manera que el perdón de Dios es la muerte. Y como lo creen realmente, la muerte se convierte en un acontecimiento de alegría y no de tristeza.

 

Aprender a fijarse en lo bonito y a pensar en positivo es uno de los trabajos que pretendemos realizar en nuestras sesiones de “Guía hacia el Bienestar”.

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