Seguro que en más de una ocasión has oído hablar de la somatización, una situación en la que se manifiestan molestias y demás síntomas físicos, sin causa aparente ni justificada, que derivan de un malestar emocional. Si es tu caso, seguro que te estás preguntando qué relación existe entre las emociones y la salud.

Para responder a esta cuestión, nuestros expertos dan algunas claves en las siguientes líneas. ¡Empezamos!

¿Qué son exactamente las emociones?  

Para entender qué relación existe entre las emociones y la salud, primero debemos tener una idea clara de qué son las emociones. Se trata de reacciones que nadan entre el plano físico y psicológico, generando cambios en la experiencia afectiva y en la conducta. 

Las emociones surgen como respuesta a alguna experiencia, ya sea un éxito, una noticia relevante o un episodio desagradable. Por tanto, podríamos decir que  funcionan como una herramienta evolutiva que nos ayuda a afrontar situaciones inesperadas. 

En otras palabras: las emociones facilitan la interacción social en el plano de la comunicación y la conducta y, en definitiva, adaptan nuestras reacciones a diferentes estímulos externos. 

 

Respuestas desadaptativas: el punto de arranque

Tanto si la carga emocional es demasiado fuerte como si tenemos una respuesta desadaptativa a los estímulos, pueden aflorar sentimientos de frustración, miedo, ira o ansiedad. 

En algunos casos, los sentimientos pueden dejar secuelas en el individuo, incluso cuando ha desaparecido el estímulo inicial que provocó el sentimiento. Y es aquí cuando empieza el problema, que puede materializarse en forma de trastorno físico, mental, o ambos.

 

¿Por qué los sentimientos afectan a la salud?

Dado que los sentimientos son reacciones ligadas a nuestra conducta, puede ocurrir que, ante un estímulo “mal procesado”, abandonemos ciertos hábitos de vida que afecten, por ejemplo, a la alimentación, al ejercicio físico, etc. Muchas veces, además, se hace de forma inconsciente. Y es entonces cuando el sistema nervioso autónomo (también llamado vegetativo), puede elevar la frecuencia cardíaca, potenciar la tensión muscular, alterar los ritmos circadianos, etc. 

Si esta situación se prolonga en el tiempo, acaba por cronificarse, lo que convierte al individuo en un ser más vulnerable frente a enfermedades infecciosas o inmunológicas. 

 

En resumen, existe una estrecha relación entre las emociones y la salud. Por ello, desde Guía hacia el bienestar apostamos por una atención médica y psicológica de primer nivel para que, al más mínimo síntoma, acudas a los mejores profesionales. ¡Más vale prevenir que curar!

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