¿QUÉ ES EL RESPETO?

Una forma de resolver el concepto de maldad, injusticia y culpa en nosotros y en los demás es a través del respeto.

 

En el respeto consideramos que todos estamos a la misma altura, que todos somos semejantes. De tal forma que podría admitir que el otro está haciendo lo mejor que sabe y puede. Para mí el respeto es que le concedo al otro el beneficio de la duda de que eso que ha hecho o lo que está haciendo quizá sea lo mejor que sabe y puede hacer.

 

EL RESPETO: CINCO PASOS A CAMBIAR

Frente a un error, lo habitual es que con algo que duele, sea físico, emocional o de relación:

  • Me crítico
  • Me culpo
  • Me castigo
  • Crítico a los demás
  • Culpo a los demás

 

En lugar de criticarme, juzgarme y castigarme puedo darme cuenta de que el dolor es el aviso de un error. ¿Y si lo que he hecho fuera mi mejor decisión posible? Cuando tengo una emoción desagradable, mi parte sabia me avisa a través de esa emoción de que esto que estoy pensando es un planteamiento erróneo, pero respeta lo que hago porque sabe que eso es lo mejor posible en este momento, aunque no es lo más adecuado objetivamente.

 

Cuando estoy “niñeando” (pensando de formas infantiles y teniendo esos dolores emocionales) es lo mejor que puedo hacer en este momento. Se trata de aprender en nosotros mismos a respetarnos. El respeto es conceder, al otro o a mí, el beneficio de la duda. Es decir, yo respeto a otro cuando no conozco o no comprendo o no comparto sus porqués y sus para qués. Y sin embargo, admito que pueda ser adecuado para él en esta circunstancia y en este momento concreto.

 

Pasa lo mismo conmigo; aunque no conozco, no comparto o no comprendo y no tengo idea de para qué estoy haciendo esto con lo que me enfado, puedo volver a considerarlo y plantearme “¿Y si fuera lo mejor posible para mí?” Me concedo el beneficio de la duda. Por tanto no me voy a juzgar ni a criticar sino que me respeto.

 

TRES PASOS PARA TENER RESPETO POR UNO MISMO

cómo tener respeto por uno mismo

Con ese sistema lo que hacemos es abrir nuestra mente al conocimiento, de manera que el aprendizaje que está implícito en el dolor va a entrar a mi cerebro derecho, el que maneja toda la información, nuestra parte más sabia.

 

1°- Primer paso para el cambio: decido seguir igual

Generalmente cuando decido cambiar y decido no volver a hacer algo cuyo resultado no me gusta, no lo consigo, porque no es una cuestión de fuerza de voluntad. Cuando me doy cuenta que no consigo cambiar conviene primero decidir seguir igual. Si esto que estoy haciendo puede ser lo mejor para mí, voy a decidir hacerlo cuando note esa necesidad. Gracias a la decisión de seguir igual consigo dejar de pelearme conmigo mismo, porque en esa pelea no hay ni vencedor ni vencido.

 

Cuando estoy peleando conmigo mismo, el campo de batalla que es el cuerpo se deteriora, y entonces la solución es dejar de luchar. A esto lo llamo estar poco bien y disfrutarlo. Por ejemplo, si tiendo a castigarme por comer mucho cuando estoy nervioso, podría hacer lo contrario, disfrutar mucho al comer mi barra de pan con mantequilla.

 

Sólo si me alío conmigo y dejo de luchar contra mí, llegará un momento en que, por estar harto de pasarlo mal, decidiré cambiar, sin peleas ni esfuerzos de la voluntad. Sólo por hartazgo, que ya es una forma de amor hacia mí mismo.

 

2°- Segundo paso para el cambio: diseñar el cambio

Por tanto, a base de decidir seguir igual llega un momento en que decido cambiar porque es que “ya no quiero más”, estoy en condiciones de decidir hacer otra cosa. Decidir cambiar está muy bien, y generalmente consiste en decirme: “ya no voy a hacer esto”. Pero resulta que el agujero sigue estando ahí, y entonces si decido que no voy a comer tanto, no sé qué otra cosa hacer, ya que tengo una casi infinita gama de posibilidades.

 

El siguiente paso es preguntarme “¿Qué puedo hacer para cubrir este agujero?” me voy al gimnasio, voy a correr, voy a ir a la sauna, a recibir masajes, me voy a cuidar, me voy a dar cariño… Entonces diseño ese cambio en mi mente, atendiendo a mi sabiduría interior para buscar qué opción me parece más apetecible. De esta manera puedo enfocar en una dirección deseable mi energía y mi fuerza. Con esto tengo bastantes probabilidades de conseguirlo.

 

Con estos dos primeros pasos: Me doy cuenta del error y me respeto, ya pongo en marcha un proceso de cambio, que estaba bloqueado por la crítica, el castigo y todo lo habitual socialmente.

 

3°- Tercer paso para el cambio: el “Para qué”

Realmente no es el último sino que se puede intercalar entre cualquiera de los anteriores pasos. Consiste en preguntarme “¿para qué lo hago?”, investigar cual es la finalidad, el sentido de esa conducta inicial que, siendo inadecuada porque me lo marca mi ser sabio con dolor emocional, es la mejor posible para mí y la estoy respetando.

 

Cuando investigo el “para qué”, esto no tiene por qué acelerar el proceso pero sí que me aumenta el respeto. Porque me doy cuenta de que, efectivamente, estoy comiendo para tapar la falta de afecto de mi padre, hermana, fulanita… Y entonces aunque sea absurdo e impropio de mí, tiene un sentido, porque si para mí es muy importante el afecto de mi padre. Y como no lo tengo, resulta que la barra de pan con mantequilla es muy atractiva.

 

El para qué nos permite darnos cuenta de que somos respetables, de que nuestra decisión no es la mejor posible pero sí adecuada, la mejor posible para mí en este momento. Cuando como demasiado me estoy dando cariño. Si me estoy dando cariño y me enfado al mismo tiempo no voy a ningún sitio porque me estoy criticando y castigando por darme cariño. Me parece ya inadecuado luchar contra el exterior, y por tanto esto de luchar contra nosotros mismos es la mayor estupidez que podemos hacer.

 

Es el mismo problema con el tabaco, con el alcohol, con las drogas… Salir de esa situación conlleva aprendizaje. Hace falta aprendizaje y conocimiento, y el conocimiento siempre se adquiere mejor con respeto y amor. Llega un momento en que la satisfacción de comer queda superada por la satisfacción de verme mejor, de sentirme mejor. Y en ese momento ya tengo una motivación real. Mientras me estoy amenazando con el palo no hay cambio y voy a seguir igual.

 

¿CULPAR O RESPETAR A LOS DEMÁS?

Cuando me pongo en el lugar de otra persona me puedo identificar con ella. Si en lugar de culpar a esa otra persona, me pongo en su lugar como culpable, con esa culpa si puedo trabajar. Me imagino en el lugar de la otra persona y aunque es imaginario, como yo sólo puedo imaginar lo que tengo, porque a la otra persona no la conozco, es imposible que me pueda poner realmente en el lugar de la otra persona.

 

Sin embargo ese jueguecito de ponerme imaginariamente en el lugar de la otra persona me hace identificarme a mí, y reconocer mi propia culpa. Y esa si la puedo resolver, porque a mí sí me puedo preguntar “¿Y cuál era mi intención?”, “¿para qué estaba haciendo esto?”.

 

Cuando me atribuyo a mí la supuesta culpa y busco, se deshace porque no existe ninguna culpa. No tenía mala intención, no soy culpable de nada, y por tanto la otra persona tampoco es culpable.  Cada culpa que yo me atribuyo se expresa en un montón de culpas en el exterior.

 

La única forma de resolverlas es en mí, porque la otra persona no tiene solución, y entonces empiezo a desmontar mi propia culpa. En el fondo de nuestros sufrimientos mantenidos está este mecanismo de la culpa, y el enfado está por medio.

 

EL CAMBIO HACIA EL BIENESTAR

El cambio hacia el bienestar

El bienestar es la consecuencia de una decisión

Si quiero implementar un cambio en mi vida conviene primero darme cuenta de que tengo un problema y decidir cambiar. Con mucha frecuencia estamos intentando hacer cosas para cambiar pero no hemos tomado la decisión. ¿Qué es lo que quiero conseguir? Estoy haciendo esto para “este” objetivo.

 

Para realizar cambios hacen falta tres requisitos:

  • Necesidad o deseo de cambio
  • Creer en la posibilidad de cambiar
  • Practicar y repetir con una técnica adecuada durante el tiempo suficiente, en este caso, cual es mi intención, para qué lo hago.

No es fácil hacer un cambio hacia el bienestar porque nos bloquean todos los inconvenientes del miedo, del creer que no vamos a saber, de todas esas mentiras que nos contamos y que dificultan el cambio.

 

El bienestar es un estado que no tiene requisitos. Cualquiera se puede instalar en el bienestar, sin ningún requisito previo. No hay condiciones. No es “Yo estaría bien si me trataran los demás de otra manera”. Puedo estar bien aún sin esta persona, aún con este jefe, aun en esta circunstancia… Yo puedo estar bien sin que haya ningún condicionante externo. El bienestar es algo que estamos en este mismo momento dotados para instalarnos en él con todo lo que tenemos aquí, y nos sobra.

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