Extracto del libro «La Sabiduría de las Emociones – Entrenamiento en Consciencia Creativa» de los Doctores Eugenio Herrero Lozano y Julio Herrero Lozano. Si quieres acceder a la obra completa pulsa la imagen:

La intención del Dr. Eugenio Herrero al concebir en 1982 la idea de un curso que continuase el trabajo de Relajación Creativa fue denominarlo «La Sabiduría de las Emociones: Entrenamiento en Conciencia Creativa«. Sin embargo, la palabra conciencia puede tener otras implicaciones éticas, religiosas o morales que no tienen por qué darse en nuestra actividad, por lo cual decidimos añadir una «s» y usar la palabra consciencia.

 

Esta obra se centra en tres niveles fundamentales de consciencia:

  • La consciencia del cuerpo
  • La consciencia de las emociones
  • La consciencia del pensamiento

 

LA CONSCIENCIA CORPORAL

Consciencia creativa - Consciencia corporalLa consciencia del cuerpo no es una función que tengamos que adquirir o crear sino más bien algo que perdimos y queremos reencontrar. Quizás la teníamos de pequeños y acaso la posean en las culturas primitivas y los animales, pero el ser humano actual la pierde o la adormece en el proceso de intelectualización, posiblemente al identificarse con el pensamiento, desidentificándose del cuerpo. 

 

Es como si el pensamiento o el mundo exterior fuesen más importantes que el organismo o, en un sentido religioso, como si el cuerpo fuese el enemigo del alma. Los adultos precisamos aprender de nuevo a habitar esa casa que es nuestro cuerpo y que hemos olvidado.

 

Se trata de tomar consciencia de los procesos que ocurren en nosotros mismos. Aunque esta toma de contacto con el propio cuerpo pueda parecer innecesaria – “lo llevamos puesto” y se supone que lo estamos notando continuamente-, en nuestra experiencia no es así; en realidad nuestro cuerpo es un desconocido para nosotros y no tenemos consciencia de muchas de sus partes y funciones.

 

Tomamos consciencia de lo que ocurre en el cuerpo sano cuando lo atendemos y le aconsejamos diversas experiencias. Por ejemplo, cuando relajamos los músculos, al pensar en que se ablanden, aparecen ciertas sensaciones que son informaciones que nos envía el cuerpo en el lenguaje con el que nos comunicamos con él a nivel de la salud. Del mismo modo que el dolor sería otra forma de comunicación, propia del organismo cuando está enfermo o dañado.

 

¿Qué pasa en el aparato circulatorio, arterias, venas y capilares, cuando pensamos en él con la idea de calor, de caliente? Se producen una serie de cambios y sensaciones, incluso podemos tomar contacto con las vísceras abdominales, apareciendo ciertas sensaciones a nivel digestivo, o sentir el corazón y notar la respiración. Pues bien, este tipo de consciencia no suele darse en las personas que no han trabajado con éste o con cualquier otro tipo de técnicas de relajación y crecimiento personal.

 

INTEGRACIÓN DE LA MENTE EN EL CUERPO

La siguiente etapa, tras haber logrado establecer una consciencia del cuerpo sano, un diálogo cuerpo-mente, el control de la imaginación y un incremento en la capacidad de centrar la atención, es crear una integración de la mente en el cuerpo, ya que habitualmente los tenemos disociados, al estar acostumbrados a identificarnos con uno u otro como partes separadas.

 

Normalmente percibimos el cuerpo como algo que nos pertenece, como “el cuerpo que tengo”; tenemos los brazos, tenemos las piernas, las distintas partes de nuestro cuerpo nos pertenecen de igual manera que la camisa o los zapatos.

 

La idea es que la consciencia del cuerpo fragmentado esté más unificada y que empecemos a darnos cuenta que realmente el cuerpo no es solo algo que “tengo” sino también “algo que soy, es decir, una parte integrante del “Yo”, y no solo el lugar donde el yo reside. Centrarse en el cuerpo para percibirlo como unidad.

 

EL CONCEPTO HOLÍSTICO

El sentido de la palabra holístico es considerar el continuo cuerpo-mente-espíritu como una unidad. Esa palabra holístico es derivada del término griego “holos”, que significa unidad o indivisibilidad, pues “el individuo es más que la suma de sus partes”. Por ejemplo, si meto una mosca viva dentro de una bolsa de plástico y le separo las alas, las patas y la cabeza, dentro de la bolsa tengo toda la mosca, pero ya no vuela; la suma de sus partes es mucho menos que la mosca viva.

 

El ser humano se puede concebir como algo indivisible, no podemos dividirnos en brazos, piernas, ojos, emociones, intuiciones, etc…Porque si nos fragmentáramos de esa manera no seríamos seres humanos.

 

De igual modo, no somos independientes del agua, del sol, de la tierra, del fuego, o de los animales y las plantas que comemos, pues también formamos una unidad con ellos, y con todo el Planeta, que a su vez forma una unidad con el Sistema Solar, el cuál no sería como es si la Tierra no estuviera en su lugar y los demás planetas en el suyo, y así podemos ir liberando la imaginación hacia una Unidad Universal que funciona en un sentido holístico, de totalidad armónica.

 

La medicina convencional

Sin embargo muchas personas, entre ellas algunos médicos, todavía siguen entendiendo a los pacientes como les enseñaron en la Facultad, de una manera desmembrada, por partes y no como la unidad que somos, como seres humanos íntegros. Por ello separan la mente y el cuerpo (no digamos ya el espíritu) y perciben parcelas del cuerpo o, a lo sumo, éste en su totalidad; los psicólogos y psiquiatras solo consideran la mente.

 

Pero las dos visiones son parciales y por tanto insuficientes al olvidar que “el todo es más que la suma de sus partes”. Es muy importantes tenerlo en cuenta porque la unidad, el todo, posee capacidades y funciones que no tienen sus partes por separado. Esta norma se cumple en cualquier ser, incluso en las máquinas; si consideramos el motor de un coche y la gasolina como objetos aislados, ninguno de los dos tiene capacidad de moverse, pero al unirlos aparece esa nueva capacidad, el movimiento, que antes no tenían.

 

El ser humano como unidad indivisible

A partir de este supuesto nos podemos enfocar sobre la consciencia del cuerpo, lugar donde se manifiestan los otros niveles, donde tenemos las sensaciones, notamos las emociones y fabricamos los pensamientos. Las emociones y los pensamientos no solo se manifiestan en el cuerpo sino que, según este concepto holístico, son una misma cosa.

 

En realidad, el cuerpo y la mente son solo distintas manifestaciones de ese ser humano al que llamo “Yo”. Cualquier división que hagamos es artificial porque realmente no existe separación, es una unidad indivisible.

 

La consciencia del cuerpo es una actividad que la especie humana ha venido desarrollando en distintas formas desde sus orígenes, dejando amplia muestra de ello en las artes y en diversas técnicas, tanto a través de los tiempos (pinturas rupestres, acupuntura, tai chi, yoga…), como en la actualidad (gimnasia, masajes, aerobic, shiatsu, reflexología, etc.). Aunque algunas de estas técnicas existen desde hace mucho tiempo, su difusión en occidente ha tenido un incremento enorme en la segunda mitad del siglo veinte, ya que en Oriente su práctica es muy antigua.

 

El cuerpo, por su antigüedad, tiene una gran sabiduría acumulada a lo largo de millones de años; es como una cajita en la que la naturaleza ha ido guardando todo lo que ha demostrado funcionar bien a lo largo de la evolución (los genes). Aumentando la consciencia de él, atendiéndolo y escuchándolo, podremos alcanzar ese conocimiento enormemente valioso para el bienestar.

 

EL EQUILIBRIO

Consciencia creativa - equilibrio

Trabajar con el cuerpo es la base del desarrollo de la consciencia, por ello nos ocuparemos de él y en particular de una de sus funciones, el equilibrio. Si no estamos en equilibrio físico resulta difícil incluso relajarse.

 

El estado de equilibrio en un cuerpo físico, en cualquier objeto, aparece cuando todas las fuerzas que actúan sobre él se compensan favoreciendo su estabilidad; es lo que nos permite mantener una postura, como cuerpos físicos que somos. El desequilibrio nos tensa, centrarnos nos calma.

 

Adoptar una posición equilibrada disminuye tensiones y no solo las musculares, pues sabemos que éstas tienen habitualmente relación con tensiones emocionales. Sentarse o estar de pie en equilibrio es estar equilibrando todo el ser, al menos el cuerpo y la mente.

 

En todo movimiento tenemos consciencia, más o menos clara, del equilibrio de forma continua, pues hemos de mantenerlo constantemente. Incluso, cuando estamos con otras personas, controlamos no sólo el equilibrio físico sino también el de las distancias, las palabras y los gestos, intentando mantenernos continuamente equilibrados en nosotros mismos y con relación al entorno.

¿Te ha gustado el artículo?

Deja tu comentario