Con mucha frecuencia la persona que acude por primera vez a mi consulta empieza a explicarme cuáles son sus problemas, sus carencias y sufrimientos, qué es lo que le pasa… Y en un momento determinado de la conversación plantea una justificación diciéndome: “todo esto me pasa porque soy demasiado sensible”. No son sólo mujeres las que me hablan de sensibilidad emocional, también muchos hombres me aseguran que “sufren por todo” ya que “son muy sensibles”.

 

¿REALMENTE ES TAN SENSIBLE?

La primera vez suelo respetar su criterio sin decir nada, porque mi respuesta en ese momento sería bastante anticipatoria e intempestiva. Pero cuando ya hemos establecido una relación y llevamos un tiempo conociéndonos, le explico que lo que tiene no es sensibilidad emocional ¡sino todo lo contrario! Está insensibilizada a las emociones.

 

“¡Pero qué me dices, sí yo sufro con todo!” Precisamente ese es el problema, que sufre con todo. Vive cualquier emoción y cualquier alteración de cualquier tipo con mucha intensidad porque tiene un nivel de afectación muy alto.

 

Ocurre que mis pacientes se dan cuenta por ellos mismos de que aquello a lo que llamaban “sensibilidad” era en realidad encallecimiento. Sufrían de forma intensa y repetida por no percibir los “dolores emocionales” ligeros, y sólo notaban los malestares cuando eran muy intensos, como si estuvieran acostumbrados, anestesiados ante los estímulos más leves.

 

NUESTRA FORMA DE MEDIR LA SENSIBILIDAD EMOCIONAL

Generalmente mis pacientes acuden a mi consulta porque tienen unos niveles de sufrimiento intensos. Vienen por ansiedades, tristezas y enfados bastante molestos de grado medio alto. Dicen que son muy sensibles, porque como están en un nivel muy alto de sufrimiento, se afectan con cualquier cosa. Solamente perciben su ansiedad o su tristeza cuando pasa de su umbral habitual.

 

Valoración de las emociones

Nosotros medimos la emoción – ansiedad, tristeza y enfado- de 0 a 5. Cuando una persona está acostumbrada a tener una ansiedad o una tristeza de base de grado 2, solamente la nota cuando esa emoción pasa por encima de dos y medio, porque está insensibilizada y encallecida a las emociones más bajas. No nota las emociones tenues porque está teniendo permanentemente una emoción media-alta, no porque sea muy sensible.

 

Insensibilidad emocional

Sensibilidad emocional e insensibilidadSería curioso que una persona sorda que solamente oye cuando le gritas te dijera “es que tengo muy buen oído”. Perdona, tú lo que estás es sordo. Si te tengo que gritar para que me atiendas, para que me escuches es porque estás sordo, oyes poco. No es porque seas muy sensible. En el caso de la sensibilidad emocional ocurre exactamente lo mismo.

 

Si estoy sufriendo de una forma muy continua es porque estoy acostumbrado a esos sufrimientos. Me he encallecido a las emociones desagradables y entonces no las percibo cuando son tenues. Sólo las percibo cuando son muy intensas, como si las sintiera a través de una mano encallecida por el contacto físico.

 

PUNTO DE DESCONTROL DE LAS EMOCIONES

A veces la emoción progresa lentamente, nos vamos acostumbrando a ella, no la notamos hasta que tiñe por completo nuestra percepción. En otras ocasiones crece rápidamente y nos sentimos invadidos por ella. En ambos casos la vivimos como incontrolable, pues cuando la emoción supera un nivel entre 3 y 4 de intensidad, lugar donde se suele encontrar lo que denomino “punto de descontrol”, la química de las emociones tiñe los sentidos y la memoria, alterando las percepciones y los recuerdos. Esta turbación se adueña entonces de nosotros, pasando a la situación de emocionalidad o descontrol emocional en el que resultamos ofuscados por las emociones.

 

Gráfica general de las emociones - Área de descontrol emocional
FIGURA 6. Gráfica general de las emociones (tomado del libro Miedo al Bienestar, Dr. J. Herrero)

 

En efecto, si estamos angustiados solo pensamos en huir. Si nos encontramos enfadados buscamos el enfrentamiento, verbal o físico. Y si el descontrol se debe a tristeza, sólo queremos refugiarnos en nuestra habitación, cerrar las persianas, meternos en la cama y llorar. Cuando las emociones superan ese umbral del descontrol emocional, con el enfado nos cegamos, con la angustia nos descontrolamos, y con la tristeza nos paramos.

 

Efectos cuerpo-mente del descontrol emocional

Cuando llegamos a niveles de emocionalidad elevados, se produce una verdadera “intoxicación” emocional en el cuerpo, similar a la producida por el alcohol u otros tóxicos externos. Como una especie de “embriaguez emotiva” consecuencia de la acumulación en el organismo de las sustancias químicas de las emociones y de los residuos derivados de su metabolismo.

 

Por ejemplo, en la ansiedad y el enfado se puede llegar a una intoxicación por adrenalina, que conlleva en el cuerpo palpitaciones, inquietud, sudoración, contracturas, temblores, etcétera. Y que en la mente puede dar lugar a desconfianza, ideación paranoide, celos, alucinosis, etcétera.

 

En estas situaciones desbocadas, cuando entramos en la zona de emocionalidad o descontrol emocional, pensamos, decimos y hacemos cosas impropias de nosotros como corresponde al yo fuera de control. Se altera no sólo la percepción sensorial, sino también la memoria y el funcionamiento global del cerebro, e impulsados por esa emotividad se mantiene el malestar. En efecto, las decisiones tomadas suelen ser incorrectas al estar sesgadas por esa visión distorsionada, y los resultados de ellas, inadecuados, retroalimentan nuestra sospecha de maldad y falta de valía, de no ser fiables debido a la existencia de semejantes descontroles.

 

CÓMO AUMENTAR SU SENSIBILIDAD EMOCIONAL

Escuchar a las emociones más tenues

Gráfica de las emociones - Escuchar a las emociones más tenues
FIGURA 8. Tiempo eficaz para actuar (tomado del libro Miedo al Bienestar, Dr. J. Herrero)

 

Una parte importante de las técnicas que utilizamos en nuestra terapia “Guía hacia el Bienestar” es aprender a sensibilizarnos, a escuchar nuestras emociones cuando son más bajas, a desarrollar una verdadera sensibilidad emocional. Es decir, a atender a nuestras emociones cuando son de grado uno, 0,5, 0,8 antes de que suban a grado 2, dos y medio o 3. Así nos hacemos verdaderamente sensibles. Es decir, cuando el pensamiento que las origina lleva poco tiempo dando vueltas en nuestra mente.

 

Observar los pensamientos

A medida que ese pensamiento da vueltas mi emoción va generándose cada vez más intensa hasta que llega un momento en que la siento porque ya es muy alta. Si nos pasan desapercibidas en esos niveles bajos, podemos situarnos muy cerca del punto de descontrol y nos sentiremos como si nos moviesen desde fuera, ya que estando muy mal no es fácil percibir el origen interno del proceso, el pensamiento que originó ese malestar.

 

Cambiar los pensamientos por otros más adecuados

En nuestro trabajo uno de los lemas que utilizamos en estos procesos es “piensa bien para vivir mejor”. Esa frase es lo contrario del refrán ese tan habitual de “piensa mal y acertarás”. Para mí, no sé si acertaré o no acertaré pero desde luego voy a sufrir seguro si pienso mal.

 

Por tanto, prefiero aprender a pensar mejor, y pensar mejor es esa forma en la que me duele menos. De manera que si aprendo a detectar los pensamientos que me duelen puedo cambiarlos por otros menos dolorosos e incluso agradables. Esto dicho así parece que es muy mecánico, pero no es tan sencillo ni es tan complejo. De ahí el que hayamos desarrollado esta auto-psicoterapia de “guía hacia el bienestar”.

    9 respuestas a "Sensibilidad emocional: ¿Por qué eres tan sensible?"

    • Mar

      La verdad me ha gustado mucho la manera de enfocar los pensamientos 👍

    • Lucía

      Ojalá fuéramos muchos los que siguiéramos tus enseñanzas Julio, la vida sería más sencilla, con los tropiezos justos y con mucha luz….

      • Julio

        ¡Muchas gracias Lucía!

    • Mar

      Siempre mw gusta tu manera de ver y enfocar, los pensamientos y toso lo que nos trasmites Julio.
      Muchísimas gracias !!

      No puedo bajarme los videos gratuitos 🤷‍♀️

      • Julio

        Buenas tardes, Mar:
        ¿Has podido suscribirte a los cinco vídeos de regalo?
        Un abrazo

    • Sandra de Miguel

      Muchas gracias, Julio. Maestro.

      Entiendo perfectamente de lo que hablas, lo reconozco en mí. Cuando uno está atrapado, contaminado por las emociones negativas, desaparecen los matices. Todo es negro o blanco, no hay tonos intermedios. La potencia del dolor nos inhabilita para percibir las sutilezas. Nos volvemos radicales y percibimos nuestro mundo de este modo. Y, ciertamente, sentimos que las cosas son como las estamos sintiendo en ese momento, como las estamos interpretando desde esa visión que, realmente, está distorsionando lo que percibimos.

      Cuando somos capaces de estabilizarnos, de volver a nuestro centro. Esa visión enturbiada por las desagradables sensaciones se va también aclarando y desde esta mirada limpia, serena es cuando uno es capaz de captar los matices, porque la agitación ha desaparecido. Y la realidad tiene infinitas tonalidades a las que solo tenemos acceso desde la calma y ahí es cuando comenzamos a aprender.

      • Julio

        Buenos días, Sandra:
        Me alegro de que reconozcas en tu propia experiencia este proceso, ya que es la base de gran parte de nuestro trabajo:
        Tomamos nota de algún dato en el momento del malestar, sabiendo que está distorsionado por el sufrimiento, y lo analizamos posteriormente, horas o días después, cuando el dolor ya se ha mitigado y hemos recuperado la visión más clara. La perspectiva determina la percepción.
        Un fuerte abrazo

    • Xago

      Estamos en guerra. ¡Alto! ¡Hay que reflexionar! Ahí está Julio Herrero, poniendo los puntos sobre las ies. Leámosle. El siniestro total nos acecha. Juguemos al puzle de las corrientes navegables con nuestra sombra. Esta también es la hora de la concordia.

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