SOBRE EL PERFECCIONISMO

Generalmente el perfeccionismo se acompaña de ansiedad, pero también puede originar enfado y tristeza. Es un concepto que es frecuentísimo en las primeras entrevistas terapéuticas. Es decir, cuando una persona acude a mi consulta por primera vez, éste es un rasgo muy habitual. Hay personas enormemente perfeccionistas, personas que tienen como carácter definitorio su búsqueda incesante de perfección. Intentan alcanzar cuotas de perfección que son inalcanzables. Es decir, pretenden ser perfectos. Vamos a ver en este artículo cómo solucionar el perfeccionismo.

 

Perfeccionismo y supuesta falta de valía

Cuando las personas ya llevan un tiempo trabajando con nuestras técnicas entienden claramente que el perfeccionismo es una hipercompensación de la supuesta falta de valía y de confianza. Es decir, la base sería: si creo valer poco, ¡voy a aparentar que valgo mucho! ¿Cómo? Haciendo todo muy bien. Haciendo las cosas muy perfectas. La frase que para mí resume el perfeccionismo seria “tengo que hacerlo todo, tengo que hacerlo ya y tengo que hacerlo perfecto”.

 

Las personas que practican ese  perfeccionismo son generalmente personas enormemente angustiadas, con altos niveles de ansiedad y también con enfado. Este enfado es con mucha frecuencia vertido sobre sí mismas y con bastantes retazos de tristeza, por no conseguir ese perfeccionismo.

 

El perfeccionismo es una trampa

El perfeccionismo es una trampaComo no somos perfectos y sabemos que no lo somos, esa lucha, esa escalada de intentar conseguir cada vez estados mayores de perfección nos llevan a situaciones cada vez más frustrantes. Porque por mucho que finjamos, si no consigo perfeccionismo en la realidad voy por lo menos a fingirlo. Voy a fingir que lo hago todo muy bien para que todos me digan “que bien, que perfecto que es fulanito”, pero como sé que estoy fingiendo, no me satisface tampoco.

 

Es decir, el perfeccionismo es una trampa que no tiene salida ni escapatoria. Si entro en el perfeccionismo ya no hay formas sencillas de salir de él. Cada vez requiero cuotas más elevadas de perfeccionismo, cada vez hace falta que me demuestre que hago más cosas, que las hago mejor… que las hago perfectas. Pero como es imposible porque en este Universo no existe la perfección, me quedo siempre frustrado, siempre angustiado, siempre falto de algo. Triste.

 

FINGIR PERFECCIONISMO Y APARENTAR

Si crees que no vales o no tienes, oculta o finge para dar una imagen de perfección”: éste es el mensaje social. Las creencias de falta de valía no tienen base real en nuestra experiencia, son ficticias, suposiciones que nadie ha podido experimentar. Por eso sólo podemos fingir su compensación, el perfeccionismo.

 

Pasamos gran parte de la vida en el empeño de aparentar: ya que no soy o no tengo lo que desearía ser o tener, por lo menos voy a fingirlo, a ver si me aceptan. Pero sigo creyéndome tonto, inútil…y además, tengo que seguir fingiendo para que no se me note, con lo que empeora la situación, pues requiere una gran inversión de esfuerzo. Y al final del día, a solas, me digo: “sigues siendo el mismo inútil, no has conseguido valer ni un poco más; con todo el esfuerzo que has hecho y sigues igual de tonto”.

 

FINGIR PARA CONSEGUIR MERITO

Fingimos perfección y utilidad, aparentamos valía mediante el perfeccionismo exagerado que consume gran parte de nuestra energía vital. También fingimos al hacer muchas actividades “muy bien”, al tener propiedades muy costosas para aparentar una mayor valía de la que consideramos poseer, sentirnos importantes, útiles, para que nos valoren o aprecien y así conseguir “merito”.

 

Podemos distinguir esta forma de perfeccionismo dirigida hacia fuera, a los demás, de otras formas más internas, como la vanidad y la soberbia, con las que intentamos engañarnos a nosotros mismos en el acto fingido. Cuando fingimos ser perfectos obtenemos menor sufrimiento o mayor seguridad – la satisfacción no dolorosa– en lugar de satisfacción gozosa, que incluso disminuye. Permanecemos estancados, inmaduros, nos dificulta crecer y desarrollarnos.

 

SATISFACCION NO DOLOROSA Y GOZOSA

Satisfacción no dolorosa

La satisfacción no dolorosa persigue un menor sufrimiento, compensa para seguir igual y vale para sobrevivir pero no para vivir bien. Hemos sido educados en ella con el lema “la letra con sangre entra”, en las formas de “no te da vergüenza”, “eres culpable”, “no sé qué vamos a hacer contigo”… Estos pensamientos nos han permitido seguir vivos, pero no sirven para alcanzar la satisfacción plena, pues el aprendizaje por evitar el castigo no nos permite crecer.

 

Con el tiempo se puede somatizar (si quieres saber qué son las somatizaciones puedes leer este artículo) y aparecer como un sedimento que se acumula en las articulaciones para dar lugar a las artritis y artrosis, en los órganos en forma de cálculos biliares, renales, depósitos cutáneos, etc. Como una sobrecarga.

 

Satisfacción gozosa

La satisfacción gozosa es esa satisfacción que nos impulsa a crecer, nos estimula hacia la mejoría. Nos empuja a expandirnos en todas direcciones y elevarnos. Es la satisfacción amorosa, impulsora del desarrollo evolutivo del ser hacia el Universo y se logra a través de la generosidad y del amor. Es un tema que tratamos más en detalles en nuestro artículo «El desarrollo en el egoísmo del ser humano (desde el egoísmo al amor)«.

 

El perfeccionismo es un intento de compensar nuestra creencia de falta de valía, es una meta inalcanzable pues en este Universo no existe la perfección y si hacemos de ella nuestro objetivo nos condenamos al sufrimiento indefinido. No es más valioso lo más perfecto, también la imperfección tiene valía, y en el caso de algunas joyas es lo que les da su mayor valor, su carácter único.

 

CINCO TIPOS DE PERFECCIONISMO

1) La soberbia

Una forma de fingir perfección a través del mecanismo de la negación es la soberbia, como forma de ocultar el temor profundo a la falta de valía, que se compensa con una apariencia de valía superior.

 

2) Apropiarse los criterios de los demás

Otra forma distorsionada de perfeccionismo es la autoevaluación que se da cuando alguien no cree en su valía. Para ocultarlo o evitar el rechazo de los demás, en vez de aparentarla, renuncia a sus criterios al hacer propios los conceptos y decisiones de otras personas, pero continúa sin valorarse pues sabe que no está siendo él mismo.

 

Se encuentra muy cerca de la enajenación, del “no ser yo”, sabiendo que sí lo soy. Es una forma de disolución del yo: “si hago mi vida, me rechazan: si vivo la de otros, no tiene sentido porque no es la mía”.

 

Una joya, un cuadro, una sinfonía… son valiosos por sí mismos, por lo que son, no por su utilidad, que no guarda relación con la valía. El criterio utilitarista de la sociedad actual nos lleva a pensar que el valor deriva de la utilidad, como si fuésemos objetos. Que lo importante es el “precio” de las personas, pudiendo caer en la trampa de considerar como no valiosos a los jubilados, discapacitados o diferentes en cualquier aspecto.

 

3) El “complejo del elegido”

Otra forma exagerada de perfeccionismo es el “complejo del elegido”. Quien lo presenta tiene que ser el mejor en todo porque si no sería castigado, en esta vida o en la otra. Perdería las prerrogativas y virtudes que le fueron concedidas, las protecciones de las que ha venido disfrutando hasta ahora frente a enfermedades, accidentes y desgracias. Es una forma extrema de compensación, sin otro control personal que la “magia” (rituales, compulsiones, etcétera). El afectado no precisa ser el mejor porque es el “único”: considera que en cada era sólo se da un elegido por especie.

 

4) El “complejo del desechado”

Tiene su complemento en el “complejo del desechado”. El afectado se permite justificar cualquier resultado indeseable en el transcurso de su vida sin sentirse responsable de ello. Lo que le sucede se debe a su naturaleza: tiene una falta de valía total e innata y por tanto no precisa esforzarse, ya que es imposible mejorar. A lo más que puede aspirar es a que no se le note demasiado para que le permitan seguir viviendo. En resumen, los dos caminos llevan el mismo lugar por vías opuestas.

 

5) Autocontrol exagerado

Otra forma de intentar compensar la supuesta falta de valía propia es ejercer un exagerado control sobre uno mismo (sus actividades laborales, personales o sociales), sobre los que nos rodean o sobre el entorno en general, desde las mascotas hasta la naturaleza en sus más diversas manifestaciones. El exceso de control de  este tipo conlleva enormes dosis de ansiedad.

 

¿CÓMO SOLUCIONAR EL PERFECCIONISMO?

Cómo solucionar el perfeccionismo y disfrutar de lo que ya es bueno

Conozco muy bien el perfeccionismo porque lo he ejercido durante muchos años y de vez en cuando sigo ejerciéndolo. Mi hermano, también psiquiatra y psicoterapeuta, el doctor Eugenio Herrero Lozano, me decía una frase que para mí resume este tipo de terapia, que es “lo mejor es enemigo de lo bueno”. Tardé como seis u ocho años en comprender el significado profundo de esa frase. ¿Qué quiere decir esto? ¡Tengo que hacer lo mejor, pues alguna vez me saldrán cosas buenas!

 

Lo que me demostraba mi experiencia es que pocas veces salían cosas buenas. Solamente salían cosas buenas cuando paraba en mi perfeccionismo. Cada vez que me empeñaba por mejorar lo que ya era bueno, lo rompía, tanto a nivel de manualidades como a nivel de relaciones sociales o de amistades. Me cargaba las situaciones intentando perfeccionarlas. Nuestro intento de perfección llega a un límite en que deteriora lo logrado. Rompe lo que ya era bueno en ese intento de mejorarlo.

 

¿Qué ocurre si aprendo a conformarme con lo bueno sin intentar mejorarlo, si aprendo a disfrutar de lo que ya es bueno? Porque intentar mejorar lo que ya es bueno quizá sea una cuestión que puedo plantearme a muy largo plazo, pero no en un plazo inmediato. Solamente puedo mejorarme, mejorar lo que ya es bueno y solucionar el perfeccionismo con aprendizaje.

 

ACEPTAR EL ERROR PARA SOLUCIONAR EL PERFECCIONISMO

Si considero como fracaso cada error, me estoy condenando, además del perfeccionismo, a entramparme en el bloqueo del conocimiento. Lo único que puede facilitar que mejore es la experiencia. Puedo mejorar mis aptitudes, a base de mejorar mi conocimiento, a base de experimentar mucho, equivocarme mucho y darme mucha cuenta para poder aprender. Si me exijo hacerlo perfecto no aprendo, ni siquiera en mis resultados inadecuados, con lo cual me estoy condenando a un sufrimiento que no merece la pena.

 

De manera que si conoces de lo que estoy hablando, de ese perfeccionismo, plantéate que tiene solución. ¿Cómo solucionar el perfeccionismo? Bueno, a través de este proceso que llamamos “Guía hacia el Bienestar”, te ofrecemos una serie de soluciones para esta problemática.

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